Donde el tiempo nos encuentre.

41. Ocho

Violeta tardó exactamente catorce minutos en acostar a Facu. Nueve de ellos los dedicó a responder por qué Julián había sacado siete coma cinco.

—Es una nota.

—¿De qué?

—De una cosa.

—¿Qué cosa?

—Una evaluación.

—¿De Julián?

—Sí.

—¿Qué hizo?

—Nada.

—¿Y por qué tiene nota?

—Porque soy profesora.

Facu la miró. Claramente aquello no explicaba nada.

—¿Y aprobó?

Violeta cerró los ojos.

—Sí.

—¿Con siete coma cinco?

—Sí.

—Pero en Chile la nota llega hasta siete.

Silencio.

—DUÉRMETE.

Isis fue peor. Violeta entró a su pieza.

—Tú.

Isis ya estaba riéndose.

—Yo qué.

—No vuelves a escuchar detrás de las puertas.

—¡NO ESTABA ESCUCHANDO!

—¡SABÍAS LA NOTA!

—¡PORQUE GRITAN!

—¡NO GRITAMOS!

Isis la miró. Violeta pensó.

—Ya. Un poco.

Isis sonrió. Después la observó.

—Te ves feliz.

Violeta quedó quieta.

Ah.

—Sí.

No había mucho que explicar. Isis acomodó la almohada.

—Me gusta.

Violeta sonrió.

—¿Qué cosa?

—Verte así.

Puta. La emoción llegó sin permiso. Violeta se sentó junto a ella y le acomodó un mechón.

—Gracias.

Isis apoyó la cabeza en su hombro. Se quedaron así un rato. Después:

—Igual siete coma cinco fue ordinario.

Violeta la empujó.

—¡ÁNDATE A LA CHUCHA!

—¡JUAJUAJUAJUA!

A las diez cuarenta y siete, la casa finalmente quedó en silencio. Violeta entró a su pieza. Las dos chaquetas seguían allí.

—Esto ya parece apropiación indebida.

Tomó el teléfono. Había un mensaje. Por supuesto.

Julián:

Llegué.

Otro.

Julián:

Y presento formalmente un reclamo por mi calificación.

Violeta sonrió.

Violeta:

Fuera de plazo.

Tres puntos.

Julián:

Solicito apelación.

Violeta:

Rechazada.

Julián:

Comisión revisora.

Violeta:

Soy yo.

Julián:

Esto es corrupción.

Violeta se metió en la cama.

Violeta:

Buenas noches, 7,5.

Silencio.

Nada.

Violeta sonrió. Había ganado. El teléfono sonó. Llamada. Julián.

—No.

Contestó.

—¿Qué quieres?

—Defender mi reputación.

—Son casi las once.

—Esto no puede esperar.

—Mañana.

—No voy a dormir.

—Problema tuyo.

Silencio.

Después Julián rio.

—Hola.

Violeta se acomodó.

—Hola.

Era extraño y agradable hablar con Julián desde su cama sin esperar que se abriera la conexión.

—Gracias por hoy —dijo él.

Violeta sonrió.

—¿Por la nota?

—Por dejarme conocerlos.

Pausa.

—¿Cómo te sentiste? —preguntó ella.

Julián tardó.

—Nervioso.

—Lo noté.

—Mucho mucho.

—Mucho mucho.




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