Donde el tiempo nos encuentre.

37. Sin anomalías

A las siete cuarenta y tres de la mañana, Violeta despertó y miró el teléfono.

Nada.

Lo dejó sobre el velador.

—Perfecto.

Se dio vuelta. Cinco segundos después volvió a mirar.

Nada.

—Perfecto.

No esperaba ningún mensaje. En absoluto. Era una mujer adulta de cuarenta y siete años. Tenía hijos, una casa, clases en la universidad y treinta y tres tazas, contando la nueva. No necesitaba que un hombre le escribiera a primera hora de la mañana. Se levantó, fue al baño y, cuando volvió a la pieza, miró el teléfono.

Nada.

—Qué bueno.

Preparó café, alimentó a los animales y puso el desayuno. Entre una cosa y otra miró la pantalla tres veces. Nada. A las ocho diecisiete decidió que Julián podía irse perfectamente a la chucha.

—¿Quién? —preguntó Isis.

Violeta levantó la cabeza.

—¿Qué?

—Dijiste “que se vaya a la chucha”.

—¿Lo dije en voz alta?

—Sí.

—Ah.

Isis untó pan tranquilamente.

—¿El estafador?

—¡NO ES UN ESTAFADOR!

Isis levantó la mirada.

—Entonces sí.

—¡NO!

El teléfono vibró. Violeta lo tomó demasiado rápido. Isis levantó lentamente una ceja.

—No hagas esa cara.

—No hice nada.

WhatsApp.

Julián.

Violeta intentó que su cara no reaccionara. Fracasó.

Julián:

Buenos días, señora.

—Hueón insoportable.

Isis sonrió.

—Definitivamente el estafador.

Violeta escribió:

Violeta:

Buenos días, anciano.

La respuesta llegó casi inmediatamente.

Julián:

Dormí ocho horas. Estoy rejuvenecido.

Violeta:

Felicitaciones.

Julián:

¿Tú?

Violeta miró la pregunta. Normal. Otra vez esa sensación extraña frente a una conversación que podía estar ocurriendo en cualquier teléfono del mundo.

Violeta:

Bien. Facu me despertó temprano.

Julián:

¿Sobrevivió el helado?

Violeta:

No.

Julián:

Lo siento.

Violeta:

Murió cumpliendo su propósito.

Tres puntos.

Julián:

Hermoso homenaje.

Violeta sonrió. Después llegó una foto. La abrió. Una taza con café. La taza verde. Debajo:

Julián:

La tuya se ve mejor.

Violeta sintió una estupidez completa en el pecho. Miró hacia el mueble. Su taza estaba ahí. Se levantó, la tomó, sirvió café y sacó una foto. La observó.

No.

Demasiado preparada. Tomó otra. Peor.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Isis.

—Nada.

—Le estás sacando fotos al café.

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque quiero.

—¿Para Instagram?

—No.

Isis entendió.

—Ah.

—No.

—No dije nada.

Violeta envió finalmente la foto.

Violeta:

Objetivamente, la mía tiene mejor café.

Julián:

Eso habrá que comprobarlo.

Violeta dejó el teléfono. No iba a caer.

No.

Lo tomó otra vez.

Violeta:

¿Eso es una invitación?

Tres puntos.

Julián:

Es una observación científica.




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