Christopher.
Ha pasado una semana y no he hablado con Constans desde la última discusión que tuvimos, a pesar de que nos vemos todos los días en la escuela.
De hecho... ella no se molesta en hablar con nadie más.
Parece hacer un esfuerzo consciente por mantenerse alejada de todos, por seguir ocultándose.
Me pregunto qué es lo que le molesta tanto...
¿Por qué luce como si estuviera en contra de todo?
Dudo que sea solo por los malditos rumores que han inventado sobre ella en la escuela. De verdad parece como si la gente le enfermara.
He estado a punto de romper mi promesa de no acercarme nuevamente, pero he tenido que contenerme. Sé que, si voy directamente a cuestionarla, terminaré arruinándolo todo otra vez.
Pero aún me preocupa...
No me importa lo grosera que fue la última vez que nos enfrentamos. Supongo que solo actuó a la defensiva porque cree que fuí yo quien divulgó todas esas tonterías sobre ella. La he descubierto varias veces observándome, pero ninguna de esas miradas me ha hecho pensar que pueda existir una reconciliación.
Al contrario.
Solo encuentro en ellas frías amenazas o advertencias.
Aún no entiendo por qué me detesta tanto. No creí nada de su cuento de la última vez. Luce como si hubiera algo mucho más grave detrás de todo esto, porque incluso he notado que es incapaz de tolerar mi presencia cerca de ella.
Mis pensamientos se nublan cuando estoy cerca de ella. Una sensación extraña se apodera de mí cada vez que la veo. No la entiendo. Es inexplicable. Todo se convierte en un huracán de emociones dentro de mí cada vez que la encuentro cerca.
"—Fue una advertencia, Christopher. No olvides que desde el principio lo fue "
¿A qué demonios se habrá referido con eso?
Dejó claro que se trataba de algo muy serio.
Quería preguntarle tantas cosas. De verdad deseaba hablar con ella. Había anhelado tanto volver a verla y ahora que la tengo cerca, sin poder siquiera acercarme... me siento impotente de alguna manera.
Aun así, creo que lo mejor es no molestarla.
Tal vez solo necesite tiempo para acostumbrarse a todo lo nuevo que está viviendo. Quizá se comporte de manera tan hostil por el cambio radical que experimentó al salir, por fin, de aquella casa.
Para nadie es fácil ser nuevo en una escuela, y creo que para ella debe ser todavía más difícil. Me mencionó, casi a regañadientes, que nunca había asistido a una. Puede que tuviera una maestra privada en casa, como ocurre con muchas familias. Es una de mis teorías, porque no parece tan perdida ni insegura como alguien que nunca ha recibido clases de manera formal.
Mi cabeza no deja de darle vueltas a todo este asunto.
Cierro los ojos con fuerza y, después de un momento tortuoso, intento reunir el valor suficiente para levantarme y alistarme.
Otro día lleno de tensión me espera en la escuela.
Es viernes.
Eso me anima un poco, pero al mismo tiempo siento que algo dentro de mí se derrumba. Pasaré todo el fin de semana sin toparme con esos ojos de azul celeste.
Creo que ya estoy demasiado obsesionado con ellos.
Las paredes de mi habitación lo delatan bastante bien en este momento.
Decidí pintarlas hace unos días para cubrir los dibujos extraños que hice con tinta negra. Aún siento escalofríos cuando recuerdo aquello y, aunque ahora los he borrado por completo de los muros, no puedo dejar de sentirme perturbado por lo que ocurrió.
No tengo idea de qué significa "Manum", pero decidí no darle más importancia.
Quizá estaba sonámbulo otra vez cuando sucedió. Quizá todo fue una rara estupidez, como lo que pasó en el patio. Josh lo dijo antes: las personas sonámbulas no saben lo que hacen mientras se encuentran en ese estado.
Así que... me aferro a eso.
Me aferro porque cualquier explicación que suene lógica es lo único que tengo para no creer que he perdido la cabeza por completo.
También me siento confundido, porque, al mismo tiempo, me siento más despierto que nunca, y, de alguna manera, eso es lo que más me alarma porque no es normal. La escuela me estresa, pero ya no me siento tan cansado como antes. Ya no resiento todo lo que hago durante el día, a pesar de que me he vuelto mucho más activo.
De hecho, nunca me había sentido tan fuerte.
—¡Chris, date prisa! ¡Se te hará tarde!
Escucho a Annie gritar desde la planta baja.
A regañadientes, salgo de la cama y comienzo a prepararme para ir a la escuela.
Me activo rápidamente, me ducho y, al terminar, me visto con el uniforme. Cuando intento ponerme el saco oscuro, siento que un ardor comienza a torturarme debajo de la muñeca.
La confusión se apodera de mí al darme cuenta de que proviene de aquella extraña marca que tengo ahí.
La he tenido desde que era niño y es extraño que, después de tantos años, siga doliéndome de esta manera. No hay ninguna infección y tampoco está abierta. Es como si algo estuviera ocurriendo desde el interior de la piel.
Al llegar a la cocina, encuentro a mi abuela sirviendo el desayuno en la mesa.
La marca de mi mano no deja de arder como el infierno, pero intento ignorarla para no llamar su atención.
—Entonces... ¿podré ir? —le pregunto a Annie cuando me siento en una silla y me sirvo un poco de jugo.
—¿Hola? "¿Buenos días, abuela?"—noto el tono sarcástico en su voz y no puedo evitar reír—. "Ese peinado se te ve muy bien, abuela. Cada día luces más joven."
Le ruedo los ojos, sin dejar de sonreír.
—Lo siento. Creo que sigo dormido.
Ella me regala una sonrisa y después me da la espalda para dirigirse a uno de los gabinetes de la cocina.
—¿Estarás aquí antes del anochecer? Ya no hay toque de queda, pero aun así no quiero que te arriesgues si vas a manejar.
Ahora está de pie sobre una silla, curioseando dentro de una de las enormes cajas de cartón que hay encima del gabinete.
Editado: 18.09.2026