Los chicos volvieron, no habían tardado demasiado. Aparecieron en medio de la habitación nuevamente, donde encontraron a Lowell despierto tomando todas las posiciones Artemisia le daba, se veía horrible. La fiebre había logrado bajar, pero el mareo era persistente.
Sus ojos tenían ojeras profundas, y el brillo plateado que lo caracterizaba ahora estaba extinto. Lowell los miraba con resignación, agotado, mientras apretaba con debilidad la ropa de Nathan contra su pecho.
-¿Qué obtuvieron? -pregunto Fidel, desesperado.
-Adriel lo tiene, pero al parecer esta bien. Nos juro que estaba en un lugar donde Selah no podría encontrarlo. -El alivio cruzo los ojos de todos, pero la pregunta silenciosa surgió entre miradas. Anny respondió rápido a esta. -Pero no podemos traerlo aquí. Selah podría encontrarlo y destruir el refugio, inclusive matarnos a todos.
Todos se miraron sin saber exactamente que decir.
-Es un alivio que este seguro de aquella mujer. -dijo Artemisia con voz dulce.
Lowell los miro por un momento, casi suplicando por saber mas, y musito con voz quebrada:
-¿Están seguros de que está bien? -Sus ojos se iluminaron por momentos, deseando que no le estuvieran mintiendo dolorosamente.
Anny se acercó a él con una sonrisa suave, sentándose en la cama y tomando la mano de Lowell. Dejo sobre esta la nota con cuidado.
-No lo vimos, pero te mando esto. -murmuro de manera cariñosa.
Lowell recobro todo el sentido en ese momento, temblando ligeramente. Abrió el papel y leyó con cuidado las palabras escritas, la letra elegante que a Nathan le gustaba usar, como si fuera la letra de los manuscritos antiguos de la realeza que solían leer juntos.
"Mi vida, mi esperanza.
Estoy bien, créeme que estoy en un lugar donde no me harán daño con gente que va a cuidarme, por más ilógico que suene.
No tengo heridas, estoy limpio y me alimentare bien, te lo prometo. Debes de hacer lo mismo por mí, mantente con vida por el bien de ambos. Por más que quiera evitar expresar mis sentimientos tan libremente no puedo si se trata de ti.
Te amo, te adoro con todo mi ser y estar en este lugar tan lejos de ti me hace querer perder la cabeza, solo soy un ave encerrada de nuevo, añorándote como un maniaco.
Es necesario, lo se, porque me rehúso a ponerte en riesgo en estos momentos. Estoy seguro que Selah aun te busca para matarte, y aunque quiera correr a tus brazos y besar tus labios prefiero esperar un tiempo y tenerte con vida que arriesgarme a verte morir en mis brazos.
Todo saldrá bien para nosotros, pero debemos ser pacientes. Por lo que entiendo el plan que ambos bandos armaran requiere tiempo y confianza, algo que no tenemos para empezar. Te pido que me ayudes con ello, por mas loco que sea por favor confía. Si confías en mi, confiaras en ellos.
Te añorare todas las noches que no esté a tu lado, deseando tus manos por mi ser mientras me acaricias el alma y me proteges en el nido de amor que formamos. Ruego a la luna de que nos ilumine una noche mas, que me conceda esa bendición.
Hasta entonces, espérame.
Con amor, Nathan.
(Debemos sentarnos a hablar sobre los apellidos, es extraño no tener ninguno de los dos)"
Lowell estaba riendo mientras leía la carta, pero las lagrimas le corrían por la cara con pesadez y confusión.
-Por Bellator, esta secuestrado y lo que le importa es que discutamos los apellidos. Ese chico me va a enloquecer... -susurro mientras apretaba la carta y sonreía.
La carta cumplió con su cometido, y la fiebre bajo considerablemente. Lowell se sintió mejor en ese instante de lucidez, aunque no del todo. Tomo su anillo y trato de transmitir esa mejoría, notando que ahora podía hacerlo con más facilidad.
Miro a Anny y Henry y soltó una risa débil, mirando el anillo con añoranza.
-No sé qué hizo en donde este, pero funciono. Ahora el lazo está funcionando con mayor facilidad, y me permite sentirlo del todo. -revelo mientras suspiraba de alivio.
Anny sonrió, probablemente Adriel se tomó en serio la advertencia de que Nathan podría morir. Henry sonrió con mayor orgullo, y soltó un suspiro de alivio ante la posibilidad de que Nathan también estuviera mejor en ese momento.
-Bien, ya que Lowell esta mejor podemos hablar de lo que sucedió. -Empezó a hablar Anny, aun sentada en la cama.
-Escuchamos. -respondió Fidel, impaciente por la información.
-En la tumba de Obielus se encontraban la mayoría de sus recuerdos, pero dos fueron los mas importantes. La razón de su muerte y su muerte en si...Por cierto ¿Dónde está Obielus? -pregunto desconcertada.
Un chasquido se escuchó y Obielus apareció en la habitación, pero ya no tenía la forma de bola de fuego gris, parecía de nuevo una sombra. Su cabello azul se veía opaco, era como verlo con una capa de blanco encima, mas parecido a un fantasma.
Fidel brinco contra el pensando que era otra persona, pero en cuanto lo atravesó comprendió que era Obielus.
-¿Qué? ¿Después de tantos años no me reconoces? ¿Nunca viste mis retratos en el castillo? -soltó Obielus mientras se encogía de hombros. Era extraño verlo tan joven, como un ser vivo en lugar de un molesto espíritu. Artemisia soltó una risita, pensando en que si tenia razón, era un joven algo apuesto.
Todos estaban confundidos, aunque algo extrañados por el rosto apuesto. Obielus rodo los ojos y se acercó a Lowell, este no quería ser tocado, pero el espíritu poso su mano en su frente y lo miro intensamente, haciéndolo sentir incomodo.
-Bien, hiciste algo muy inteligente con esos anillos, chico. Pero no te servirán de mucho, tienen un mes como máximo para que la abstinencia comience a matarlos lentamente. -explico Obielus, viendo como Lowell ponía una cara de terror puro en sus ojos.
-¿Cómo sabes eso? ¿Es por la chica del lago? -pregunto Anny.