Resilence

Capitulo 45: Bar Neptuno

El vehículo se detuvo suavemente en una esquina oscura del viejo puerto de Madrid. Frente a ellos, la fachada desvencijada del Bar Neptuno exhalaba un aire de decadencia, con luces de neón parpadeantes y una puerta metálica por la que entraban y salían sujetos de aspecto peligroso.

Natacha y Petrovish se quedaron en silencio dentro del auto, manteniendo la mirada fija en la entrada del establecimiento para identificar al objetivo.

Tras unos minutos de tediosa espera, Petrovish bostezó con desgana, echó el respaldo del asiento hacia atrás con total parsimonia y cruzó los brazos sobre el pecho.

—Bueno... dormiré un rato mientras tú vigilas la ratonera

—murmuró Petrovish con los ojos cerrados.

Natacha giró ligeramente la cabeza, fulminándolo con la mirada desde el asiento del conductor.

—Deberías tomarte esto un poco más en serio. Tu jefe está como loco buscando a Alex por toda la ciudad, y tú deberías estar igual de preocupado en lugar de hacerte el gracioso.

Petrovish abrió un ojo lentamente, esbozó una sonrisa burlona y se acomodó mejor en el asiento sin dejar de sonreír.

—Relájate, mujer... Lo encontraremos, te lo prometo. Pero ya que estamos aquí dialogando como buenos amigos...

—dijo, estirando las palabras con sorna.
Natacha lo cortó de inmediato con voz cortante y gélida:

—Tú y yo no somos amigos. Solo estamos aquí obligados por un objetivo en común, así que ahórrate los comentarios.

Petrovish levantó una ceja, soltando una carcajada baja mientras negaba con la cabeza.

—Guau... sí que eres odiosa, ¿eh? Pero la verdad, así es como me gusta que me traten... mal y con desprecio.

Aunque bueno, volviendo al tema principal que me da curiosidad... ¿Por qué carajos te fuiste de la familia? ¿Por qué odias tanto a tu abuelo?

El ambiente dentro del coche se tornó denso de golpe. Natacha desvió la vista hacia el parabrisas, ignorándolo por completo mientras vigilaba la puerta del bar. Se quedó en completo silencio durante varios segundos, con los nudillos blancos de tanto apretar el volante, hasta que soltó un suspiro seco:

—No lo odio... pero tampoco tengo el más mínimo deseo de estar a su lado, ni de formar parte de su mundo de mierda.

Petrovish abrió los dos ojos por completo, incorporándose un poco.

—Eso no responde a absolutamente nada de lo que te pregunté...

—Te dije que no preguntaras más de la cuenta, no quiero hablar contigo de esto —espetó Natacha con un tono de advertencia que no admitía réplica.

Petrovish levantó las manos en señal de rendición, soltando una risita floja.

—Bien, bien, como quieras... Me callo. Dormiré, ya me aburriste.

Justo en el instante en que Petrovish amagaba con volver a recostarse, Natacha se inclinó hacia el frente de un golpe, entrecerrando los ojos.

—Ey... mira. Alguien acaba de asomarse a la entrada del bar —avisó en un susurro tenso.

Petrovish dejó de lado la broma al instante. De un salto se incorporó por completo, se inclinó hacia el parabrisas y esbozó una sonrisa macabra al ver a un individuo cruzar el umbral del local bajo la luz tenue de la calle.

—Vaya, vaya... Mírale el brazo izquierdo —murmuró Petrovish con satisfacción, viendo el característico diseño

—. Tiene exactamente el mismo tatuaje estilo manga. Es nuestro hombre.

Las puertas del Bar Neptuno se abrieron de golpe, dejando salir una ráfaga de música estridente y aire viciado. Yuri Malokov, el Masha, salió tambaleándose, visiblemente borracho y con la camisa desabotonada, flanqueado por otros dos matones corpulentos que intentaban mantenerlo en pie mientras se dirigían hacia la zona de estacionamiento trasera en busca de su vehículo.

Justo en el momento en que se disponían a abrir las puertas del auto, los faros delanteros de un vehículo encajado en la salida se encendieron de repente con la máxima potencia, proyectando una luz alta y cegadora que los golpeó de lleno en la cara, dejándolos desorientados y completamente ciegos.

—¡¿Pero qué mierda es esto?! —bramó Yuri, frotándose los ojos con furia e intentando apartar el brillo con las manos—. ¡Apaguen esas malditas luces o se van a arrepentir!

Cegados por el fulgor, el ruso y sus tres subordinados desenfundaron sus pistolas con torpeza, tambaleándose por el alcohol y la sorpresa.

En un parpadeo, la luz alta se apagó de golpe, sumiendo el área en una penumbra repentina. El ruso logró enfocar la vista y alcanzó a distinguir la silueta de una sola mujer al volante del vehículo detenido frente a ellos.

—Maldita perra... —escupió Yuri con desprecio, haciendo señas a sus hombres para que se acercaran—. Vayan a sacarla del coche a rastras.

El primer matón dio un paso al frente para rodear el auto, pero antes de que pudiera dar el segundo, una sombra cruzó el suelo a una velocidad bestial. Con un movimiento quirúrgico y brutal, le cortaron los tendones de los talones; el hombre dejó caer el arma y se desplomó chillando de dolor.

Al mismo tiempo, antes de que el segundo subordinado pudiera reaccionar, Petrovish emergió de la oscuridad como un espectro, le clavó el cuchillo especial directamente en el cuello y se lo abrió en canal en un segundo, derribándolo con un gorgoreo ahogado de sangre.

El primer matón, revolcándose en el suelo con los talones destrozados, intentó tantear a ciegas buscando la pistola que se le había caído, pero no tuvo la más mínima oportunidad: Petrovish se le echó ENCIMA y, con una furia implacable, le propinó seis puñaladas consecutivas en la espalda, rematándolo con un tajo seco que le amputó la mano antes de que pudiera asir el arma.

Yuri Malokov, al fin consciente de la emboscada, intentó girar el torso y levantar su arma para disparar. Natacha saltó del coche y, con reflejos felinos, le plantó un taser de alta potencia directamente en el costado del cuello.

La descarga eléctrica hizo crispar los músculos del ruso, pero su tamaño imponente —una mole de músculo de 1,90 metros y pasado militar— resistió el impacto inicial.



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En el texto hay: mafia, deportes, sangriento

Editado: 23.09.2026

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