Resilence

Capitulo 49: Revelaciones. Parte 2

El tiempo pareció congelarse en el interior de la vasta y lúgubre nave industrial. El brazo de Yurinof quedó suspendido en el aire, a pocos centímetros de sellar el multimillonario acuerdo con Nolan. El capo ruso giró lentamente la cabeza hacia su lugarteniente, con los ojos destilando una peligrosa mezcla de desconcierto y furia contenida.

—Espero que tengas una jodida y muy buena explicación para esta falta de respeto, Dmitri —siseó Yurinof con voz gélida, haciendo que la temperatura en la sala descendiera de golpe.

Nolan, con el ceño fruncido y la mandíbula tensa por la interrupción, retiró la mano con lentitud y se cruzó de brazos, mirando al subordinado ruso con soberbia.

—Yo también espero que tengan una razón de peso para interrumpir la reunión de esta manera. Venimos a hacer negocios serios, no a perder el tiempo con payasadas.

Dmitri ni siquiera parpadeó. Su rostro era una máscara de odio puro cuando clavó los ojos inyectados en sangre directamente en el joven heredero de los Alcatraz.

—Saben perfectamente la razón, maldita rata asquerosa

—espetó Dmitri con desprecio.

En una fracción de segundo, Dmitri sacó su pistola de la cartuchera y apuntó directamente al pecho de Nolan. Al ver el movimiento, Samy y Borja reaccionaron con reflejos felinos: desvainaron sus armas de inmediato y encañonaron a Dmitri sin pensarlo dos veces. Al instante, la otra mano derecha de Yurinof y los matones rusos restantes levantaron sus metralletas y pistolas, apuntando directo a la cabeza de Samy, Borja y Nolan, convirtiendo la sala en un campo minado a punto de estallar.

Un golpe estruendoso resonó cuando Yurinof dio un puñetazo brutal sobre la mesa metálica, haciendo temblar los papeles y las tazas.

—¡¡¿Qué mierda creen que están haciendo aquí? Bajen las putas armas ahora mismo!! —bramó el capo ruso con un rugido que hizo eco en las paredes de concreto.

Dmitri tragó saliva, pero mantuvo el cañón firme contra Nolan, mirando a su jefe con una mezcla de pánico y dolor incontenible.

—Jefe... sé que esto va a ser muy difícil de escuchar, pero...

Yurinof, sintiendo que una mala corazonada le apretaba el pecho, se puso de pie de un salto, perdiendo la paciencia por completo.

—¡Habla de una maldita vez, Dmitri! ¡¿Qué pasa?!
Dmitri apretó los dientes antes de soltar la sentencia que cambiaría el destino de la noche:

—Su hijo... Mergunof acaba de ser encontrado muerto. Su cuerpo quedó destrozado en una explosión dentro de un local clandestino por la zona del Parque Casino de la Reina...

El silencio que siguió a esas palabras fue absoluto y sepulcral. Yurinof se quedó completamente petrificado, con los ojos desmesurados y el color abandonándole el rostro por completo. El hombre que temblaba de ira hacía un segundo ahora parecía un anciano al que le acababan de arrancar el alma.

—Mi... ¿mi muchacho? —murmuró Yurinof con la voz quebrada, incapaz de procesar el golpe—. ¿Cómo... cómo es posible? ¡¿Quiénes fueron los malditos hijos de puta?! ¡Los voy a matar, los voy a desollar vivos a todos!
Dmitri desvió la mirada hacia Nolan con una mirada cargada de veneno antes de responder:

—Encontraron rastros de armamento militar y táctico de la policía española dentro de la zona... y lo peor de todo, jefe: entre los escombros y los restos calcinados, hallaron un anillo con el sello de la familia Alcatraz.

Yurinof estalló en cólera, con las venas del cuello a punto de reventarle. Las lágrimas de dolor se mezclaron con un odio ciego e incontenible mientras apretaba los puños sobre la mesa.

—¡Malditos españoles... los matare a todos y cada uno de ustedes! ¡Su puta familia va a ser borrada de la faz de la tierra, aniquilados sin piedad, así sea lo último que haga en esta maldita vida! —bramó el capo ruso con voz estruendosa.

Samy, pálido y con el arma temblando ligeramente mientras apuntaba a Dmitri, sacudió la cabeza con desesperación.

—¡No sé de qué diablos están hablando! ¡Lo juro, no sabíamos nada de ningún ataque ni de ninguna trampa!

Dmitri escupió al suelo con desprecio, amartillando su pistola con un chasquido metálico.

—¡Cierren la boca, malditos mentirosos! No sigan mintiendo, porque esta fábrica va a ser su maldita tumba.

En ese exacto momento, Nolan, que había permanecido inusualmente callado y sentado durante todo el altercado, se puso de pie con una calma gélida. Ajustó los botones de su chaqueta, miró a Yurinof a los ojos y levantó una mano en son de paz.

—Esperen... no nos volvamos locos todavía —dijo Nolan con voz firme y calculadora—. Escúchenme bien... Yo sé perfectamente que el ataque contra su hijo fue una orden dictada directamente por mi abuelo. Pero la verdad es que el viejo ya lleva tantos años aferrado al poder que ha perdido la cabeza; ya no está apto para seguir al mando.

Yo mismo intenté convencerlo mil veces de que hiciera la sucesión del poder, pero es un hombre demasiado codicioso y paranoico. Su maldita desconfianza hacia ustedes al fin le está pasando factura. Yo siempre me opuse a su forma ruin de liderar.

El giro inesperado dejó a todos en completo shock. Samy abrió los ojos desmesurados, girándose hacia Nolan con una mezcla de horror y traición pura.

—¡¿Qué...? Maldito traidor de mierda, ¿qué estás diciendo?! —gritó Samy, cambiando de dirección y apuntando directamente a la cabeza de Nolan con rabia desatada—. ¡Tu abuelo jamás habría mandado a hacer una cosa así! ¡Estás mintiendo!

Nolan lo observó de reojo con una mueca de profundo asco, despojándose por completo de cualquier fachada de lealtad.

—Cierra la puta boca, Samy. Eres solo un imbécil subordinado que no ve más allá de su nariz. Yo sí conocía cada uno de sus movimientos... De hecho, ¡el viejo nos mandó aquí a esta reunión sabiendo exactamente lo que iba a desatar, esperando que ustedes nos masacraran! ¡Maldito viejo de mierda!

Borja, completamente desubicado y con el pulso acelerado al ver que sus propios compañeros se despedazaban, no bajaba el arma, apuntando de un lado a otro sin saber a quién disparar en medio de semejante caos.



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En el texto hay: mafia, deportes, sangriento

Editado: 23.09.2026

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