Samy se retorcía en el suelo, apretándose con desesperación la herida en el costado mientras la sangre se filtraba rápidamente entre sus dedos. Miró a Nolan con una mezcla de dolor, asombro y profundo desprecio.
—Maldito Nolan... ¿Qué haces? Eres un cobarde de mierda... —espetó Samy con la voz rota, escupiendo algo de sangre.
Nolan frunció el ceño con frialdad, acercándose un paso más y apuntando directamente al rostro de su antiguo compañero con el cañón humeante.
—Cierra la puta boca, Samy... y termina de morir de una vez.
Justo antes de que el gatillo fuera presionado, una mano pesada y callosa se cernió sobre el brazo de Nolan, desviando el arma hacia arriba. Era Yurinof, quien lo observaba con una severidad implacable.
—Espera... ¿Y exactamente en qué se supone que esto me hará confiar en ti? —preguntó el capo ruso con desconfianza, entrecerrando los ojos—. Lo único que me demuestras con esto es que eres un cobarde traidor capaz de asesinar a sangre fría a tu propia gente a la primera de cambio.
Nolan bajó lentamente el arma, manteniendo una compostura inquebrantable. Tras un segundo de silencio, una sonrisa cínica y calculadora cruzó su rostro y comenzó a reír con un tono seco.
—Por favor, Yurinof... Míralo bien. Esta persona que ves aquí tirada no es cualquier subordinado; es una de las manos derechas del viejo Alcatraz —mintió Nolan con desparpajo, señalando a Samy con la pistola—. Él haría cualquier cosa por proteger a su líder, e incluso es muy probable que estuviera directamente involucrado en el ataque que destruyó tu almacén y mató a tu hijo. Al eliminarlo, solo estoy purgando las filas y barriendo cualquier oposición leal a mi abuelo dentro de nuestra estructura. Es un favor mutuo.
Yurinof sopesó las palabras del joven durante unos instantes eternos, analizando el frío pragmatismo del muchacho, hasta que asintió levemente con la cabeza.
—Ya veo... Bien pensado. Entonces continúa con lo tuyo...
Pero antes de que Nolan pudiera volver a apuntar, Borja —quien había permanecido en un segundo plano procesando el terror de la escena— aprovechó la fracción de segundo de distracción colectiva. Con un movimiento rápido y furtivo, sacó de su cinturón una granada de humo táctica, le quitó el seguro con los dientes y la arrojó con fuerza al centro de la sala.
¡Pssshhh!
En un instante, una densa y asfixiante humareda blanca invadió el recinto, cegando por completo a los presentes.
—¡Mierda! —gritó Nolan, disparando a ciegas contra la cortina de humo.
Los soldados rusos abrieron fuego de inmediato de manera descontrolada, iluminando el espacio con fogonazos erráticos. Yurinof, agachándose de golpe, se cubrió la cabeza y se tiró debajo de la mesa metálica, bramando furioso:
—¡¡Malditos imbéciles, paren el fuego! ¡No disparen a lo loco en un lugar cerrado de mierda!!
A través del caos, la escasa visibilidad y el estruendo de las balas, Borja se arrojó al suelo junto a Samy. Ignorando el dolor en sus propios músculos, sujetó a su compañero malherido por los hombros y arrastró su cuerpo ensangrentado hacia uno de los grandes ventanales laterales de la fábrica.
—¡Agárrate fuerte, Samy! —gritó Borja con desesperación.
Sin pensarlo dos veces, rompieron el vidrio a patadas y se lanzaron al vacío en plena oscuridad, cayendo pesadamente hacia el primer piso de la estructura industrial. El impacto contra el suelo de cemento fue brutal, arrancándoles gemidos de dolor a ambos. Samy exhaló un quejido agudo, con el costado completamente empapado en sangre y perdiendo fuerza por segundos, mientras Borja, cojeando y con el cuerpo sacudido por el golpe, volvía a incorporarse a los tropezones para alzarlo de nuevo.
—¡Tenemos que salir de aquí ya, o nos van a desaparecer! ¡Estamos completamente rodeados! —exclamó Borja con la respiración agitada, sosteniendo casi en peso muerto a Samy.
Samy, con los ojos medio cerrados por la debilidad, apretó los dientes y señaló débilmente hacia el fondo del pasillo exterior.
—Todavía hay una salida... Podemos ir por las cañerías y los conductos de servicio de la fábrica... Necesitamos llegar al sótano, pero para eso... tenemos que alcanzar las escaleras de emergencia antes de que nos encuentren.
El eco de sus propias pisadas se mezclaba con el goteo constante de las tuberías mientras Borja arrastraba prácticamente a Samy por los oscuros y claustrofóbicos pasillos de servicio de la fábrica. El dolor era evidente en cada movimiento, pero la adrenalina los mantenía con vida.
—¡No puede ser lo que acaba de pasar de verdad... no me lo creo! —jadeó Borja con la respiración entrecortada, sosteniendo con fuerza el brazo herido de su compañero
—. Necesitamos salir de aquí como sea para avisarle al patrón lo que está pasando adentro y la maldita traición de Nolan.
Samy escupió un hilo de sangre, apretándose el costado con desesperación mientras el rostro se le ponía cada vez más pálido por la pérdida de fluido.
—Ese maldito mocoso mimado fue capaz de dispararme a quemarropa... ¡Juro que en cuanto salga de esta maldita fábrica lo voy a cazar y lo matare con mis propias manos! ¿Cómo se atreve a traicionarnos de esta manera...?
—Tenemos que ponernos en contacto con Petrovish lo antes posible y avisarle que tenga muchísimo cuidado, seguro también van tras él —añadió Borja, mirando hacia ambos lados de la intersección.
—Sí, lo sé, pero primero debemos salir con vida de este infierno... —respondió Samy.
Sus palabras apenas terminaban de apagarse cuando el sonido metálico de unas botas pisando con fuerza delató a la seguridad. Doblando la esquina del pasillo, dos soldados rusos aparecieron de la nada con los fusiles listos y abrieron fuego sin pensarlo dos veces.
¡Rat-tat-tat-tat!
Las balas hicieron añicos el concreto y las tuberías cercanas, desprendiendo chispas y esquirlas que llovieron sobre ellos. Borja reaccionó de inmediato, lanzándose al suelo junto a Samy y cubriéndose detrás de un muro de carga grueso. Sin perder un segundo, sacó su arma y respondió a los fogonazos a ciegas para mantener a los agresores a raya.