ANDREA
VIERNES
Nada que parezca pacífico significa realmente que esté bien. A veces, la tranquilidad no es más que un breve respiro antes de que alguien decida apuñalarte por la espalda. Supongo que a eso es a lo que comúnmente llaman la calma antes de la tormenta.
Todo ha estado demasiado tranquilo últimamente. Y precisamente eso es lo que no me tranquiliza. Hay algo en esta calma que, en lugar de hacerme bajar la guardia, consigue que la mantenga más alta que nunca. Brandon ha estado viendo a Brusela a escondidas. El artista tampoco ha vuelto a aparecer, y la verdad, ya empieza a parecerme demasiado conveniente que ninguna de las dos cosas tenga una explicación.
Samael, por su parte, sigue comportándose de una manera bastante curiosa. Es como si quisiera parecer una persona sociable, pero manteniendo siempre cierta distancia. No es exactamente antipático, aunque tampoco podría llamarlo amigable. Simplemente... parece estar guardándose algo.
Y cuanto más observo, más tengo la sensación de que estoy buscando algo. El problema es que ni siquiera sé qué mierda estoy buscando. No tengo pistas, no tengo una dirección clara y, hasta donde sé, lo único que podría revisar está dentro de la casa de Bruselas. Así que ahora solo me queda preguntarme qué demonios habrá ahí dentro y, sobre todo, cómo carajos podría encontrar una forma de entrar de nuevo.
Presiento que hay algo más, algo que se me está escapando y que todavía no logro ver con claridad. Hay una pieza que no termina de encajar, una sensación incómoda que no desaparece por más que intente ignorarla.
Pero tampoco quiero más problemas. Mucho menos con Brus.
El artista tampoco ha aparecido. Y, ya que todo parece haberse sumado a esta extraña tranquilidad, decidí no hacer ninguna otra función con las marionetas llamadas personas. Después de todo, no se puede hablar cuando nadie puede hablar. Digamos que les estoy concediendo un pequeño respiro... antes de mi verdadera función. La función principal...
-Entonces, ¿qué dices? -le insisto a Brus, dejando bastante claro que me interesa su respuesta.
Pronto será el Festival de los Fundadores. Una celebración dedicada a aquellas personas que, hace un montón de siglos, dieron los primeros pasos para formar lo que hoy conocemos... y toda esa cantidad de mierdas históricas que tanto les gusta recordar.
Y quizá sea solo una celebración.
O quizá sea justo el momento en que todo deje de estar tan tranquilo.
En fín.
En honor a eso se hace una gran fiesta, un festival que, por costumbre, se celebra en la plaza del pueblo. También existe la tradición de invitar a alguien y, por alguna razón que ni siquiera yo logro comprender, aquí estoy yo, como una completa payasa, rogándole a Brus que vaya conmigo. ¿Por qué? Ni siquiera yo lo sé. Empieza a parecerme demasiado cliché y, para ser sincera, ya me estoy arrepintiendo.
Aunque, pensándolo bien, quizá a ella le gusta que le rueguen, porque ahora se hace la estudiosa, ignorando por completo mi pregunta mientras se dedica a copiar los apuntes del profesor. Qué conveniente. Ahora resulta que quiere ser una estudiante ejemplar.
-Bien. No me digas nada. Invitaré a alguien más.
Harta de ella y de la manera tan descarada en la que estaba ignorándome, decidí girarme hacia el frente del pizarrón. Me obligué a concentrarme nuevamente en la clase, aunque una pequeña pizca de rabia seguía ahí, creciendo silenciosamente por su comportamiento.
Ella es tu debilidad
Si ya lo se.
Y eso algún día te matará...
Su risa me llena los oídos... ¿Y todavía tiene el descaro de reírse?
-Dime, ¿a quién más vas a invitar, ojitos? -me pregunta, observándome con esa sonrisa burlona que parece haberse convertido en su expresión habitual. Esa misma mirada que prácticamente grita a ver qué mierda vas a decirme ahora. Como si ya supiera que estoy mintiendo incluso antes de que yo abra la boca.
Maldita arrogante.
-No sé, invitaré a... -piensa, Andrea. Piensa.
-Ah... -dice mientras apoya la barbilla sobre su mano, con el codo descansando sobre el mesón de la mesa. No aparta los ojos de mí. Solo espera.
Y ahí está el problema.
¿Por qué con todos me resulta tan fácil mentirle, pero con ella es como si todas las puertas estuvieran cerradas? Como si no hubiera ninguna que pudiera abrir para encontrar una respuesta convincente.
Y lo peor es que ella parece saberlo.
-¿Ves? No tienes a nadie más. Además, ¿por qué no iría contigo? No me parece interesante, pero si tú quieres ir, está bien.
La voz de Brusela me saca de mis pensamientos. Nuestras miradas se encuentran y, por un instante, ambas sonreímos apenas.
Nunca me ha interesado realmente ese festival. De hecho, muy pocas veces he ido. Siempre me ha parecido algo sin sentido, una tradición más de este pueblo maldito. Sin embargo, no sé por qué tengo esta necesidad de haber invitado a Brus y de querer ir este año. Es una sensación distinta, una que no logro comprender. Así que simplemente sigo mi instinto, aunque no tenga ninguna razón aparente. Y, por alguna razón, me hace más feliz de lo que debería que ella haya aceptado.
Quizás toda esta calma me está volviendo paranoica. Tal vez, por una vez, podamos tener un poco de tranquilidad de verdad en este maldito pueblo.
Aunque lo dudo.
Algo en mí insiste en que no debo confiarme. Y si tengo razón, significa que algo grande se está acercando. Algo que todavía no alcanzo a ver, pero que puedo sentir.
Necesito tenerla cerca.
Cerca de mí.
Para protegerla.
¿Por qué tengo la sensación de que algo malo está por pasar?
Todo el pueblo lleva días preparándose para este festival. Es una de las festividades más grandes de todo Sanford . Creo que es el único momento del año en el que todos dejan de comportarse como unos malnacidos.
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Editado: 07.11.2026