Daphne y Bastian.
(Solo para aclararles un poco, cuando aparezcan los dos nombres al principio es que los dos van a narrar). Disfruten =)
Daphne Bonavich.
Yo pregunté, yo lo obligue a hablar, lo hice y ahora que esta hablando quiero hacer que pare. Mi cabeza duele, y las lágrimas no hacen más que aumentar.
—No te recordaba, pero ya nos habíamos conocido hace mucho tiempo, luego de escapar con Thiago nos encontramos con Dean quien nos ayudó a pasar desapercibidos en Italia.
Quiero hacer que pare pero no puedo, mi lengua parece dormida, pies para en hechos de plomo, mi corazón palpita tan rápido y fuerte que parece una sinfonía ruda para la entrada de una larga presentación de baile. Dónde una bailarina deja todo en el escenario antes de caer de rodillas. Sus palabras son como una espina clavada en mi pecho que cada vez se entierra más fuerte.
Impulsiva —la voz de Nina sonaba en el fondo, perforando mis oídos y taladrando mi pecho.
Sí, soy todo lo que alguna día empezaron a odiar y que me hicieron odiar, pequeñas imágenes me llegan a mi mente, recuerdos de esa relación tan horrible que tuve hace un par de años. No puedo apartar mi vista de Bastian, no se ha movido de su lugar. Su pecho sube y baja con un ritmo acelerado.
Mi cuerpo no resiste y me dejó caer, mi espalda impacta con fuerza contra el escaparate, el dolor es agudo e increíblemente fuerte, escondo mi cara entre mis rodillas cerrando mis ojos con fuerza. Tapando mis oídos con mis manos para intentar dejar de escuchar sus palabras que cada vez se hacen mas irreales.
Mis padres, mis supuestos padres. A quienes alguna vez ame, no son quien yo creía, tengo un hermano del que no sabía. Cómo quisiera escapar perderme en el fondo de un abismo y pegar mi cabeza contra una piedra hasta caer inconsciente y no recordar nada.
—¿Sabes que me dijeron en aquella llamada en el hospital?, me amenazaron. Contigo. Nunca nadie jamás se había atrevido a amenazarme y por una puta vez en mi vida no temia por mi, tenia miedo de perderte a ti.
—¡Vete! —grito, raspando mi garganta mi voz sale quebrada llena de dolor, uno silencioso pero que me mata desde adentro—, ¡Ya deja de hablar!, por favor.
Mantengo mi rostro aún entre mis rodillas, no me quiero levantar. No puedo, si lo hago caeré de nuevo. Ha dejado de hablar, y puedo jurar que si cae una aguja al suelo el ligero sonido del metal perturbaria cada rincón de la habitación.
—¡Vete! —insisto con más euforia en mi voz—. Vete.
La súplica parece habernos reaccionar, levanto mi rostro viendo como se da la vuelta saliendo de la habitación a pasos lentos, cuando su figura desaparece por el humbral, decido levantarme, aunque mi cuerpo duela con intensidad me esfuerzo. Las lágrimas caen por mis mejillas sin tener algún índice de terminar en algún momento. Camino dejando escapar uno que otro sollozó.
Salgo de la habitación sin mucho cuidado, el pasillo está desolado al parecer, bajo las escaleras viendo en el final a pudín, quien sube al verme, su cola se mueve por lo bajo, sus orejitas hacia atrás la hacen ver triste, cuando estoy más cerca me agachó y la agarró entre mis brazos, cuando bajo me dirijo a la entrada acariciando el suave pelaje. Al salir veo algunas personas moverse sacando del garaje el auto destrozado, alguien se me acerca haciendo una reverencia, su voz se escucha baja.
—Señora, debe volver al interior...
—No —respondo cortando sus palabras, libero una de mis manos limpiando mis lágrimas—. Necesito un auto.
—Sí, señora.
Me quedo en la entrada, a unos cuantos pasos de la puerta, un auto se posa frente a mi y me sorprende lo rápido que logro traerlo. Al bajar se queda frente a mi tendiendome las llaves, asiento y las agarró con toda la delicadeza que puedo, camino con el dolor recorriendo mi cuerpo con pequeñas punzadas, unas más fuertes que otras.
Dejo a pudín en el asiento del copiloto, cierro la puerta al estar completamente adentro, coloco las llaves en su lugar y dejo que el motor de el primer rugido, mi espalda adolorida descansa en el respaldar del asiento, suspiro, aceleró saliendo con rapidez del recinto.
Los árboles van apareciendo por todo el camino, la carretera llena de piedras hace que el auto se desestabilice por segundos, lo único que ilumina el camino son las tenues luces del vehículo, más allá de lo que puedo ver frente a mi es oscuridad, pura.
Tamborileo mis dedos en el volante sin saber si quiera a donde voy luego de salir, de aquí por completo.
Bastian Bergmann.
La cague a lo grande, no se porque mierda no me calle. Y no solo deje que se desahogará y ya.
Lanzo lo que se encuentra en el escritorio sin importarme que se encuentre, lanzo cada cosa contra la pared tras este, algunos rasguños se le hacen a la pintura unas cuantas abolladuras se le hacen a los objetos. Pero ni con eso lo que siento en mi pecho se va.
Unos pasos interrumpen el silencio que había formado a mi alrededor, solo se necesita que diga mi nombre para que el dolor en mi pecho se agrande, robando el aire de mis pulmones y la tranquilidad que aún creía que quedaba en mi interior.
—Bastian.
No quiero voltear pero mi cuerpo no sigue las indicaciones de mi cerebro, si no del estúpido corazón que tengo que solo se guia por sentimientos. Sus manos están a su espaldas su rostro es serio como últimamente ha estado,
—Dean —digo, casi en un susurro lleno de calma inminentemente interrumpida por el desbocado sentir de mi corazón.
—Bastian —repite como si fuera un saludo, pero su ceño se frnce y camina en mi dirección.
—Tengo algo importante que decirte.
—Empieza ya, si es importante no lo atrases más.
—Bueno, verás, es que yo...
Editado: 01.10.2026