Mariposa negra

Capitulo 41

Daphne/Bastian.

Daphne Bonavich.

Abrasador, cálido. Eso es lo único que puedo sentir aquí y ahora, abro mis ojos de a poco tosiendo en el procesó, la explosión parece haber sido lejos pero aún así me desestabilizó. La silueta de Emiliano se va haciendo presente y aclarando con el tiempo.

—Eso, eso es —es bajo, queriendo transmitir calma que solo es un camuflaje para su desesperación—. Eso Daph.

Me siento con su ayuda, veo a mi alrededor, todo está igual hasta la piedra se encuentra en la misma posición en la que cayó. Más allá del balcón y los muros que resguardan la propiedad se extiende un fuego, intenso desde lejos, pero igual de hermoso. Intento escuchar algo más, gritos o las palabras que salen de la boca de Emi, pero soy incapaz. Es como si mil abejas pasarán una y otra y otra vez por mis oídos.

—No y escucho, no puedo escuchar nada —no se si hablo o grito, me levanto sosteniendo me de lo que pueda encontrar.

No sé en qué momento ni cuando pero ya tengo frente a mi a Bastian con la ropa llena de tierra al igual que su rostro y a Dean con una cara de preocupación que hasta me sorprende que se pueda expresar. Y aunque no está tan sucio como Bastian no se acerca dejando más de tres pasos de mi, apoyándome de Bastian doy golpecitos en mi cabeza junto a mi oído, diciéndoles lo mismo que a Emiliano. El zumbido no cede, solo persiste haciéndose más irritante.

Veo los labios de todos moverse, pero mis capacidades se limitan a solo ver los gestos que hacen con sus manos, bostezó y el zumbido desaparece.

—Que no escucho —repito buscando la forma de entender.

Busco a Nuvis con la mirada pero no hay rastro de el, agarró a Bastian con fuerza. Temiendo haber perdido a la unica ancla de recuerdos buenos que tenía.

—Nuvis.

Cuando ese simple nombramiento sale de mi boca todos parecen callarse, no hay intentos de comunicación, no hay labios moviéndose, ni tampoco un ruido molesto en mis oídos. Todo parece haber quedado en segundo plano, como si la aguja del reloj relentisa sus movimientos, como si cada segundo fuera más lento. Suelto a Bastian caminando rápido, evitando los fragmentos de vidrios por la ventana.

—Nuvis —repito, no sé si más alto o más bajo.

Pero espero que se haya escuchado como un grito, el zumbido desaparece dejando una nada muy rara, como si quitarán un tapón de mis oídos, no sé en qué momento estoy fuera de la habitación, bajando las escaleras. Ni tampoco en qué momento he vuelto a escuchar las voces de los demás. Escuchó nombres, órdenes y gritos tan fuertes que solo me toca apretar la mandíbula y callarme, busco por los pasillos encontrándome con algunos hombres sacando cosas. Los cuadros, los muebles como si fueran a mudar todo a un lugar distinto. Cómo si de una remodelación se tratara.

Me detengo, no se cómo no me caigo. Mis piernas hormiguean, tanto que puedo sentir leves espasmos, la misma foto que ví no hace mucho en la pared junto a las escaleras, antes de ir con Emiliano, el mismo hombre del callejón en la pintura, no se como ni cuando. Pero puedo escuchar el lienzo desgarrándose, mi mano ha atravesado la obra, las cicatrices. Los ojos y la maldita sonrisa. Es como si viera todo desde un segundo plano, como lo viera desde una camara que repite una grabación una y otra vez hasta que quien la ve guarda cada detalle en su memoria.

—¡Llevense eso! —suena casi lejano pero está más cerca de lo que parece—. Daphne.

Mi nombre en un susurro, algo bajo pero lo suficientemente alto para no perturbar más mi desorganizada mente. Me aferró a quien lo haya dicho escondiendo mi rostro en su pecho, se que no es Bastian porque su olor no es el mismo, en vez de ser suave dominante, es fuerte como si dictará una orden con tan solo su olor que impone respeto antes las fragancias más livianas. Mi nariz pica, estornudo sin poder evitarlo.

—Llevala fuera de la casa, a otro lugar. Pero llévatela, yo llegaré con Nuvis y ceniza.

Esa voz si es de Bastian, el tono cálido a pesar de la orden que da. Su conversacion se alarga, el abrazo es ligero, reconfortante. Pero no duró mucho en el, me separó de Dean, que con su cara dura y pocas palabras ha demostrado tener un poco de sentimientos en el. Nos alejamos de Bastian luego de unos segundos, me despido con la mano. Fuera del recinto nos espera un auto no con un color aburrido como los demás este es diferente, las líneas, las llantas. Hasta el cambio de luces es diferente.

El color no es llamativo pero si impresionante, puede parecer negro desde lejos, pero de cerca es un azul no tan oscuro pero mantiene el toque, con un sin fin de piedras súper pequeñitas, como micro diamantes. Dean se adelante abriendo la puerta para mí, no lo rechazó y me adentro al auto, el interior es aún mas enriquecedor, asientos de cuero negro, detalles en blanco. El auto puede valer más de lo que hay dentro de la casa.

Dean se sube del lado del piloto poniendo las velocidades tan rápido que ni tiempo me da ver las rejas, admiro lo que puedo por la ventana, el fuego se ha extendido un tramo largo el polvo que levanta Dean con las llantas impide que se vea más imponente de lo que es, pero pronto termina el fuego dejando ver aún los pocos árboles que quedan con vida, sus ramas uniendo se unas con otras.

—Colocate el cinturón —su voz me saca de la impresión.

Me coloco el cinturón un poco torpe, aún con el cuerpo temblando por lo de hace rato. Juro que puedo escuchar el zumbido de unas abejas en mis oídos como si se hubieran colado hasta llegar a mi tímpano.

El bosque termina luego de tan solo unos segundos, el silencio que llena el pequeño espacio es molesto e incómodo. Mi mente se empieza a imaginar mil conversaciones, ¿De que puedo hablar? Ni yo lo sé, la verdad es que no se ni como fue que le hable a Emiliano, aunque la verdad tengo que admitir que es un gran amigo. Es que nunca pude acordarme como fue que lo conocí en primer lugar.




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