Mariposa negra

Capitulo 44

Daphne/Bastian

Daphne Bonavich.

El aire es denso, difícil de respirar, cargado de olores fétidos que irrumpen sin aviso. Me renuevo en el suelo rápido y frío, mi cuerpo tiembla como si tuviera fiebre. Mis ojos aún no se acostumbran a la oscuridad que me rodea, e dejado de contar los segundos desde que he despertado. No le encontraba sentido hacerlo sin si quiera saber que hora era o en qué lugar estaba.

Mi mente jugaba sucio trayendo todos los recuerdos que ha podido coleccionar de mi estadía con Mason.

Ese, ese podría ser hijo de cualquiera —sus palabras resuenan en la habitación casi vacía.

Es como si se repitiera a cada segundo mi vida de hace cinco años, la asquerosa vida que tenía en ese entonces. Solo vivía de una ilusión, una ilusión que fue creada por mi. Solo porque alguien dijo unas cuantas palabras bonitas en mi oído.

Y aunque Bastian ha estado poco tiempo conmigo, ha hecho más que Mason en dos años. Y aunque hubo un tiempo en el que estaba enfadado conmigo jamás se fue por completo, Bastian siempre estubo ahí aunque no lo quisiera aceptar. Aún recuerdo ese día en el Emi me invitó a esa exposición luego de salir de aquella iglesia. Me fui a el mirador abandonado, el escape que solo yo conocía. Dónde las rosas rompían las paredes para salir y el valle que se extiende sobre las viajas ruinas estaban llenos de flores de todos los colores.

—Emi —susurro, bajito casi inaudible. Solo quería saber si aún estaba conmigo.

El fue el que más sufrió en el accidente, su cabeza estaba llena de sangre seca la última vez que la luz estuvo encendida pude verlo, pude verlo, y no se veía para nada bien sus ojos estaban hinchados, sus manos estaban amarradas a sus espaldas y su rostro tenía moretones que ya estaban amarillentos.

—Emi —hable más fuerte está vez.

Me reí, me rei cuando no hubo respuesta, mi cuerpo entero dolió cuando me di vuelta agotando las pocas fuerzas que tenía. No sabía que pensar mi mente estaba cansada al igual que mi cuerpo. Cerré mis ojos con las esperanzas casi agotadas, no sabía en dónde estaba o si las gemelas estaba bien y la habían pasado lindo en su cumpleaños, yo tenía que acabar con su felicidad como lo hice con la felicidad de muchos. Solo rogaba porque Bastian y Dean me encontrarán.

Mis ojos estaban cerrando se de apoco, incapaz de controlar la reacción me estaba dejando por el aparente sueño que me inundaba.

—Daph... —su voz era muy baja, en el silencio se podía escuchar su respiración superficial, y dolorosa—. Daphne, ¿Estás bien? No te preocupes, vas a estar a salvo muy pronto.

—Emi —me levanto con todo el dolor en mi cuerpo lo hago.

Rápido, pero con el suficiente cuidado para llegar a él, toque su rostro con cuidado con las lágrimas ya corriendo por el mío, no sabía cómo pero había llegado a su lado. Cómo si una fuerza más fuerte que nosotros me llevará a él.

—Vas a estar bien, vas a salir de aquí. Verás a tu sobrino o sobrina crecer. Me ayudaras a planear sus cumpleaños —me siento a su lado haciendo que el se recueste en mis piernas. Me río por un momento—. Estarás conmigo para grabar su nacimiento.

—Si es que estás, si es que estás embarazada —susurra más bajito, con más esfuerzo—. Si es así, yo lo consentiré y no me importa si Dean le regala un maldito extraterrestre, yo le regalaré una estrella de ser necesario.

Me río con él, se que hasta respirar le cuesta, no se cómo podría ayudarlo, no se cómo podría detener su dolor.

Yo debería estar en su lugar, y aunque por alguna razón no estaba mal, me sentía fatal, como si pidiera sentir lo que él. La dificultad para respirar cuando se queda callado, el dolor en el pecho que hace rato me había descrito como insoportable, como si su corazón se detuviera por segundos antes de seguir latiendo. Hasta el temblor en su cuerpo por el frío por algo más que jamás sabría.

—Lo siento tanto, tanto Daph, no fui un, un buen amigo yo debí...

—Sssh, no digas eso —la voz se me cortó por el llanto que quería retener para mí—. Eres el mejor amigo que la vida me pido haber dado, estuviste ahí cuando me abandonaron por segunda vez, te volviste psicólogo solo para entenderme. Me hiciste querer vivir muchas veces, yo soy quien debería disculparse. Nunca fui lo suficientemente valiente para contarte todo lo que me sucedió, aunque tú jamás me obligarte hablar sentía que debía hacerlo.

Encorvo mi cuerpo dejando que mi frente quede encima de su mejilla con cuidado, temiendo lastimarlo más, temiendo que estos sean nuestros últimos momentos juntos, que mi único amigo se esté llendo en mis brazos, que más nunca nos volveremos a ver o encontrar por "casualidad" en la calle. Que más nunca compartiremos un café en las tarde mientras vemos correr a las gemelas por el jardín.

—Te amo Emiliano, te amo mucho amigo, y odio que tú vida se termine tan pronto.

—Yo también te amo, tranquila, jamás terminará. Jamás me alejaré de ti tan fácil, soy Emiliano quien no recuerda su apellido porque parece que nunca tuvo uno pero que decidió ser amigo de una niña extraña que apenas llega al orfanato, que apenas conocí. Y que jamás se separaron aunque la vida los quería obligar pero siempre se reencontraban —su cuerpo se sacude, brusco sin contemplaciónes ni cuidado con él, como si la muerte misma lo viniera a buscar—. Soy tu hermano, no de sangre pero si de vida, te amo Daphne Bonavich. Eres la mejor amiga y hermana que la vida me dió.

—Ay Emi, no puedo creer que nos despidamos así.

—Ni yo pero lo que uno siempre piensa menos es lo que más le suceda —la luces se encienden cuando se remueve en mis piernas—. Dile a Thiago que lo amo, que es el mejor hermano mayor, y que deje de ser tan serio y que se consiga a alguien. Dile que me dejó esperando toda una vida por mi sobrina o sobrino, pero tú te adelanteste.

Nuestros ojos se encuentran, él se queda quieto, la luz hace que mis ojos duelan un poco pero ni así los cierro, me impido si quiera pestañear, una sonrisa se extiende por su rostro hinchado y lleno de golpes.




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