Mariposa negra

Capitulo 38

Daphne Bonavich.

Luego de dar vueltas por más de media hora por la ciudad, termine en el bar que Emiliano visita cuando se siente triste.

En la entrada me pelee con el guardia, no tanto por pudín, decía que mi vestimenta no cumplía con el código de bar y que no se permiten animales.

Cómo si me importará.

Juego con el shot en la barra, moviendo lo de un lugar al otro, el ambiente se ha vuelto inaceptable, y mi estado no ayuda, algunos hombres se han acercado pero al no recibir respuesta se han ido soltando estupideces. El camarero se acerca recordándome una vez más que debo irme temprano si no quiero problemas por tener un animal dentro.

—No hagas que mi gerente me despida, o Emiliano me mata —asiento viendo el piercing en su ceja—. Por favor.

—Esta bien, lo haré, solo tráeme una botella y cuando me la termine, me voy. Lo prometo.

Levanto mi mano llevándola a mi corazón, asintiendo rápido mareando me en el proceso.

—Gracias...

—Pero una cosa más —dejo que mi mano vuelva a la barra impactando con fuerza, vuelvo mi voz casi un susurro—. Necesito información, y tú silencio.

—¿Que?

—Lo que escuchas, información y tú silencio. Di cuánto quieres y lo tendrás.

—Solo quiero que te vayas, eso es todo.

—Bien —relajo mi rostro alzando una ceja—, Sí conoces a Emiliano debes conocer a su novio, ¿Que sabes?

Sus ojos me examinan buscando un indicio de burla o de juego en mi, pero mantengo mi postura, bebo mi shot y espero su respuesta.

—Habla, o estoy tentada a no irme.

—Bien —suspira y hace unas señales bajo el mostrador.

Otro camarero se aproxima y empiezan a susurrar, hago que el vaso de cristal haga ruido, mi cabeza y tambien duele, pero eso hace que los dejen de hablar y me tomen en cuenta.

—¿Van a decirme o tengo que adivinar?

—El nombre es Dean, Dean Velour, jefe de tres organizaciones criminales y director de uno de los bufets de abogados más respetados a nivel internacional —hace una pausa para respirar, viendo a todos lados—. Padre y madre muertos en un accidente, hermana muerta en el incendio de su casa, y finalmente el hombre al que todas las cámaras le quieren tomar una foto. Solo eso se, es una sombra, cuando se trata de él. Nadie sabe quién es en realidad, trabaje un tiempo para él siendo dirigido por tu amigo, pero no sé más.

—Gracias —agradezco al otro mesero y señaló al que lo llamo—. Me debes esa botella.

Agarró a pudín y me alejo de la barra, frente a mi un grupo de cuatro hombre susurran entre ellos señalando me, se levantan y doy un giro intentando perderme entre la gente en la pista, agarró con más fuerza a pudín y empiezo a intentar mover mi cuerpo más rápido.

Soy más pequeña que todo el mundo aquí por lo que se me dificulta un poco ver más allá de sus cuerpos, mi respiración no tarda en agitarse y el sudor se apodera de mi frente, puedo sentir como mis manos se empiezan a poner frías y mi corazón a acelerarse, el ruido hace que mis oídos piten con fuerza solo permitiendo me escuchar en ellos el ritmo de mi respiración y el rápido golpeteo de mi corazón.

Intento girar mi cabeza entre las personas pero me es difícil por el poco espacio que hay, pero no dejo de intentarlo, siento mis pies enredarse entre ellos, siento como mi cuerpo se va a caer, no puedo reaccionar. La impotencia llena mis extremidades de repente tensas, cierro mis ojos esperando una caída que al parecer jamás va a llegar.

Al abrir mis ojos encuentro a unos de los hombres sosteniendo me por la cintura, me suelto rápido con la mano libre que tengo, la otra se aferra a pudín con fuerza. Por más que le doy golpes o me renuevo se ve que no tienen intenciones de soltarme, bajo mi cabeza muerdo su brazo sin aviso y con toda la fuerza que puedo, su grito resuena por el lugar a pesar de la música. Corro como puedo esta vez buscando perderme entre las personas.

Ruego que el estúpido de Bastian entre por la puerta. Salgo de la multitud agitada pero ni así dejo de correr en busca de una salida, los pasillos están a oscuras y lo único iluminado es la pista y la zona VIP, veo a algunas personas con cigarros en sus manos ir por uno de los pasillos y como la peor decisión hasta ahora decido seguirlos, aún con la incertidumbre creciendo en mi. Decido que es lo mejor.

La oscuridad me absorbe junto a los extraños, pero sigo caminando mordiendo mis labios con fuerza.

¡Tus padres no son tus padres! —el recuerdo de sus palabras llega a mi como un eco lleno de imágenes que creía parte de una infancia.

Ahora no son más que el recuerdo vivo de una gran mentira construida a mi alrededor una de muchas mentiras.

Todos podemos brillar bajo la oscuridad, pero tú Daph, brillas en la luz y eso es lo mejor de ti —es como sentirlo a mi lado, como un abrazo cálido a un alma hecha pedazos.

Las locuras cargadas de juego, ahora se que están llenas de verdades, verdades que ahora solo en la oscuridad que no solo el pasillo me proporciona se pueden revelar. Tapo mi boca antes de siquiera soltar un sollozó, a algún sonido que revele que estoy aquí, los hombres abren la puerta y empiezan a reír, me apresuro antes de caer en la oscuridad de nuevo y volver a perderme. Pudín lame mi mano y solo entonces me doy cuenta que los estoy apretando con tanta fuerza que tal vez le cueste respirar.

Empujó la puerta antes de que cierre y al salir puedo sentir el ligero aire frío rozar mi cara, camino sin mirar atrás los hombres que seguían están en una esquina fumando y riendo. El callejón es largo y lleno de sonidos y olores que en mis peores momentos llegué a presencia tan cerca, bajo a pudín dejando que camine a mi lado aunque por momentos se desvíe siempre vuelve a mi costado.

Puedo escuchar más pasos a mi espalda, me niego a voltear pero el miedo y la curiosidad son tan grandes y dos cosas que no se llevan bien hacen cosas que ni imaginé, y solo cuando volteo los veo a los hombres del bar y a los del pasillo siguiendo me empujando se entre ellos mientras rien señalando me.




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