Mariposa negra

Capitulo 45

Thiago/ Bastian/ Dean.

Thiago Hutton.

La cuarta noche del quinto día, en ninguno de nosotros había un rastro de sueño o tan siquiera de hambre o sed. Habíamos habandonado nuestras necesidades por no tener ni la pista más estúpida que pudiéramos conseguir.

Dean es quien se encargaba de la mayoria de las cosas, yo solo ejecutaba a las personas. Pero ahora solo miraba por la ventana de la habitación. El patio estaba vacío, solo con el gato gris jugando justo ahora.

El hurón dormía cómodo con las gemelas siendo abrazado por Bonnie, ellas sonreían cuando estaban juntas. Pero también lloraban cuando recordaban la esencia de ellos. Aún duele saber que ya a estás alturas pueden estar dando sus últimos suspiros, miro la carta en mi mano aún recordando la risa de Bastian y la brutalidad de sus palabras hacia sus abogados.

Lo habían demandado, con algunos de sus crímenes. Y acusado de ser el jefe de una mafia, pero había salido rápido, el presidente se vio obligado a intervenir de inmediato callando a todo su círculo más cercano.

Dejo caer el papel dando un sorbo más largo al café en mi mano. Me es gracioso pensar en el frío y el bosque que se extiende de aquí y hasta una gran parte del oeste de la ciudad. Es el último lugar en el que todos pensaban buscar, pero yo ya lo hacía. Ya he recorrido más de la mitad del lugar y, aunque he encontrado caminos y marcas. Siempre se detienen en el mismo punto, de ahí solo me ha quedado intentar descubrir caminos cubiertos de pasto y mas árboles pero siempre me hacen volver al inicio de mi búsqueda. Un punto más alejado, después del mirador del que alguna vez le hable a Bastian.

Ahí estaba desierto y se había investigado lo suficiente para deducir a simple vista que nadie lo había visitado o habitado hace un tiempo. El galpón era igual una fabrica abandonada casi a las afueras. No había nada que nos pidiera servir.

—Bobo —la puerta de la habitación de escucha junto con la voz de Rossana.

Me doy vuelta viendo como está restregando sus manos por su rostro somnoliento.

—Dean te está buscando como loco, lo acabo de ver. Y Bastian, bueno, dice que necesita que hagas algo por él.

Asiento acercándome a ella, dejando el café en la cómoda que reposaba al lado de la cama. Abro la puerta acariciando su coronilla intentando sonreír.

—No soy un perro para que me acaricies la cabeza, Thiago.

—No, no lo eres. Pero no te voy a dar un abrazo. No está en mis planes por ahora.

Se cruza de brazos siguiéndome en silencio, viéndose obligada a no hablar. El camino se hace realmente corto. Dean no estaba muy lejos de mi habitación pero estaba lo suficiente ocupado como para detenerse en ese lugar a hablar por el celular. Al verme una sonrisa amarga se extiende, levantando las comisuras de sus labios, Ross desaparece por uno de los tantos pasillos de la casa.

Los truenos llenan el ambiente, robándome el silencio que reinaba con pleitesía. Un desagradable vacío en la boca de mi estómago se va expandiendo, nublado mi mente. Dean nunca sonríe y si lo hace algo va muy mal.

—Encuentra algo que me sirva, y no vuelvas a llamar hasta tener la ubicación correcta —guarda el celular en uno de los bolsillos delanteros de su pantalón de pijama—. Se que es tarde, debiste haber estado intentando dormir pero encontraron un cuerpo, muy mal herido en una ubicación cerca del mirador.

Apretó mis dientes, ejerciendo tanta presión que mi cabeza empieza a doler, pero eso detiene el escozor que se estaba formando en mis ojos, mi nariz pica obligando me a rascar la rápido, con el silencio de Dean que se ha estado gastando en solo unos milisegundos. Pudo jurar que se quién es sin necesidad de que me lo diga.

—Emiliano fue encontrado sin vida, en este momento lo están trasladando a la morgue.

Ya no hay nada que pueda retener el dolor, las lágrimas corren libres. Y el escozor en mi estómago se vuelve insoportable. Asiento en silencio pasando por su lado, buscando la forma de hablar sin que mi vos se escuche frágil.

—Lo lamento, se que lo amabas.

—No Thiago, yo me disculpo por todo. Antes de ser algo para mí, era tu hermano.

Asiento alejándome, con el eco constante de la risa, de la última risa que compartimos juntos. De los recuerdos, que me hacen llorar con más intensidad. Pero el dolor no se disipa, la última vez que lo ayude en algo el sonriendo dijo que si algún día moría, que siempre lo recordara como quien fue y no por lo que hizo. Yo jure que nada le pasaría, que siempre llegaría a salvarlo.

Y le falle, a la unica personas en el mundo a la que no debía hacerlo.

Le falle.

Bastian Bergmann.

Sonrío dejando las pinzas a un lado con un pedazo de su lengua adherida a ellas. Mi padre me mira, con el rencor y la ira brotando de todo su cuerpo.

Alejo la mesa con sus implementos, tocó la puerta cuando estoy a su lado haciendo que el metal deje un eco en el cuarto la sangre se esparce por las paredes, los cuerpos de mis "hermanos" yacen cortados de los ganchos que usan los carniceros. Sus cabezas estás en el suelo.

—Se los dije cuando vinieron a buscarme hace ya casi un año —limpio mis manos intentado sacar también la sangre seca—. Buscaron la muerte sin que ella los busque, y eso. Uff, eso es peor que morir por causas naturales.

Me doy vuelta viendo a mi padre ahogarse con su propia sangre, pero antes de siquiera poder alegrar mi mente me recuerda que debo hacerlo sufrir.

—Diablos, ¿Ya te quieres morir?

Y aunque no hay respuesta puedo ver la súplica en sus ojos, algunas lágrimas ruedan por sus mejillas, se retuerce en su propio gancho la sangre callendo más rápido al ya gran charco de su propia sangre, sus pies apenas tocan el suelo unos centímetros que lo obligan a permanecer de puntillas si no quiere someterse a que su carne se rasgue y la especie de garfio en la punta se entierre en su espalda y lo deje paralítico.




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