Bastian Bergmann.
Tres años después.
El cuerpo entero me tiembla, las manos me sudan tanto que temo que Hannah se pueda caer de mis brazos, su expresión solo demuestra tranquila algo de lo que no me fui gracias a que su temperatura está por los cielos.
—Apúrate Dean, si Daphne no nos encuentra en casa nos va a matar.
—Ya lo sé, ¿Crees que no le tengo miedo? —mueve el volante a la izquierda gracias a la estúpida curva que se atraviesa—. A ti quizás te haga un rasguño o te regañe, a mí me va a enterrar vivo.
—Ya dejen lo niños, yo me tengo que ir a confesar con el padre —miro a Thiago por el retrovisor, su rostro pálido y con las gotas de la lluvia en su rostro—. Tengo miedo.
—Tienes que ser valiente.
—Ay si Bastian, tu con un beso la contentas. A nosotros si que nos mata.
Refunfuña Dean estacionándose de golpe, todos nos miramos esperando a ver quien baja del auto primero. Los dos me miran impacientes con las cejas levantadas y la sonrisa mas tensa que he visto en sus rostros.
—Maldita sea —digo bajandome del auto corriendo bajo la lluvia hasta la entrada.
—¡No digas groserías frente a Hannah!, si las copia nos van a incinerar vivos.
Gimotea Thiago caminando resignado bajo la fuerte lluvia que azota el día soleado que antes había, bajo el refugio de la entrada escucho mi teléfono sonar, hago caso omiso al sonido, me adentro al lugar en busca del maldito doctor.
Si Dean y Thiago creen que con un beso me libro, están muy equivocados. La última vez que sucedió algo como esto bajo mi cuidado, me dejó durmiendo junto al caballo cimarrón que tiene como amigo. Pase toda la noche en el establo con el olor a heno por todos lados, sin mencionar que el caballo volcó el agua del bebedero.
Los pasillos se hacen interminables cuando camino con las piernas flaqueando por el miedo, hace tres putos años me alejé de la mafia. Y fue la peor decisión y la mejor maldición que pude haber tomado hasta ahora, me permite pasar más tiempo en los negocios y con mi familia. Pero maldita sea, a veces extraño matar a alguien cuando no tengo nada que hacer.
Daphne nos ha hecho ir a la iglesia a confesarnos, está demás decir que el padre nos hecho como si hubiera visto al mismo diablo frente a él. Se que los pecados que teníamos y que tenemos no serán absueltos con solo confesarnos.
Tocó la puerta del consultorio con desesperación, acomodo mejor a Hannah y vuelvo a escuchar el silbido del teléfono. Pero está vez no es solo el mío, el de Dean y Thiago suenan al mismo tiempo, los dos se miran como si a cada uno le hubieran salido dos cabezas.
Maldigo para mí, estoy a punto de derribar la maldita puerta cuando el doctor sale con una gran sonrisa en su rostro que se desvanece al verme con Hannah temblando en mis brazos. Se hace a un lado tan rápido que sus pies se hubieran doblado igual pasaría por encima de su cuerpo para que al levantarse revise a Hannah.
—Vamos bebé, tienes que estar bien —suplico dejándola en la pequeña camilla en la habitación—. No quieres que regañen a papá, ¿Cierto?
—A ninguno de nosotros Hann —la voz suplicante de los otros dos se escucha a la par—. Por favor, está bien.
El pediatra se acerca a revisarla, me hago a un lado pero con la vista fija en cada uno de sus movimientos. Mi teléfono vuelve a sonar y está vez con el miedo más grande que la voluntad sigo dejando que suene hasta que deja de hacerlo. Otro teléfono se escucha, el eco hace que el llanto de Hanna se desate, me acerco a ella y el pediatra me mira un tanto molesto.
—¿Que?, si ya termino puede alejarse. No querrá que después alguien más reemplace su vida en su familia. Se lo aseguro.
—¿Es una amenaza?
—Sí, y ahora dígame qué es lo que tiene mi hija.
La mujer, me mira con arrogancia. Si tan solo pidiera agarrar su cuello y presionarlo hasta que el aire se vaya por completo de sus pulmones y sus ojos dejen de...
Tienes que controlarte.
—Solo tiene fiebre y presenta síntomas de un resfriado, ¿Se ha mojado recientemente, o ha estado cerca de alguien enfermo?
Sí, Rossana se resfrío la semana pasada.
Asiento y ella suspiro sacando de su bata una pequeña libreta y un bolígrafo garabatrando algo antes de dármelo.
—Dele esto cada ocho horas, durante tres días.
Agarró el papel que me tiende y vuelvo a asentir.
Suspiro aliviado de que no tenga algo grabe, pero el miedo sube más rápido cuando se que he estado ignorando sus llamadas. Agarró a Hanna en mis brazos y agradezco a la doctora rápido saliendo del consultorio para sacar mi teléfono viendo las casi veinte llamadas perdidas en solo quince minutos. Doy pequeños golpecitos en mi frente, Thiago y Dean se quedan frente a mi, de pie como estatuas con el rostro blanco y las pupilas dilatas.
—Esta bien según la pediatra, ahora el verdadero problema es que necesitamos llamarla y asegurarle que nada ha sucedido.
—¿Que le vamos a decir si pregunta por qué no estamos en casa?
—Buena pregunta Thiago, ahora veremos qué excusa inventa Bastian para mí.
Mi cuerpo se tensa obligando me a pararme derecho, Dean se queda estático y con solo un paso a la izquierda deja ver a Bonnie agarrada de la mano de Daphne, Thiago repite la acción de Dean y los dos juntos se dan a la fuga por el pasillo. Dejando solo con Daphne furiosa frente a mi.
Su ceño fruncido, los rizos callendo por su rostro, el abrigo cubriendo su cuerpo del frío del que ahora soy conciente. Puedo jurar que la temperatura ha descendido unos grados, sonrío rascándome la cabeza incomodo.
—¿Podemos hablar afuera?, por favor.
Asiente y se da la vuelta para salir del lugar giro mi rostro y veo a Thiago y a Dean susurrar entre si. Levanto mi mano y la cierro en un puño indicando les que se pueden acercar. Me vuelvo con la vista al frente con miedo de lo que va a suceder ahora, camino decidió a no dejar que me regañen.
Editado: 01.10.2026