EL FAROLERO Y LA DAMA.
Ella tenía curiosidad por aquel farolero, todas las tardes esperaba por el frente a su venta. Tenía miedo de hablarle, no sabia como empezar a hacerlo, el era un farolero y ella una dama. Estaba segura que su familia no lo aceptaría.
Todo se lo contaba a su hermana, pero esto... Esto era diferente, algo había cambiado. No solo en ella sino en su relación, su hermana era atenta. A ella también le gustaba, pero nunca dijo nada. Su interés parecía nulo, pero ella sabía lo que sentía, solo con verlo sentía que dejaba de respirar su corazón se aceleraba luchando con sus costillas queriendo salir. Pero su silencio no decía nada más que sus acciones.
Para hacerle entender a Ella que el farolero era de ella, la acuso con sus padres. Pero sus planes no la favorecieron a ella, sino a su hermana. La cual aún con la cabeza gacha frente a sus padres no hablo durante todo el rato que estuvieron preguntando. La rabia recorría sus venas con una rapidez emocionante.
-No es culpa de Ella que le guste el farolero -su madre suspiro casi risueña, sus palabras aunque suaves impactaron con fuerza en su pecho-. Ella, ¿Te gusta Maikel?
-¿Maikel? -por primera vez Ella aportaba en la conversación.
-El farolero -replico ella con la furia más grande-. Así se llama.
Ella no podía creerlo, sabía su nombre. Sonrío pensando en todas las noches que pasaba en desvelo preguntándose si algún día se armaría de valor para hablarle. Ella quería saber su nombre y ahora lo tenía, lo saboreaba, lo absorbía con todo su ser.
-Me gusta -hasta ella misma se sorprendió por sus propias palabras, era la primera vez que lo decía en voz alta-. Me gusta mucho.
Su hermana le pegó fuerte a la mesa,no podía creer que a su hermana le gustará el mismo hombre que a ella, pero la única diferencia que había en ambas, fue que Ella lo confesó, ¡Frente a sus padres confesó que le gustaba el mismo hombre! No lo podía creer. Pero aún así sonrio y felicito a su hermana por haberse fijado en un buen partido. Pero pudo sentir como su corazón se contrajo.
Esa noche luego de la cena, Ella sonrío en su cama. En la oscuridad que embargaba la habitación, por primera vez no podía dormir de la emoción y no de la intriga, prometio que al despertar al siguiente día hablaría con el y le confesaría lo que sentía. Su madre le contó la historia de ella y su padre. Era la más hermosa que Ella pudo haber escuchado, su madre también era una dama y su padre un simple pescador, pero su familia jamás se interpuso en lo de ellos. Pero su padre no soportaba ver a su madre esforzándose por lo que decidió mejorar por ella y por él.
Y ahora tenían buena posición en la sociedad, su padre era el dueño de varios negocios de la ciudad. Y tenía gran personal a su mando en los muelles, llevando así los pescados más frescos a sus restaurantes. Ella se emociono al escuchar las palabras de su madre. Tanto que en sus sueños llegó a imaginar como sería su vida junto a Maikel.
La mañana paso rápido para una emocionada Ella, y toda la tarde luego de terminar sus deberes corrió a su cuarto a prepararse sacando de su madre una risita cómplice. Su hija estaba enamorada como ella lo estuvo de su esposo y que aún lo estaba.
Ella sonreía mientras acariciaba suavemente su cabello.
¿Podría hablarle sin tartamudear?
Tal vez, pero ella solo quería conocerlo, quiera conocer a quien hacia que su corazón se acelera tanto que Ella se sentía que se iba a salir, se levantó de su cama, lista con una sonrisa radiante viendo como el ocaso llenaba el cielo con sus colores rojizos característicos.
Pudo ver a Maikel, caminando lento como todas las tardes a cumplir su labor, ella corrió al exterior de la casa deteniéndose frente a su madre que conversaba con una de sus vecinas, agarró los bordes de su vestido cruzo sus piernas e hizo una reverencia sin perder la sonrisa, su madre sonrío y la vecina algo su belleza.
Ella agradeció y con más calma camino hacia Maikel, aunque por fuera parecía relajada por dentro su estómago se revolvía generando esas mariposas que solo sentía cuando lo veía a él, Ella se acercó con miedo, con las manos temblando al igual que sus piernas que amenazaban con hacerla caer en cualquier momento.
-Hola -su voz salió suave, tan delicada como su aspecto-. Soy Ella.
Maikel se detuvo un momento admirando la belleza que poseía la dama frente a él, sus pómulos rosados sus labios abiertos en una sonrisa que lo dejo embobado, Ella soltó una risita que hizo a Maikel salir de su asombro. Nervioso por la presencia de la dama frente a él respondió.
-Buenas tardes bella dama -hizo una pequeña reverencia-. Soy Maikel.
Los dos se sonrieron como si se conocieran desde hace tiempo, la hermana de ella los miraba por la ventana, dolida creía que si ella no podía estar con él su hermana tampoco podía.
Ocho años pasaron rápido para la pareja, Maikel con la ayuda del padre de Ella se convirtió en comerciante con su propio negocio, siempre tuvo el sueño de hacer su propia cadena de hoteles y hasta hoy tenía dos hoteles en el país. La hermana de Ella en silencio planeaba su venganza.
Ella sabía que algo andaba mal, pero por más que le preguntaba a su hermana siempre respondía que no le pasaba nada.
Ese día Ella sonrío, y se acercó otra vez a su hermana, preguntándole de nuevo.
-¿Que sucede?, te he notado distante -suspiro Ella jugando con el vaso de agua que conservaba con ella desde la cena.
-Nada Ella -sonrio mordiendo su lengua para no decir lo que realmente quería-. Solo me sorprendió su noticia. ¿Ya saben que nombre van a colocarle a mi sobrino?
Ella se rió, esa noche habían anunciado el embarazo de ella ante toda su familia en la cena de navidad. Su hermana se tenso por completo, sabía que debía apresurar su plan. Debía hacerlo si quería quedarse con Maikel.
Sonrío al ver a Ella darle un trago largo a su vaso de agua, ella misma había contaminado cada cosa que tomaba o comía Ella esa noche y aunque la habían echado muchas veces de la cocina logró convencer al chef de ser ella quien sirviera la comida de su hermana.
Editado: 01.10.2026