Mariposa negra

Capitulo 42

Bastian/ Daphne.

Bastian Bergmann.

Siento que mi voz no se escucha que mis pensamientos son ajenos a el lugar y la situación en la que me encuentro, mi cuerpo pesa, las palabras salen como balas dejando a las personas aturdidas. No hay explicaciones, no hay preguntas porque saben que no les voy a dar respuesta, me doy vuelta viendo a mi madre a través del cristal.

—Falle —susurro, suave tanto que siento que mi voz ya no me pertenece.

Me vuelvo a dar vuelta conteniendo la carga de emociones que se mezclan. El auto de Dean se estaciona no muy lejos, las gemelas bajan con su ayuda al igual que Daphne, Dean viene con las gemelas una en cada mano, sus vestidos blancos se eondean con el viento, que parece furioso a comparación del cielo tenido de gris hablando entre relámpagos y truenos su descontento.

Dean suelta las manos de las gemelas, dejando que ellas caminen hacia mi, él por su parte se aleja acercándose a Thiago. Me agachó intentando sonreír.

—¿Recuerdan la historia que mamá les contaba para dormir? —agarro sus manos.

—Sí, la historia del farolero y la dama —los ojos de Bonnie brillan—. Pero a Ross no le gustó el final.

—No, no me gustó —arruga su nariz mirando a Bonnie—, ¿Que hermana traiciona a su otra hermana por un hombre?, la familia es lo más importante.

—¿Recuerdan el final?

—Sí, el farolero se convirtió en alguien importante y murió porque lo envenenaron. Su esposa lo siguió no mucho después por la misma causa.

—Y los dos se encontraron en la muerte —completa Bonnie.

—En nuestra historia mamá fue a la que traicionaron.

Los ojos de Bonnie se llenan de lágrimas, niega corriendo a abrazarme Rossana se acerca más apretando mi mano, no llora, no grita, no tiembla. Solo hay palabras claras, llenas de preguntas no dichas.

—Mamá estará bien Bonnie, estará en paz.

—Ross, es mamá, es mamá. Es mamá Bastian.

Repite tres veces, como un conjuro. Como si con eso la quisiera hacer volver, se aleja llorando para ir corriendo hacia Daphne me levanto llevando a Ross conmigo. Ella me mira, tal vez indecisa en preguntar, tal vez muy concentrada en sus pensamientos. O tal vez muy cerca de la realidad.

—¿Fue tu padre cierto? —su voz sale clara, sin confusión alguna. Como quien sabe que detrás de sus palabras está la verdad.

—Sí, fue él.

No me sorprende su pregunta, siempre he sabido que Rossana es la visual, analítica. Mientras Bonnie es colores, espontaneidad, dulzura. Ross es la sería, reservada la asocial. Cómo solía llamarla mamá de vez en cuando, el camino no es tan largo pero lo suficiente como para las preguntas de Ross, que parece traer atorada en cada una parte de su rabia. De su dolor, indecisión, algo que nunca pensé ver en mi hermana, siempre ha sido la más ajena, la más centrada de las dos.

—¿Ya lo tienes?, puedo hacerlo sufrir. Si lo hizo con mamá yo lo haré con él.

Me detengo a solo unos pasos de llegar, sus palabras me han dejado pasmado, siempre lo hace, me deja sin palabras. Sin más que decir ante las variaciones de sus palabras. Intento aclarar mi garganta, intentando creer que no la he escuchado.

—No tienes que hacerlo —empiezo intentando mantenerme mi tono sereno—. Él ya está sufriendo, no hay nada que lo pueda salvar.

—¿Lo prometes? —levanta su mano libre tendiendome su meñique—, ¿Por el meñique?

—Por el meñique —junto nuestros dedos.

Una sonrisa liviana se tiende por su rostro, se suelta de mi agarre y corre hacia su gemela, me levanto suspiro. Nos hemos alejado del camino, pero sin más, no haré que las gemelas vean así a mi madre, con el cuello lleno de moretones que ni el mejor maquillaje pudo cubrir, con la expresión de terror en su rostro a pesar de tener sus ojos cerrados, camino hacia mis amigos, me posiciono al lado de Daphne abrazándola por la cintura, ella levanta su vista sonriéndome. Y juro que por primera vez en el día el aire entra correctamente a mis pulmone.

Su mirada vuelve a las gemelas que se abrazan, busco a Thiago, y con un solo asentimiento ya están moviendo a mi madre. Las personas que charlaban se han callado, convirtiendo el momento en algo vacío, sin vida más de la que quien va a ser enterrado. Daphne se agacha, levantado con ella a Bonnie que esconde su rostro en la curvatura de su cuello, Ross por su lado se acerca a mi agarrando mi mamá. Su sonrisa a hecho que más de uno la mire.

Bajan el ataúd y yo solo espero, pienso y analizo. Buscando la mejor manera de romperle cada hueso al maldito presidente, el maldito incompetente no lo ha encontrado. Me hizo desplegar a mis hombres, en cada aeropuerto, en la salida de la ciudad y en los malditos puertos que puedan haber. Ni una llamada he recibido desde entonces, hoy cuando el sol se oculte en el ocaso, lo haré pagar muy caro. Hasta que de sus ojos salgan sangre.

Una voz, un sonido. La vibración de mi teléfono, deshago mi agarre en la cintura de Daphne sacando rápido mi celular, y como si el cielo me hubiera escuchado. Dario es el remitente. Contesto, escuchando su voz cantarina, su respiración atraviesa la linea. Entrecortada, superficial apenas perceptible.

—Lo han encontrado —suena casi con el muguido de una vaca, alto. Delatando su nerviosismo.

—No me grites, o perderás algo más que tú puesto —con mis palabras me gano una mirada inquisitiva de Daphne—. Prepara todo, llegaré en media hora.

Cuelgo agachandome, agarró de los hombros a Rossana, la sonrisa se apaga por unos segundos, mi corazón se altera, enfurecido como si le declarara la guerra a mis costillas. Le sonrió devuelta ganándole una mirada llena de confusión.

—Lo tengo, solo necesito que se vayan a casa. Ahora —demando, viéndola asentir con rapidez—. Sabes que hacer Ross.

—Me enseñaste bien.

—Para tener ocho eres bastante madura.

Se encoge de hombros sonriendo, me levanto y ella se va con Daphne cuando la suelto. Daphne no habla, pero su mirada basta para decirme lo que piensa.




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