Demasiado Lejos De Ti

Capítulo 11 - La distancia correcta

Durante los días siguientes, Clara descubrió que evitar a Alejandro Vidal era bastante más complicado cuando Alejandro Vidal parecía empeñado en comportarse con absoluta normalidad.

Eso era lo peor.

No hubo más mensajes a medianoche.

No hubo preguntas que no debía hacer.

No volvió a preguntarle por qué había reaccionado de aquella manera al conocer su compromiso.

Nada.

Alejandro llegaba cada mañana, recogía el café que Clara seguía preparando por una costumbre que empezaba a irritarla y entraba en su despacho.

—Buenos días, Clara.

—Buenos días.

Y punto.

Correcto.

Profesional.

Exactamente como debía ser.

El problema era que Clara había empezado a descubrir que la normalidad también podía resultar incómoda.

El miércoles, a las diez y veinte, Elena Robles dejó una carpeta sobre su mesa.

—Necesito esto para mañana.

Clara la abrió.

—Son ciento ochenta páginas.

—Ciento setenta y seis.

—Muchísimo mejor.

Elena sonrió.

—No tienes que leerlas todas.

—Ah.

—Solo las importantes.

Clara levantó la mirada.

—¿Y cómo sé cuáles son las importantes si no leo las ciento setenta y seis?

Elena pareció pensarlo.

—Ese es el espíritu.

—Empiezo a pensar que disfrutas haciéndome sufrir.

—Muchísimo.

Clara sonrió.

Trabajar con Elena se había convertido en una de las mejores partes del proyecto. Era exigente hasta resultar desesperante, pero nunca la trataba como a una secretaria a la que habían permitido sentarse accidentalmente en una mesa importante.

Le exigía porque esperaba que estuviera a la altura.

Y Clara empezaba a estarlo.

—Por cierto —añadió Elena—, mañana tendremos reunión con Dirección.

La sonrisa de Clara desapareció apenas un instante.

—¿Alejandro?

Elena la observó.

—Normalmente cuando digo Dirección me refiero al director general.

—Ya.

—Aunque si prefieres puedo decir «el hombre del piso treinta y dos».

Clara levantó la cabeza.

—¿Marta te ha contado eso?

—¿Contarme qué?

Demasiado tarde.

Elena sonrió.

—Interesante.

—Olvídalo.

—Por supuesto.

Se marchó llevándose el café.

Clara la siguió con la mirada.

Perfecto.

Ahora también Elena.

Volvió a la carpeta.

Ciento setenta y seis páginas.

Quizá no era tan mala idea después de todo.

⸻

La reunión del jueves empezó a las nueve.

Alejandro llegó el último.

Traje gris oscuro. Corbata azul. Una carpeta bajo el brazo.

Clara lo miró durante aproximadamente medio segundo antes de volver a sus notas.

—Buenos días.

—Buenos días —respondió Elena.

—Buenos días —añadió Clara.

Alejandro ocupó el asiento frente a ella.

Durante la siguiente hora hablaron exclusivamente de trabajo.

Procesos.

Costes.

Responsabilidades.

Plazos.

Y Clara consiguió olvidarse de todo lo demás.

Hasta que discutieron.

—No funcionará —dijo ella.

Alejandro dejó el bolígrafo.

—¿Por qué?

—Porque estamos intentando resolver un problema creando otro departamento.

—No es otro departamento.

—Tiene responsable, presupuesto y cuatro personas.

—Eso no lo convierte en un departamento.

Clara lo miró.

—¿Qué falta? ¿Una planta?

Elena bajó los ojos hacia sus papeles para ocultar una sonrisa.

Alejandro se recostó ligeramente en la silla.

—¿Cuál es su alternativa?

Clara se levantó y caminó hasta la pantalla.

—Esto.

Explicó su propuesta.

Al principio Alejandro la interrumpió dos veces.

A la tercera, Clara levantó una mano.

—Déjame terminar.

Se hizo silencio.

Clara se dio cuenta inmediatamente.

Perdón, déjeme terminar.

Alejandro la miró condescendiente.

Elena levantó ligeramente una ceja.

Pero nadie dijo nada.

—Continúe —dijo él.

Clara terminó la explicación.

Cuando volvió a sentarse, Alejandro permaneció unos segundos mirando el esquema.

—Puede funcionar.

—Funcionará.

—No he dicho eso.

—Pero lo estás pensando.

Otra vez.

Clara cerró los ojos un instante.

Aquello empezaba a escapársele.

Alejandro, sin embargo, no pareció molesto.

—Tiene una confianza preocupante en su capacidad para leerme el pensamiento.

—Solo cuando hablamos de trabajo.

La frase salió demasiado deprisa.

Alejandro sostuvo su mirada durante un segundo más de lo necesario.

Después volvió a los documentos.

—Probemos su propuesta.

Elena cerró la carpeta.

—Perfecto.

La reunión terminó diez minutos después.

Clara recogió sus cosas.

Alejandro recibió una llamada y salió al pasillo.

Elena esperó a que desapareciera.

—¡Clara!

—No.

—Todavía no he preguntado nada.

—Precisamente.

Elena sonrió.

—Cada vez lo tuteas más.

Clara guardó el portátil.

—Trabajamos muchas horas juntos.

—Yo llevo trabajando con él doce años.

—¿Y?

—Sigo llamándolo Alejandro.

Clara la miró.

—Exactamente.

—No has entendido nada.

—Eso espero.

Salió de la sala.

⸻

A mediodía recibió un mensaje de Victoria.

Victoria: ¿Tienes cinco minutos?

Clara sintió una pequeña presión en el estómago.

No quería convertirse en confidente de la mujer con la que Alejandro iba a casarse.

Pero tampoco podía ignorarla.

Clara: Sí.

Victoria apareció media hora después.

Esta vez no llevaba el aspecto impecable de la primera ocasión. Vaqueros, jersey claro, cabello recogido.

Parecía más joven.

Y mucho más cercana.

Bajaron a tomar café.

—Prometo no volver a interrogarte sobre Alejandro —dijo Victoria nada más sentarse.

Clara sonrió.

—Te lo agradezco.




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