Una semana bastó para que Mila se sintiera bien con su familia, conoció su habitación, aunque no la recuerda se sintió en casa. Liam estuvo todo momento con ella, dándole tiempo, Mateo también estaba a su lado, no la soltaba de la mano.
Los padres estaban tan felices que no les importaba darle todo el espacio a Mila, se conformaban con saber que por fin la habían encontrado.
Horus no perdió el tiempo se ofreció ser el abogado de la familia para abrir el caso de Mila y su desaparición los padres adoptivos iban a ser llamados a declarar, tenían en su poder a una menor de edad robada y Mateo pensaba que lo que le contaron a Milá sobre su adopción no era la verdad y el y Horus iban a llegar hasta las últimas instancias para que las personas que le hicieron eso a la familia pague.
—¿Estás bien? —Mateo se acerca a Mila
—Solo estoy un poco mareada, será por todo esto que ha pasado.
—Te llevaré al doctor, no quiero que te enfermes.
—Mi hermano dice que también se siente mal, cosas de hermanos.
—Haré la cita para la tarde.—le da un beso en la frente.— Y después podemos ir al cine o a cenar.
—Ambas cosas me gustan.
—Entonces mandaré a Madison con los tíos y tendremos una cita.
—Si, mientras terminare de mandar mis documentos a la universidad, por cierto papá se ha ofrecido pagar todo, se que tu te ofreciste pero…
—Que él pague, no tengo ningún problema, y él se sentirá bien, siente que te debe mucho.
—No fue culpa de él ni de nadie, solo de las personas que me llevaron.
—No le he preguntado a Horus como va por eso.— se levantó de la cama—. Prefiero no saber por mi paz mental.
—Todo está bien ahora cariño, te prometo que nadie volverá a separarte de tu familia, ni de mi.
—No quiero ir a ningún lado sin ti.
Mateo la jala hacia él, caen juntos en la cama.
—Se nos hará tarde.
—Quiero que nos haga tarde—le susurra al oído, mientras sus manos recorren su muslo.
—Mateo…
—Shh
Mateo no se detiene, la acaricia con suavidad, Mila le quita la playera, a sus 41 años era un hombre atractivo, le gustaba hacer ejercicios y comer sano.
—Te amo. —Mila deja pequeños besos en el pecho de Mateo.
—Me encantas, Emma.
Mila sonrió, es la primera vez que la llamaba así y le había gustado.
—Me gusta mi nombre en tu voz.
—Te llamaré así de ahora en adelante.
Mateo la toma de la cintura y la pone debajo de él. Le quito la ropa hace mucho que Emma dejó de sentir vergüenza por su peso, Mateo la había visto desnuda muchas veces y siempre le decía que le encantaba.
Mateo estaba por besarla cuando ella lo empuja.
—¿Que sucede?
Emma no le contestó, salió corriendo al baño. Mateo fue atrás de ella, alcanzó a llegar al baño, estaba agachada vomitando. El se acercó para ayudarle con el cabello.
Cuando terminó Mateo la ayudó a ponerse de pie.
—No me siento muy bien.
—Cariño…
—No he estado comiendo bien estos días, no es nada, no te preocupes.
—¿Cuándo te toca tu menstruación?
Emma se queda en silencio, pensando lo que Mateo le acaba de preguntar.
—No he tenido la menstruación.
—¿Desde cuándo? —Mateo saca su celular.
—Hace una semana o más, no sé.
—Saldré a buscar una prueba de embarazo.
Mateo tardó media hora, Emma estaba nerviosa había llamado a su hermano para contarle, no fue consciente hasta que su hermano contestó.
—Creo que estoy embarazada.
—Si, yo también. —respondio Liam.
—Es demasiado pronto. —Emma se sienta al borde de la cama
—Mateo te ama, además ahora no estás sola, nos tienes a nosotros, me tienes a mi Emma.
—Si, tienes razón, solo es que no puedo creer que pueda estar embarazada.
—Si lo estas, vamos a estar todos felices por ti.
—No se como lo vaya a tomar Madison, lleva doce años siendo hija única.
—Es comprensible que tengas miedo, pero esa niña te quiere mucho ¿no te has dado cuenta como te cuida?
—Mateo abrió la puerta.
—Mateo está aquí, te llamo después.
—Ok. Estae esperando el resultado.
—¿Le has contado a Liam?
—Si, le he llamado.
—Aquí está la prueba.
Entraron los dos al baño, Emma hizo pipi en la prueba.
—Tenemos que esperar cinco minutos.
Mateo la abrazo.
—oye, pase lo que pase vamos a estar bien.
—No se como paso, me estaba cuidando.
—No pienses eso ahora. Estamos aquí los dos y te amo.
Cuando pasaron los cinco minutos, Mateo fue el primero que tomó la prueba, hace años pensó que no volvería a ser padre y estaba bien con eso, pero ahora que había la posibilidad estaba feliz y nervioso a la vez.
Las dos rayas estaban marcadas, Mateo fue el primero en verla.
—¿Estoy embarazada?
Mateo pone en su mano la prueba.
—Lo estás, estás embarazada.
Mateo la abraza, y le da un beso por toda la cara.
—Vamos a hacer papas, Dios. te amo amor.
Se abrazaron y besaron por algunos minutos, los dos estaban llorando, Mateo que era un hombre que pocas veces lloraba lo hacía, no dejaba de tocar la pancita de Emma que aunque aún no se notaba, el sabia que esta ahi.
—¿Qué vamos hacer?
—Hacer una cita con el ginecólogo, eso es lo primero para saber que todo esté bien.
Emma guarda la prueba, mientras Mateo busca en internet el contacto del ginecólogo de Lily. Llamó en cuanto encontró el contacto.
—Listo quedo para la tarde a las siete.
—Podemos quedarnos en casa, no quiero salir hasta la hora de la cita.
—Como tu quieras, compramos comida y vemos una película, me gustaría decirle a Madison, no quiero ocultarle esto, podemos esperar a contarle a los demás miembros de la familia. Pero no quiero ocultarle a Madison.
—Se lo podemos decir ya, espero que lo tome bien.
—Se pondrá feliz. Sera hermana mayor.