Nicole
Dos años atrás...
Negué con la cabeza.
No.
No.
No podía ser.
La pequeña ventana del baño dejaba entrar apenas un hilo de luz grisácea que apenas alcanzaba a iluminar el diminuto espacio. Las paredes estaban húmedas, el espejo tenía una grieta en una esquina y el lavamanos perdía una gota de agua cada pocos segundos.
Tac.
Tac.
Tac.
El sonido era insoportablemente fuerte en medio del silencio.
Seguía sentada sobre la tapa del inodoro, inmóvil con la mirada perdida, con la mente completamente en blanco y con aquella maldita prueba de embarazo colgando entre mis dedos.
Dos líneas.
Dos simples líneas rosadas.
Las observé durante un largo rato, esperando que desaparecieran, que cambiaran.
Que una de ellas se borrara por arte de magia, pero seguían allí firmes, inmutables, positivas.
Sentí un escalofrío recorrerme el cuerpo.
—No...
Mi propia voz sonó extraña, lejana, casi irreconocible.
Volví a mirar el envase, volví a leer las instrucciones.
Una.
Dos.
Tres veces.
Como si las palabras fueran a cambiar, como si hubiera interpretado mal algo tan sencillo.
"Dos líneas: embarazada."
No.
No.
Tenía que haber un error.
Quizás la prueba estaba defectuosa.
Sí.
Eso tenía mucho más sentido.
Había comprado la más barata de la farmacia.
Seguro estaba vencida o yo había hecho algo mal.
Tenía que existir alguna explicación lógica porque la otra opción era imposible.
Sentí que el aire comenzaba a faltarme.
Llevé una mano temblorosa hasta mi abdomen. No sentía absolutamente nada ¿Cómo iba a sentir algo? Era absurdo, ridículo, no había nadie ahí.
Sacudí la cabeza con fuerza.
—No...
Las lágrimas comenzaron a acumularse sin que pudiera detenerlas ya que todo aquello tenía que ser una pesadilla, una broma cruel. Cualquier cosa menos aquello porque el padre de ese bebé...
Cerré los ojos con fuerza.
David.
Su nombre apareció en mi mente como una herida que jamás había dejado de sangrar.
El hombre al que seguía amando.
El hombre que me había pedido que desapareciera de su vida.
Todavía podía ver la forma en que había apartado la mirada de mí como si yo ya no significara nada, como si todo lo que habíamos vivido hubiera sido un error.
Apreté con fuerza la prueba de embarazo hasta que el plástico comenzó a crujir entre mis dedos.
No.
No podía estar embarazada.
Porque aquello significaría llevar dentro de mí un pedazo del hombre que jamás volvería a verme, del hombre que me odiaba.
Del hombre que, si llegaba a enterarse probablemente pensaría que intentaba amarrarlo con un hijo.
Un sollozo escapó de mi garganta antes de que pudiera contenerlo.
No.
David ya había tomado una decisión y yo había prometido respetarla, aunque esa promesa me estuviera destruyendo por dentro.
El teléfono vibró sobre el pequeño lavamanos.
Di un respingo.
La pantalla se iluminó.
Lucas.
"¿Nic? ¿Estás bien? Llevas casi media hora encerrada. ¿Te sientes mal?"
Me llevé una mano a la boca para ahogar otro sollozo.
Ni siquiera me había dado cuenta del tiempo.
Limpié rápidamente mis lágrimas con el dorso de la mano y traté de controlar mi respiración.
No podía preocupar a Lucas.
No después de todo lo que había pasado. Él necesitaba tranquilidad.
No más problemas.
Escribí una mentira con los dedos temblorosos.
"Sí. Solo me cayó mal el desayuno."
La respuesta llegó apenas unos segundos después.
"¿Segura?"
Cerré los ojos.
No.
No estaba segura de absolutamente nada, solo sabía una cosa. Necesitaba otra prueba porque me negaba a creer que esas dos pequeñas líneas acababan de cambiar mi vida para siempre.
Actualidad
Todavía podía sentir el calor de sus manos.
El simple hecho de haber visto a David sosteniendo a Emma había detenido mi corazón durante un segundo eterno.
Y eso me aterraba.
No porque creyera que fuera a hacerle daño.
Jamás.
David podía odiarme con toda su alma, pero nunca lastimaría a un niño. Lo que realmente me asustaba era que descubriera la verdad.
Apreté a Emma con fuerza contra mi pecho mientras caminaba lo más rápido que podía hacia la salida del restaurante.
No debía mirar atrás. No debía hacerlo, pero lo hice.
David seguía inmóvil en el mismo lugar donde lo había dejado con aquella expresión completamente perdida. Como si todas las certezas que había tenido durante los últimos dos años acabaran de derrumbarse frente a él.
Sentí un nudo en la garganta.
No.
No podía permitirme sentir lástima.
No después de todo.
—¡Nicole!
La voz de Lucas llegó desde un costado.
Giré la cabeza.
Venía caminando deprisa hacia nosotros.
Su expresión cambió por completo al verme.
—¿Qué pasó?
No alcancé a responder.
Sus ojos viajaron por encima de mi hombro hacia David y entonces lo entendió todo. Vi cómo su mandíbula se endurecía, cómo sus manos se cerraban en puños, cómo aceleraba el paso dispuesto a ir directamente hacia él.
—Lucas.
Lo sujeté del brazo con fuerza.
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Editado: 26.09.2026