David
Aún en estado de shock llegamos a la mansión.
El trayecto completo fue un borrón.
Liam y Ethan iban jugando detrás del automóvil antes de subir. Durante todo el camino discutieron por una hamburguesa, por quién había ganado en los juegos y por alguna regla inventada que solo ellos entendían. Reían, peleaban y volvían a reír como si el mundo siguiera exactamente igual.
No se dieron cuenta de mi estado.
Estaban demasiado ocupados viviendo su infancia para notar que su padre había dejado de respirar con normalidad.
Yo no había regresado de ese lugar, seguía allí parado frente a Nicole, con esa niña en mis brazos, sintiendo un perfume que creía olvidado y mirando unos ojos que parecían perseguirme incluso cuando cerraba los míos.
Apagué el motor, pero no fui capaz de mover un solo músculo.
Mis manos seguían sujetando el volante con tanta fuerza que los nudillos empezaban a dolerme.
¿Cuánto tiempo había pasado?
Dos años.
Dos malditos años.
Y aun así estaba más hermosa de lo que la recordaba, muchísimo más.
No era la misma Nicole que salió de mi casa con los ojos llenos de lágrimas. Había algo distinto en ella. Más madura. Más fuerte. Más mujer. Ya no tenía esa fragilidad que tantas veces vi esconder detrás de una sonrisa.
Y eso me estaba matando porque mientras ella parecía haber aprendido a vivir sin mí, yo acababa de descubrir que ni siquiera sabía quién era ella ahora.
Las preguntas empezaron a golpearme una detrás de otra, sin darme tiempo para responder ninguna.
¿Se casó?
¿Encontró a alguien?
¿Ama a otro hombre?
¿La hace feliz?
¿La abrazará como yo nunca supe hacerlo?
Cerré los ojos un segundo.
Soy un completo idiota.
Hasta esta mañana me daba exactamente igual cualquier cosa relacionada con Nicole Miller. O al menos eso me repetía desde hacía dos años.
Había aprendido a pronunciar su nombre solo en mi cabeza. A enterrarla bajo reuniones, contratos y horarios imposibles. Pero bastó verla unos segundos para que todo ese trabajo se desmoronara y no solo ella había cambiado.
Lucas...
El chico delgado que apenas podía caminar sin cansarse se había convertido en un hombre. Alto, firme, con una mirada que intimidaba. Cuando dio un paso hacia mí pensé, por un instante, que iba a golpearme y habría dejado que lo hiciera porque en su mirada había un odio que yo mismo sembré.
Si Nicole no lo hubiera detenido, estoy seguro de que Lucas habría intentado romperme la cara delante de todo el parque y quizá tendría razones de sobra.
Pero ni siquiera eso era lo que más me inquietaba.
Emma.
Su nombre vuelve a mi cabeza como un eco.
Emma.
Hay algo en esa niña que no me deja tranquilo.
No consigo apartar su imagen, su risa, sus mejillas, la forma en que me miró cuando la sostuve. Y esos ojos...
Maldición.
Nicole y yo tuvimos intimidad muchas veces. Algunas con protección, otras simplemente no pensamos en nada. Siempre di por hecho que ella se cuidaba, nunca hablamos de hijos.
Abrí los ojos de golpe.
¿Y si Emma es mi hija?
El pensamiento me golpeó con tanta fuerza que sentí un vacío en el estómago.
No podía ser, pero tampoco podía ignorarlo.
El parecido con Liam y Ethan era demasiado evidente. La misma forma de los ojos, la misma nariz, incluso la manera de fruncir el ceño cuando algo no le gustaba.
Cualquiera que los viera juntos diría que eran hermanos y ese pensamiento empezó a convertirse en una obsesión.
No fui consciente del tiempo hasta que alguien abrió bruscamente la puerta del conductor.
—¿Y a ti qué bicho te picó?
Parpadeé varias veces, como si recién despertara y giré la cabeza.
Cassie estaba apoyada en la puerta, mirándome con el ceño fruncido. Recién entonces noté que los niños ya no estaban en el auto.
¿En qué momento se bajaron?
¿En qué momento entraron a la casa?
No tenía idea.
—Dav... —su voz cambió de inmediato—. ¿Te sientes bien?
Su tono ya no era de burla sino una de preocupación.
Tardé unos segundos en contestar.
—La vi.
Las dos palabras parecieron congelarla.
—¿A quién?
La miré.
—A Nicole.
Vi exactamente el instante en que el color abandonó el rostro de mi hermana.
Retrocedió un paso, completamente sorprendida. Luego rodeó el automóvil a toda velocidad, abrió la puerta del copiloto y se sentó de golpe.
Perfecto, ahora sí tenía toda su atención.
—No hablas en serio.
Negué muy despacio.
—¿Qué pasó? ¿Ella te vio? ¿Hablaron? ¿Dónde fue? Dios, necesito detalles... y vas a empezar a hablar ahora mismo.
Solté un suspiro pesado.
Las manos que seguían aferradas al volante terminaron cubriéndome el rostro.
Me froté los ojos con fuerza.
Intentaba ordenar imágenes que aparecían una encima de otra.
Nicole alejándose.
Lucas interponiéndose.
Emma llamándola "mamá".
—Tiene una hija.
El silencio fue inmediato.
—¿Qué?
—Se llama Emma.
Cassie dejó de respirar.
—Estaban los tres en el mismo lugar donde llevé a Liam y Ethan... ya sabes, el local de hamburguesas al que ellos siempre quieren ir.
Ella seguía procesándolo.
—¿Los tres? Espera... ¿con otro hombre?
Cerré los ojos un instante.
—Con Lucas.
—Ah...
La vi mirar hacia el techo del auto mientras hacía memoria. Casi pude escuchar cómo acomodaba las piezas dentro de su cabeza.
En otro momento me habría reído, ahora apenas conseguía hablar.
—Ese niño frágil, el del corazón débil ahora es un hombre hecho y derecho. —tragué saliva— Y Nicole... —las palabras pesaban demasiado— Nicole está tan fuera de mi alcance —Mi propia voz sonó derrotada, como la de alguien que perdió algo mucho antes de entender cuánto valía—. A diferencia de mí... ella se veía bien.
Muy bien.
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Editado: 26.09.2026