“S-supongo que todo comenzó después del secuestro ¿Recuerdas que me aislé? Al final solo hablaba contigo y con mi mamá. No quería ver a mi padre porque mi asco volvía y sentía mi cuerpo arder o como si cosas muy pequeñas se arrastraran por mi piel. Fue muy duro hasta para él.
— ¿Segura que no quieres salir?— Preguntaba mi mamá cada que venía a verme por las mañanas, por las tardes y por las noches— Al jardín solamente, y me hare cargo de que no haya nadie.
Yo siempre negaba.
— ¡Hola!— Saludaste aquel día, entrando a mi habitación, a lo que yo solo pude recibirte con un fuerte abrazo, como cada que venías— Está bien, está bien ¿Quieres que juguemos un poco? Quizá podamos salir al patio y…
Negué contra tu pecho, apretándote con fuerza.
—Bien…— Me dijiste y entonces me abrazaste con la misma intensidad— Todo estará bien, jugaremos aquí ¿Si? Lo que sea está bien ¿Si? Podríamos pintar o buscar dulces en la cocina ¡Olía delicioso cuando venia llegando!
—Siempre piensas en comer— Limpie mis lágrimas con una leve sonrisa dibujada en su rostro. Se habían escapado algunas entre el abrazo.
Me sentía tranquila con ustedes dos, pero incluso así, contigo era diferente, me sentía ansiosa, y de alguna forma feliz, podía sonreír y el verte con esa actitud tan positiva pese a todo me hizo verte como alguien increíblemente fuerte y aun te veo así, eres increíble, muy lista pese a lo que pueda parecer pero sobre todo, amaba, amo verte sonreír”
— ¿Cómo que pese a lo que puede parecer?— Pregunte, levantando mi mano.
Cleo solo me sonrió, lo que no me respondió nada pero ya no interrumpí su relato.
“La cosa es que me di cuenta de que me gustabas, incluso llegue a pensar en que podríamos casarnos cuando creciéramos, al fin y al cabo, nuestras familias eran cercanas pero estaba claro que era imposible.
—Oh, cariño— Me había dicho mi mamá acariciando mi cabeza en cuanto le conté— No creo que puedan hacerlo…
— ¿Por qué?— Pregunte, consternada en ese momento— Ella…
—No se trata de ustedes— Me explico mamá, negando con la cabeza, haciendo una mueca triste— Ella es… De una familia que es diferente a la nuestra, en muchos aspectos y seguro ya escogieron marido para ella así que es imposible, incluso si ustedes se quieren de esa forma…
—Pero ella me dijo que el amor siempre gana…— Esa era una frase que siempre me decías, Ceres y creo que se me quedo grabada desde que era pequeña, además, siempre terminábamos leyendo libros románticos donde el amor ganaba al final, así que yo termine pensando lo mismo.
—Pero no siempre lo hace— Mi mamá beso mi frente y entonces me abrazo— Oh, cariño, es duro, es tu primer amor pero debes entender tu lugar también, no pueden dejarse llevar por esas ideas sin futuro… Lo único que importa es lo que aportan a la familia ¿Lo entiendes? Como yo o tu papá…
La verdad nunca indague más allá de eso. Quizá mamá fue obligada a casarse con papa para unir a nuestras familias o quizá fue al revés, el caso es que en ese momento, me puso triste.
—Además, no sabes si a Ceres le gustan las chicas y podría verte raro, podrías volverte hasta una extraña para ella después de eso— Me explico mamá mientras me miraba a los ojos— Y no quiero ese dolor para ti ¿Si? Mejor olvídala y sigue siendo su amiga, es necesario, tanto para ti como… Para la familia.
—Pero yo no quiero que me trate como extraña— Le dije en ese momento, muy asustada solo de pensarlo. Eras la única que me alegraba además de ella y sin ti, me habría sentido muy mal, mucho peor de lo que ya estaba.
—Entonces, olvida tus ideas y céntrate en cuidar su amistad, solo eso son— Insistió mamá.
—Si…
Supongo que después de eso, lo hice, al menos lo más que pude pero era difícil, ya que siempre estabas ahí siendo tan… tú, acelerando mi corazón y yo siento tan tonta, siguiéndote a todos lados y procurando no decir nada raro para no terminar con nuestra amistad.
Pese a todo, mi prioridad es que te quedaras conmigo.
Gracias a ti fue que logre salir de mi habitación y de mi casa, e incluso logre ver a mi papá sin sentirme intimidada, lo que fue un gran alivio para él porque pensó que lo odiaba pero nada más lejos de la realidad.
Fue entonces que conocí a Dafne.
Los Rinaldi y los Greco son cercanos, no tanto como mi familia con la tuya pero si lo suficiente como para asistir a reuniones con ellos y pese a que conocía a Dafne de lejos, nunca hablamos mucho hasta que su padre comenzó a llevarla a las reuniones con mi padre… Algo de una alianza comercial pero la realidad es que ahora mismo ni recuerdo sobre qué.
De hecho, fue ella quien comenzó a hablarme y fue gracias a los libros, pues yo estaba leyendo una novela que me recomendaste y ella la conocía así que logramos hablar un poco sobre ella con soltura, como si fuera lo más normal.
Dafne era lo contrario a ti, Ceres, una chica más callada, más calmada pero tenía su propio brillo, lo admito.
—Espero podamos hablar más— Me dijo con una brillante sonrisa.
— ¡Espero lo mismo!— Respondí cuando nos despedimos ese día.