Microrrelatos/ Historias cortas

RORY: LA NOCHE DE HALLOWEEN QUE CAMBIÓ TODO

RORY: LA NOCHE DE HALLOWEEN QUE CAMBIÓ TODO

Advertencia: el siguiente relato contiene elementos de dark romance así como también contenido sexual explícito y lenguaje vulgar. Leer bajo vuestra responsabilidad.

**Este relato corto también está publicado aparte en mi perfil

Me desperté sin aliento, jadeando por la falta de aire. Aghh, otra vez ese mismo sueño… uno más donde aparecía ese misterioso muchacho de ojos grises que no conocía de nada.

La primera vez que soñé con él, yo tenía quince años. En el sueño, estábamos los dos solos en mi casa, y estaba molesta por un motivo que, a día de hoy, sigo sin recordar, pero que a la vez intuyo que eran celos, pues en el sueño, me daba cuenta de que él me gustaba. Suena a locura, porque yo no conocía a ningún chico que tuviera el pelo castaño oscuro y los ojos grises.

Pero al parecer, él a mi sí. Y eso era lo que más me confundía.

“Cálmate, Rory, no pasa nada, es solo un sueño” – me dije a mi misma mientras me levantaba de la cama y me dirigía a la ventana para mirar el exterior, no porque hubiese alguien espiándome, sino porque había veces que me gustaba contemplar el paisaje. Simplemente era algo que me relajaba.

Miré la hora. Eran las 3:17 de la madrugada. Suspiré. Ya era 31 de octubre y por lo tanto, Halloween. Nunca me había gustado mucho esa festividad, ya que no era fan de la temática de todo lo relacionado con los muertos y sus cosas macabras. Aunque me permitía hacer una excepción todos los años durante el uno de noviembre por el día de todos los santos, porque iba al cementerio a ver a algunos de mis seres queridos que ya no se encontraban en este mundo, entre los que estaban mi abuelo materno Jerónimo, mi tío Domingo, mi bisabuela Antonia, mi tío abuelo Raimundo e incluso una amiga de mi madre y de la familia, Pilar, quien había sido una tía más para mi o incluso una segunda madre, y a quien se la había llevado el cáncer tras muchos años de estar luchando contra la enfermedad.

Me aparté de la ventana un poco mas tranquila que antes, pero sin ser capaz de quitarme de encima esa sensación de confusión y a la vez de familiaridad. Esta última ya la había sentido una vez unos años atrás cuando tuve otro sueño distinto del que me perseguían ese par de ojos grises que ya conocía tan bien. Solo lo había tenido una vez, pero en ese, me despertaba en nuestra casa de campo sin ser consciente de cómo había llegado hasta allí, pues me encontraba totalmente sola. Lo único de lo que me acuerdo es que, como la casa no está lejos del pueblo de mi madre, podía ir a pie sin problemas y quedarme ahí hasta que vinieran mis padres a recogerme…por suerte ese sueño acababa de manera decente, normal incluso.

Como sabía que ya no sería capaz de dormirme, me puse ropa cómoda y decidí salir a dar una vuelta, aunque no tuviese claro a donde ir. Y sin saber cómo, mis piernas me llevaron a la puerta del cementerio, y ya allí, me di cuenta de que esta estaba ligeramente abierta, cosa que me extrañó, porque el vigilante solía cerrarla siempre para evitar que entrara gente y destrozara las tumbas y panteones.

Me recorrió un escalofrío, pero lo ignoré. Me volví a decir que todo estaba bien y, respirando hondo, fui a buscar la tumba de mi abuelo materno, que además era la que estaba más cerca de la entrada en caso de que me pasara algo.

- Abuelo… - dije en voz baja cuando llegué a su tumba – He venido un año más a verte. Espero que hayas encontrado el descanso eterno. Que sepas que se te echa mucho de menos.

Esbocé una sonrisa triste. El abuelo se había ido antes de tiempo por culpa de una bronquitis de la cual tuvo que ingresar de urgencia en el hospital de mi ciudad, debido que su médico del pueblo no tenía las medicinas necesarias – era una pena, pero por desgracia, así eran los centros médicos de los pueblos donde hay muy pocos habitantes. No me pude despedir de él, ya que mis padres decidieron que, como el abuelo estaba muy mal, no querían que lo viera en ese estado, y lo mejor era que me quedara con los recuerdos bonitos

Me quedé un rato más ahí, contemplando la foto que le habían colocado en la lápida junto a las flores. Era de hace no mucho tiempo antes de fallecer, pero daba igual, porque el abuelo siempre había sido un hombre muy guapo y muy buena persona.

De repente, oí un crujido a mis espaldas y me di la vuelta para ver quien era, asustada, pero no había nadie. Me volví para seguir mirando la tumba, pero me percaté por el rabillo del ojo de que efectivamente, no estaba sola. A mi derecha se encontraba alguien – un encapuchado que llevaba puesta una máscara de Ghostface. Me invadió una ola de familiaridad, la misma de hacía un rato, pero no pude evitar pegar un paso hacia atrás debido al susto.

- ¿Quién eres? – le pregunté.

El desconocido no contestó.

Entonces caí en la cuenta. Era como el chico de mis sueños, ni muy alto ni muy bajo para ser el estándar de un hombre. A no ser que… No, no podía ser posible.

- Al menos quítate la máscara – ordené – Quiero ver tu cara.

El enmascarado se quedó quieto unos segundos, pero aun así, lentamente, se la quitó, confirmando lo que ya temía: Era el chico de mis sueños. Mismos ojos grises y pelo castaño oscuro. No era ni feo ni guapo, pero desprendía una energía misteriosa y a la vez oscura. Como si fuera el mismo ángel de la muerte.

Instintivamente, di otro paso atrás. Él observó ese movimiento, y avanzó hacia mi, pero no mucho, y seguí andando hacia atrás, presa del pánico hasta que mi espalda chocó con una lápida. El muchacho se paró a pocos metros de mi y me tendió una mano.

- Ven conmigo. Hablemos en un sitio más íntimo. Sé cuánto respetas este lugar y a quienes están descansando aquí.

- ¿Qué? Ni de broma voy a ir contigo a ningún lado. Además, no te conozco y podrías ser un asesino.

- Eso no es cierto. En el fondo sabes perfectamente quién soy y eres consciente de que jamás te haría daño. Al menos, que quieras que te lo haga de una manera que realmente deseas.



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En el texto hay: crush, amor, metas

Editado: 02.11.2026

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