100 años de redención.

Más intrigas y misterios por resolver

Marcel le hizo una seña discreta a su hombre y este sin dudarlo le bloqueo el paso al asechador dándonos un momento a solas, sin su aguda vista sobre nosotros.

—Jazmín, creo que ya es momento de que nos separemos —me dijo Marcel con serenidad alejándose un poco de mi lado — Te recomiendo que hables con tu familia sobre todo esto, cuantas más personas estemos de tu lado, más oportunidades tendremos de ganar. Y no te preocupes por tu madre ni por sus deseos de vernos juntos; yo nunca haré nada que tú no quieras o que te haga sentir incómoda.

—De acuerdo —respondí, sintiendo cómo se aliviaba un poco la tensión en mi pecho— Gracias por todo, Marcel; sin duda eres un hombre extraordinario. Por favor, hazme el favor de coordinar una cita con ellos dos, yo no puedo en este momento.

Sin dudarlo, sacó su teléfono y me lo tendió con ambas manos.

—Este es mi teléfono personal; en la agenda tienes guardados los números de Elvira y de Ignacio.

—No puedo aceptarlo —me negué de inmediato, empujando su mano con suavidad y firmeza.

—Tranquila, todavía tengo el del trabajo, así que no me quedo incomunicado —me explicó con una sonrisa— Además, este tiene todas las medidas de seguridad, los datos están encriptados y protegidos. —Mientras hablaba, ya marcaba desde su segundo aparato— Ahora también tienes este número; llámame a cualquier hora, de día o de noche, y te responderé al instante.

Cada minuto que pasaba me sentía más agradecida y también más en deuda con él. Hacía tanto por mí sin pedir nada a cambio, sin condiciones ni segundas intenciones.

—Gracias de nuevo.

—No me des las gracias todavía. Si alguien intenta instalar algo o vigilar esta línea, me llegará una alerta de inmediato. Tu investigación está casi perfecta; sigue así, no te desanimes y recuerda, no estás sola en esto.

Nos abrazamos con fuerza, sintiendo que ese contacto reparaba un poco los pedazos de mi corazón roto. Era verdad, no estaba sola en esta batalla, y todavía teníamos posibilidades de salir adelante, siempre que nos mantuviéramos unidos.

—Cuídate mucho, por favor —le dije separándome para mirarlo a los ojos— Me da miedo estar poniéndote también en peligro.

—Que lo intenten —respondió con una sonrisa desafiante— Ya verán de qué estoy hecho.

Nos despedimos en el estacionamiento. Mientras lo veía alejarse en su coche, no podía dejar de pensar que hoy le había entregado a Miguel todo el material que necesitaba para atacarme. Sin duda, no tardaría en presentarse ante Rafael para contarle una versión tergiversada de lo que había visto. Pero había una duda profunda, una espina clavada en mi conciencia que no me dejaba pensar con claridad.

Subí a mi vehículo y, aunque intentaba conducir con calma, esa pregunta seguía atravesándome la mente una y otra vez…

¿Por qué Miguel no ha pedido que liberen a Eva, igual que hizo con Andrés? Ella podría quebrarse en cualquier momento y revelar todos sus planes… ¿Por qué no la menciona siquiera, por qué permite que siga siendo interrogada y presionada cuando con un simple mensaje podría sacarla de ahí?

De pronto frené en seco al escuchar el claxon de otro coche; el semáforo estaba en rojo y por poco me llevo por delante a quien iba pasando. Mis manos temblaban sobre el volante, mi corazón golpeaba con tanta fuerza que parecía querer salirse de mi pecho, y un sudor frío me recorrió desde la nuca hasta la espalda.

Cuando recuperé la compostura, me obligué a concentrarme solo en el camino que tenía delante. No podía permitirme un accidente ni un descuido en este momento. Al llegar al hospital, vi a Jana en la planta baja; en cuanto me vio, corrió hacia mí con una mezcla de entusiasmo y preocupación.

—¡Cuñada, al fin has vuelto! —dijo en voz baja, tomándome de ambas manos.

—Por supuesto que volvería —respondí con firmeza— Después de todo, Rafael sigue siendo mi esposo, aunque no sé por cuánto tiempo más.

Esa seguridad en mi voz le hizo entender al instante que algo había cambiado. Rápidamente me guio hacia una sala apartada y tranquila.

—Ya veo que también te has dado cuenta —comentó— Mamá se ha sentido muy mal desde que Miguel se fue; ahora mismo está descansando aquí. Tenemos que hablar las tres juntas.

Al abrir la puerta, vi a mi suegra recostada en una camilla con los ojos cerrados. Por un momento me pareció que se veía mucho más mayor de lo que recordaba, más frágil y vulnerable, como si el peso de todo lo ocurrido le hubiera quitado años de vida en solo unos días.

—Mamá, Jazmín ya está aquí —anunció Jana en un susurro suave.

Ella abrió los ojos con dificultad, como si le costara incluso mover los párpados.

—Qué bueno que hayas vuelto, Jazmín.

—¿Se siente bien, suegra? ¿Por qué está aquí sola? ¿Quién está cuidando a Rafael? —pregunté acercándome enseguida.

—A él le han dado un sedante y duerme profundamente —me explicó con voz cansada— En cuanto a mí… supongo que toda esta situación me ha pasado factura.

Arrastré una silla hasta quedar a su lado, tomé un paño húmedo para limpiarle con suavidad la frente y las mejillas.

—Usted también sospechaba, ¿verdad? Todo lo que decían Miguel y su familia no era verdadera preocupación; era pura intriga y ambición.

Ella solo asintió despacio, agotada. En ese momento Jana se acercó y puso su mano con cariño sobre mi hombro.

—De hecho, hace ya un año, el otro hijo de Miguel se puso en contacto conmigo —empezó a contar ella— Me dijo que su padre tenía la intención de proponer un matrimonio entre nosotros, pero que él ya tenía a la mujer que amaba y no quería esa unión. Me pidió en secreto que no aceptara si llegaba a ocurrir. Yo accedí de inmediato; tampoco tenía ningún interés en casarme, y mucho menos con él.

—Ya entiendo —dije, conectando las piezas— Así que todo esto se venía preparando desde hace mucho más tiempo del que imaginábamos.

—Y eso no es todo, cuñada —agregó Jana con expresión seria— Hace poco volvió a escribirme para pedirme que nos viéramos, y justo hace media hora me volvió a insistir, como si fuera algo urgente, una cuestión de vida o muerte.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.