100 años de redención.

Una apuesta alta.

Me acerqué con pasos cautelosos hasta Rafael; necesitaba estar segura de que los dos íbamos en la misma dirección.

—¿De verdad me crees? ¿Sin ninguna duda en tu corazón?

Rafael me miró directamente a los ojos y apartó todos los documentos que tenía delante.

—Te creo.

—Pero ya lo has visto —le dije con voz suave y firme— Miguel siempre ha ocupado un lugar muy especial en tu vida. Para mí es tan difícil pensar que, de un momento a otro, creas en mí y lo dejas a él de lado.

—Jazmín, lamento muchísimo que te sientas tan insegura, hasta el punto de creer que podría poner a alguien por encima de ti, que no te tomaría en cuenta ni escucharía tus dudas —respondió él con sinceridad— Es verdad, confiaba en Miguel, lo hacía con toda mi alma. Pero en el mismo instante en que él comenzó a denigrarte a ti, dejó de existir para mí. Ya he cometido demasiados errores en el pasado; no puedo soportar decepcionarte una vez más, y mucho menos perderte.

—¿Y si fuera verdad? —le pregunté, probando su lealtad— Si realmente estuviera saliendo a escondidas con Marcel, ¿te arrepentirías de esta decisión?

—No… —respondió sin dudar— Porque entiendo perfectamente que fui yo el primero en romper nuestros votos y la confianza que nos unía. También entiendo que tienes todo el derecho del mundo a hacer lo que quieras, después de todo el daño que te causé, por el bebé que perdimos, por la vida que no supe cuidar. Si después de todo esto todavía quieres divorciarte, aunque me duela en el alma y aunque no quiera hacerlo, te devolveré tu libertad. Solo dame tiempo para acostumbrarme a la idea de que te he perdido para siempre.

En sus ojos vi tanta sinceridad y tanto dolor que no pude evitar confiar en él de nuevo.

—Ya tenemos un plan para hacerlo caer —le expliqué con desición — Miguel es inteligente, pero también es muy codicioso, y esa misma codicia será su perdición.

Le entregué el documento que me había dado mi hermano, con los detalles del proyecto de Liliana. Mi suegra lo revisó con detenimiento y luego se lo pasó a Rafael, quien sonrió con aire satisfecho.

—Esto es perfecto —dijo— Sin duda caerá hasta el fondo. Es increíble ver hasta dónde es capaz de llegar por dinero. Le di todo lo que tenía, y aun así siempre quiso más.

—Tranquilo, hijo —le consoló su madre— Yo misma ayudaré a Jazmín con todo lo que haga falta; tú solo preocúpate de recuperarte.

—Por favor, cuídense mucho las dos —nos pidió él sosteniendo nuestras manos — Pronto estaré de pie y me uniré a la lucha.

Después de despedirse de su hijo, mi suegra tomó mi brazo y salimos juntas de la habitación. No dejaba de mirarme de reojo, como si quisiera preguntarme algo, pero no se atreviera a hacerlo. Así que di el primer paso.

—Marcel es un viejo amigo —confesé con voz firme— Me vi obligada a actuar de esa forma porque Miguel me estaba chantajeando. Todo lo que parecía real no era más que un montaje para engañarlo.

—Ya… ya entiendo —asintió ella aliviada — Ese desgraciado llevaba tiempo queriendo que su familia se uniera a la nuestra a toda costa, pero al ver que nos negábamos, ha ideado otro plan de respaldo. Si no puede lograr lo que quiere por las buenas, lo hará por las malas.

—Exacto —confirmé— Si no consigue unir las dos familias mediante un matrimonio, entonces la empresa dejará de estar bajo su control y pasará a ser únicamente de él.

—Tu familia me ha dejado realmente asombrada —me dijo con admiración— Se han movido con tanta rapidez y eficiencia. Sin su ayuda y sin la tuya, ya nos habrían dejado en la calle o, peor aún, nos habrían atado de por vida a una familia de sanguijuelas.

Tragué saliva con dificultad; ella todavía no sabía todo lo que estaba ocurriendo, y aunque no estaba segura de que mis sospechas fueran del todo ciertas, al menos quería mantenerla alerta.

—Suegra, creo que el verdadero plan de Miguel era que Rafael se casara con su hija. Una vez que ella quedara embarazada, pensaba matarlo.

Su rostro se puso pálido al instante y su cuerpo se tensó de golpe.

—¿Cómo… cómo puedes pensar eso?

—Piénselo bien —le expliqué con calma y firmeza— Rafael está en este estado, y Miguel le da medicamentos en secreto. Un solo paso en falso en este momento, y mi esposo podría no salir nunca de este hospital, más aún cuando tiene al médico de confianza metido en su bolsillo. Y aunque no fuera así, nada nos asegura que no quiera hacerle daño si no logra que se case con Adela. Cuanto más lo presionemos, más desesperado y peligroso se volverá.

—¿Así que sigues pensando que lo que pasó con el bebé no fue un accidente?

—Ya no tengo ninguna duda —respondí con gravedad— Tengo pruebas en mano de que ese médico está del lado de Miguel, y por eso temo muchísimo por la vida de Rafael.

Las piernas de mi suegra perdieron toda su fuerza; apenas logré sostenerla antes de que cayera al suelo.

—¡Jazmín! Entonces tenemos que sacarlo de aquí ahora mismo, sin esperar más.

—Lo sé. El tiempo se nos acaba. Esta trampa es de doble filo, o ganamos todo, o perdemos todo, no hay medias tintas.

Esa era la realidad, nos estábamos jugando el todo por el todo. Porque incluso si creíamos que llevábamos la delantera, podríamos perder a alguien en el proceso. Teníamos que pensar con la cabeza fría, actuar con mucha cautela, tener fe y esperanza, pero también ser conscientes de que las probabilidades de salir todos sanos y salvos eran de cincuenta por ciento.

Mi hijo, mi esposo, mi vida tal como la conocía hasta ahora… todo podía cambiar con el más mínimo descuido. Y además, todavía estaba el misterio de Eva…

—Vamos —le dije tomándola con más firmeza— Tiene que hablar con mi madre; ella le explicará todo con detalle, no nos podemos equivocar. Sea fuerte un poco más, aguante un poco más, que esto ya casi termina.




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