100 años de redención.

Al límite

Jazmín salió azotando la puerta con tanta fuerza que las paredes parecieron vibrar. En sus ojos brillaba una determinación inquebrantable, la de quien busca la verdad sin importar lo que tenga que enfrentar. Y esa última pregunta que me hizo quedó resonando en mi mente, una y otra vez, como un eco difícil de ignorar. La verdad es que ya estaba muy molesto por todo lo que había ocurrido, solo que no tenía fuerzas suficientes para pelear; pero al escucharlo salir de sus labios, ya no podía seguir haciéndome el desentendido.

Perdí a mi padre en un momento tan delicado de mi vida que, sin darme cuenta, terminé adoptando a Miguel como sustituto. Después de todo, apenas sabía cómo funcionaba la empresa, tenía mis propios sueños y metas que quería cumplir, y de la noche a la mañana no solo me quedé sin mi guía, sino que también me convertí en el cabeza de familia, en el presidente de la compañía y en la persona responsable de cientos de trabajadores que dependían de mí para mantener sus hogares.

No quería decepcionar a nadie; lo único que deseaba era hacerlo bien, que todos estuviéramos a salvo y tranquilos. Pero supongo que Jazmín tiene razón en algo, que yo lo considerara como un padre, no significaba que él me viera a mí como un hijo.

Traer de vuelta a Adela justo en este momento me dejaba más que claro que tenía segundas intenciones. Una vez más, me trataba como si fuera un niño inexperto, alguien a quien no había que escuchar ni respetar su propia voluntad.

Pero ¿a qué se refería realmente Jazmín con esas fotografías suyas junto a ese hombre? De repente sentía que todos me estaban ocultando cosas. Sabía que Jazmín no había tenido nada con Andrés; sabía que, por mucho que estuviera enojada conmigo, jamás se rebajaría a algo así. Ella estaba sufriendo en silencio y se mantenía firme delante de mí porque alguien la presionaba desde lejos. Y si de verdad esa persona era Miguel… entonces yo también olvidaría todo el cariño y la confianza de décadas. Le haría conocer el infierno mismo, tal como se lo prometí a mi esposa y a mi hijo aquella noche.

La puerta se abrió lentamente; era la enfermera, con su bandeja de medicamentos en las manos.

—¿Cómo se siente, señor? ¿Está cómodo o le molesta alguna parte?

—Estoy bien, solo me duele un poco todavía —respondí con voz cansada.

—Es normal, el tratamiento es fuerte, pero con suerte podrá irse a casa en pocas semanas, sin necesidad de pasar por el quirófano. ¿No suena prometedor?

—Jajaja, desde luego que sí —sonreí levemente— Después de esto, jamás en mi vida volveré a probar ni una sola gota de alcohol.

—¡Esa es la actitud correcta! —me animó con una sonrisa.

Una vez que me administró la medicina y se retiró, volví a quedarme solo. Ya no podía negar más la realidad, con mi propio comportamiento, estaba alejando a las personas que más amaba. Todo seguía siendo culpa mía, y cada día me hundía más en este abismo. Lo que más me aterraba era pensar que, en cualquier momento, ya nadie querría tendererme una mano para sacarme de este pozo de confusión y dolor.

Ni siquiera recuerdo en qué momento me quedé dormido, pero al abrir los ojos de nuevo, vi a la enfermera en la habitación… y a su lado, estaba Miguel. La luz de un nuevo día brillaba devilmente por la ventana.

—Pero mira quién duerme hasta tan tarde, como si no un jueves —dijo con su tono amistoso de siempre— ¿Cómo te sientes, muchacho?

Miguel dejó una cesta con frutas sobre la mesita de noche y se sentó a mi lado con toda confianza.

—Son las ventajas de ser el jefe —respondí con una sonrisa fingida, ocultando la tensión que sentía por dentro.

—Jajaja, ¡ojalá yo pudiera permitírmelo! —bromeó, y luego cambió ligeramente de tono— Mira, esto te lo manda Adela. Se quedó muy triste por lo que pasó ayer. Jazmín se mostró tan mezquina y cruel sin motivo alguno; mi niña es buena y solo venía preocupada por ti, no había necesidad de tratarla así.

Y ahí estaba, justo como lo había advertido mi esposa. Por un instante sentí que Jazmín tenía la capacidad de leer la mente, porque sus palabras se cumplían con una precisión aterradora.

—¿Jazmín fue cruel? —pregunté con frialdad— ¿Y lo que hizo Daiana no lo fue? ¿Decir todo eso delante de una madre que acaba de perder a su hijo, en este mismo hospital donde su esposo está gravemente enfermo, no es crueldad, Miguel?

—Bueno… —vi cómo una sombra de duda cruzaba por sus ojos— Daiana no lo hizo con mala intención, todos estamos muy alterados y preocupados, y a veces se dicen cosas sin pensar. Pero si me permites darte un consejo como amigo de toda la vida, tu amor por Jazmín puede llevarte directo a la ruina.

—¿Solo porque ella se defendió del ataque de tu esposa? —respondí con más fuerza— Daiana le faltó el respeto y la humilló delante de todos. Jazmín fue mucho más indulgente de lo que merecía. Intervenir en nuestra vida privada ya es cruzar un límite que no estoy dispuesto a permitir. Y mucho menos cuando el tema son los niños.

Estaba dispuesto a defender a mi esposa con todas las fuerzas que me quedaban, sin importar quien estuviera delante mío.

—¡Rafael, estás malinterpretando todo! —se alteró él, apretando los puños sobre sus rodillas— ¿Cómo puedes pensar así de nosotros, que solo nos preocupamos por tu bienestar? Un niño de sangre nunca será igual a uno de la calle, que ni siquiera sabemos de dónde ha salido.

—Ahora veo que eres más despiadado de lo que nunca imaginé —le dije con asco— Hablar así de niños inocentes… ¿qué más da si son de nuestra sangre o no? No es como si tú fueras quien pierde algo. Además, sabes perfectamente que mi esposa desea con toda su alma ser madre.

—Pero no puede serlo —insistió con firmeza— Mira, te lo digo solo porque te aprecio demasiado y es mi deber hablarte con la verdad, no puedes dejar que una mujer te arrastre con ella. La realidad es que Jazmín nunca podrá darte un hijo, y aunque ahora digas que da igual, con el tiempo te darás cuenta de que no serás capaz de amar a otro como si fuera tuyo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.