Me quedé mirándolo por un largo rato. Ese hombre que tenía delante, al que conocía prácticamente de toda la vida, de repente se me hacía tan extraño, tan desconocido, tan cruel.
—¿Qué me sugieres que haga? —le pregunté sin apartar la vista de él. Miguel solo sonrió con aire satisfecho.
—Tenemos las pruebas de su infidelidad justo en nuestras manos —explicó señalando aquellos trozos de papel — Como te dije antes, no es conveniente llevar esto a los tribunales; la opinión pública solo nos perjudicará. Llega a un acuerdo con ella de forma privada, que se vaya sin llevarse nada y en silencio.
—¡Jajajá! —me reí con amargura por su propuesta tan absurda — ¿De verdad me propones algo así, aun sabiendo que fui yo el primero en serle infiel? ¿Aun sabiendo que ella perdió a nuestro hijo por mi culpa?
Miguel se cruzó de brazos con arrogancia, como si mis palabras fueran un absurdo total, algo sin sentido.
—Pero eso no le daba derecho a hacerte lo mismo, Rafael. Todo esto es un desastre, el bebé, las mentiras, el rencor que crece entre ustedes… ¡Maldición, hay tanto en juego! Pero ahora necesitamos buscar soluciones, no crear más problemas. Y Jazmín se está convirtiendo en un problema demasiado grande. Incluso creo que necesita ayuda psiquiatrica. Un sanatorio tal vez...
Sin poder contenerme, arrojé la cesta de frutas contra el suelo. Mis manos temblaban sin parar, llenas de rabia.
—¿¡QUIÉN TE CREES QUE ERES PARA HABLAR ASÍ DE ELLA?! —grité, y con las pocas fuerzas que me quedaban lo tomé del cuello y lo acerqué hacia mí— ¡ESA MUJER DE LA QUE HABLAS ES MI ESPOSA!
—¡Rafael, por favor, contrólate! —se defendió forcejeando conmigo — Recuerda tu herida, tu estado de salud…
—¡Lárgate de mi vista antes de que se me olvide siquiera que alguna vez te consideré un amigo!
Miguel se soltó de un movimiento brusco y me empujó de vuelta contra la cama.
—Todo esto lo hago por ti, muchacho. Esa mujer te va a arrastrar hasta el lodo, y no pienso quedarme de brazos cruzados mientras sucede.
—Si le pones un solo dedo encima… te juro que te mato —le advertí con voz ronca y llena de furia.
—Nos veremos pronto, cuando tu mente vuelva a funcionar bien y entiendas que todo esto lo hago por tu bien, por el de los dos.
—¡Maldito seas! —le grité al verlo salir, arrojé la almohada con fuerza contra la puerta— ¿Cómo pude ser tan estúpido durante todos estos años, confiando en alguien tan despreciable?
—¿Rafael? —la voz de mi madre llegó de pronto, y su rostro apareció con cuidado en el marco de la puerta— ¿Qué ha pasado, hijo?
—¡Mamá! Gracias al cielo que estás aquí.
Ella se acercó y me abrazó con fuerza contra su pecho, consolándome igual que cuando era niño. Pasó sus manos por mi cabello con ternura y tarareó bajito hasta que notó que mi tensión comenzaba a ceder.
—Tú lo sabías todo el tiempo, mamá… y yo nunca quise escucharte. Perdóname.
—Shhh, mi niño —me calmó con voz serena— No lo sabía con certeza, solo tenía dudas. Pero al igual que tú, me dejé llevar por esa falsa tranquilidad que Miguel nos ofrecía. ¿Y ahora qué vas a hacer?
¿Qué tenía que hacer? Por fin lo entendía perfectamente.
—Por favor, encárgate tú de la empresa. No dejes que siga metiendo sus sucias manos en lo que es nuestro. Busca un nuevo abogado, no confío en nadie más. Y contrata también un guardaespaldas para protegerte.
—Entendido, yo me encargo de todo —respondió con firmeza— No estás solo, nos tienes a nosotras y lucharemos por lo que nos pertenece.
—¿Y Jazmín? ¿Dónde está Jazmín?
—Salió a ver a su madre. Ella también desconfía de Miguel y teme que esté tramando algo en contra de su familia.
—Miguel insiste en que me divorcie de ella —le conté— Estoy seguro de que intentará usar a su familia para obligarla a firmar los papeles.
—¡Ese maldito! —exclamó con rabia poniéndose de pie — Te juro que lo mataré con mis propias manos si se atreve a lastimar a mi familia. Ya lo soporté durante demasiados años, pero ahora que se está metiendo con mis hijos… eso no se lo perdonaré jamás.
Desde el principio me sentía culpable por haber destruido mi propia familia, pero ahora… ahora me sentía el hombre más miserable e inútil del mundo. Había puesto en peligro a las mujeres que más quería, a todo lo que tenía, por confiar ciegamente en alguien a quien nunca debí haber dado tanta confianza.
—¿Y qué es todo esto? —preguntó mi madre, tomando una de las fotografías que estaban sobre la sábana— ¿Es Jazmín?
—Sí, es ella. Miguel mandó a alguien para seguirla. Pero, por favor, mamá, no dudes de ella.
—No lo haré —me respondió con seguridad— Esa chica ya me ha demostrado que es mucho más fuerte de lo que parece, y que te ama de una forma que antes no supe ver. Me arrepiento tanto de haberla rechazado al principio, de todo lo que ha tenido que pasar sola.
—Cuando todo esto termine, tendremos que disculparnos con ella como se merece —dije con voz suave— Sin duda, Jazmín no solo merece una disculpa… merece el mundo entero, por haber soportado esta tortura en silencio.
Aunque todavía me quedaba la duda del porque Miguel después de tantos años fingiendo ahora nos mostraba su verdadera cara, de una cosa estaba seguro y es ese esta farsa pronto acabaría.
Editado: 28.09.2026