Apenas vi llegar a Miguel al hospital, salí por las escaleras. Al notar ese sobre grueso entre sus manos, supe que comenzaría su actuación. Ahora todo dependía de Rafael, pero yo no me quedaría esperando el resultado; tenía que seguir en movimiento, reunir cada pieza de este rompecabezas hasta llegar a la verdad y conseguir lo que más deseaba.
Me reuní con mi familia en un lugar tan discreto que, por un instante, hasta me dio miedo pensar que me habían llevado contra mi voluntad. Pero en cuanto vi el rostro de mi madre, logré relajarme por fin. Ella me abrazó con fuerza, como si quisiera protegerme de todo lo malo.
—Jazmín, por todos los cielos… ¿qué está pasando? —me preguntó con voz llena de preocupación.
—Mamá, todo esto es un caos —respondí, sintiendo que se me quebraba la voz— Y las cosas solo se complican cada vez más. Siento que estoy a punto de volverme loca, y creo que eso es exactamente lo que ellos quieren conseguir.
No pude contenerme más y rompí a llorar entre sus brazos; en verdad me sentía al borde de la desesperación.
—Tranquila, mi niña —me consoló ella— Mamá está aquí, y mientras esté contigo no dejaré que caigas. Además, no estás equivocada en nada. Durante años pensé que no habías heredado nada de mí, pero ahora me dejas sorprendida con tu astucia y tu capacidad para actuar.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Que cuanta más presión hay, mejor te concentras y más perfecto haces tu trabajo. Vamos, siéntate y hablemos con calma.
La seguí en silencio hasta llegar a una mesa apartada, junto a un gran pizarrón cubierto de papeles, estados de cuentas bancarias, informes de propiedades, registros de viajes, compras de joyas y lujos que no tenían fin. Mis ojos se abrieron de par en par ante todo lo que veía.
—Ese tal Miguel tiene las manos metidas en la suciedad hasta el fondo —me explicó mi madre— Incluso es dueño de un bar clandestino donde se practica la prostitución.
—¿Qué? —tartamudeé, casi sin poder creerlo— ¿Cómo has conseguido toda esta información en tan poco tiempo?
—Tenemos nuestros propios contactos, hermanita —dijo Ignacio apareciendo desde una esquina, con las mangas de la camisa arremangadas con cuidado, aunque pude notar unas manchas oscuras que parecían sangre en la tela blanca.
—Jazmín, esto es más grave de lo que imaginábamos —añadió— Tenemos que encontrar al niño cuanto antes. Ahora sospechamos que Miguel podría intentar venderlo en el mercado negro.
Al escuchar esas palabras, mis rodillas flaquearon y chocaron contra el suelo con un golpe sordo. Ellos dos corrieron a ayudarme, llenos de preocupación.
—Tienes que ser fuerte, aguantar un poco más —me dijo mi madre— Marcel ya está averiguando dónde lo tienen. Lo recuperaremos, te lo prometo.
—¿Cómo puedes estar tan segura? —le pregunté con desesperación, mi voz rota — Ni siquiera he podido verlo una sola vez. Si me lo trajeran ahora mismo, ¿cómo sabría que es mi hijo?
—Lo sabrás —me respondió con firmeza— No tengas duda, lo reconocerás al instante. Ya has avanzado tanto, no dejes que este obstáculo te detenga. Ya casi lo tenemos todo, mi niña, y es gracias a tu esfuerzo.
Respiré hondo mientras me ayudaban a ponerme de pie. Tenían razón, no podía derrumbarme justo cuando estaba tan cerca de la verdad.
—Cuéntenme todo, sin omitir nada —dije golpeando suavemente la mesa para darme valor.
Ambos asintieron y me explicaron con todo detalle cada transacción, cada conversación interceptada, y cómo gracias a todo eso un hombre sin recursos como Miguel vivía con el lujo de un millonario. Pero una duda seguía dando vueltas en mi cabeza.
—¿Y qué hay de ese tal Andrés? ¿Qué papel juega en todo esto?
—Ninguno en realidad —respondió Ignacio— Ese hombre solo fue un eslabón más, alguien que le cayó del cielo y que usó para desviar la atención de Rafael.
—¿Y Eva?
—Ella es otro asunto —intervino mi madre— Por más que hemos intentado presionarla, no dice nada. Le hemos mostrado pruebas claras, pero no se rompe. Hay algo en ella que me inquieta mucho, esa forma de mirar, llena de odio, desprecio y hasta soberbia.
—Miguel me usó para que Andrés quedara libre, pero no hizo nada para sacar a Eva. Y eso que ella le es leal hasta el punto de aguantar cualquier cosa por él.
En ese momento, una luz de alerta se encendió en mi mente, y cada nuevo pensamiento la hacía brillar con más intensidad.
—¿Y si su verdadero plan es culparnos a nosotros? Si Eva desaparece mientras está en nuestro poder, Miguel nos señalará directamente y quedaremos destruidos. Nos quiere hacer cargar con su cadáver.
Sus rostros se endurecieron al instante. Era la explicación más obvia de todas, así me eliminaría a mí y a toda mi familia del panorama, sin posibilidad de defendernos.
—Dirá que lo hiciste por celos, y que nosotros te ayudamos a ocultarlo —dijo Ignacio en voz baja.
—Ese maldito lo ha planeado todo muy bien… y nosotros caímos en su trampa como tontos —añadió mi madre con voz ronca de rabia.
Cada nueva pista que descubrimos resultaba más aterradora que la anterior, y todos los caminos parecían llevarnos directo a nuestra propia ruina. Si no actuábamos rápido, el final sería devastador.
Editado: 28.09.2026