—Yo no… ¿por qué no me dijiste nada sobre tu casamiento?
—No era el momento ni el lugar adecuado —respondió Ignacio con calma— pero ten por seguro que te llegaría la invitación. Ese día quiero que estés a mi lado.
Me besó en la frente con mucho cariño, luego me rodeó los hombros con su brazo y volvimos a entrar al lugar. Los tres se situaron a mi alrededor y colocaron sobre la mesa un documento detallado.
—Mi prometida es la hija mayor de una familia muy adinerada —explicó Ignacio — Incluso quería venir conmigo para conocerte, pero en este momento está muy ocupada organizando un proyecto muy importante. Aun así, en cuanto la llamé, me dijo que sin dudas nos ayudará en lo que haga falta.
—Pero hermano… —intenté decirle.
—Sin peros, Jazmín. Se llama Liliana y justo en este momento está lanzando una gran iniciativa millonaria para todo el sector empresarial. Le hará llegar una invitación oficial a las oficinas de Rafael, y así comenzará la trampa contra Miguel.
—¿Crees que él irá en nombre de Rafael sin avisar primero?
—¿Tú no lo crees? —me respondió tajante — Con Rafael ingresado en el hospital, ese viejo zorro se moverá rápido para aprovechar la situación, después de todo estamos hablando de muchísimo dinero. Querrá ganarse la confianza de los accionistas extranjeros, y una vez que lo elijan como representante, dirá que todo el éxito es mérito suyo. Así dejará a Rafael y a su familia a un lado. Tenemos que hacer que diga en voz alta que quiere quedarse con la empresa, iremos reuniendo pruebas mientras lo mantenemos distraído y, al mismo tiempo, seguimos buscando la forma de recuperar al niño.
El plan era realmente brillante. Incluso mi futura cuñada, a la que ni siquiera había conocido ni recibido formalmente en la familia, ya estaba ayudándonos. En ese momento no pude contenerme más y rompí a llorar otra vez.
—Me dije a mí misma que ya no lo haría… que no volvería a llorar hasta tener a mi bebé de regreso —dije entre sollozos— pero ustedes… ustedes llenan mis días de tanta alegría y seguridad que no puedo evitarlo.
—Tranquila, cariño —me consoló mi madre— Esto ya casi termina. Pronto tendremos al niño en casa y a esas alimañas tras las rejas donde pertenecen.
Me sequé las lágrimas con decisión y asentí varias veces.
—Sí… muchas gracias a todos.
Después de ver la transmisión oficial con el anuncio del proyecto de Liliana, tomé el documento y lo guardé con cuidado en mi bolso.
—Seguro que es una mujer maravillosa —le dije a Ignacio— Te felicito de corazón, hermano. Deseo que tengan una vida larga y llena de felicidad.
—Y yo lo mismo para ti —respondió él con una sonrisa— Pronto te la presentaré en persona.
Los abracé a los dos con fuerza antes de despedirnos. Marcel me llevó de regreso hasta el hospital y se quedó un momento más en el coche conmigo.
—¿Cómo van las cosas aquí? — me preguntó estacionando a un costado.
—Tal como lo esperábamos. Miguel sigue sembrando dudas y problemas entre Rafael y yo, pero mi suegra y mi cuñada ya han abierto bien los ojos. Solo espero que mi esposo también haya logrado ver la verdad.
—Jazmín, eres muy fuerte —añadió con suavidad— Resiste un poco más. Y si al final tu esposo no logra ver más allá de las apariencias, entonces tendrás que pensar si realmente vale la pena seguir a su lado.
—Lo sé —respondí con voz tranquila— Todo dependerá de lo que vea y escuche esta noche. Miguel ya le entregó las fotografías de nosotros, así que ahora ya sabe todo. esta solo en él elegir en quien confiar.
—¿Subo contigo? —ofreció, sosteniendo mi mano con suavidad.
—Gracias, pero mejor no. Esto es algo que quiero afrontar yo sola.
Marcel se inclinó un poco para soltarme el cinturón de seguridad, y por un instante nuestras narices casi se rozaron. Noté cómo sus orejas se pusieron rojas de golpe. Impulsada por el momento, me acerqué y le di un beso suave y lento en la mejilla.
—Gracias por todo, Marcel.
Bajé del coche de prisa, sin darle tiempo a reaccionar ni a responder. Cuando las puertas del ascensor ya comenzaban a cerrarse, lo vi llegar corriendo hacia mí, aunque ya no pudo entrar.
Al llegar arriba, la habitación se sentía más silenciosa de lo que esperaba. Rafael estaba sentado, apoyado sobre almohadas, revisando papeles, y mi suegra estaba a su lado, pelando fruta con calma. Una pequeña punzada de decepción me atravesó el pecho.
—Hola —dije al entrar— ¿Cómo te sientes hoy?
—¡Jazmín, ya volviste! —exclamó Rafael, y pude ver en su rostro una alegría que no esperaba. ¿Acaso Miguel no le había contado nada para ponerlo en mi contra?
—Jazmín, querida, pasa y siéntate — saludo mi suegra con voz amable, guiándome con su mano hasta que me acomodé en una silla.
Estaba tan confundida que no lograba articular palabra. Esperaba encontrar reproches, preguntas duras o incluso insultos, pero nada de eso estaba pasando.
—¿Por qué tienes esa cara de sorpresa? —me preguntó Rafael con suavidad.
—¿Es que Miguel no te dijo nada? —le pregunté con cautela.
—Al contrario. Dijo exactamente lo que esperábas que dijera, y todo sucedió tal como lo anticipaste. Aquí están las fotografías que te saco a escondidas.
—¿Y no estás enojado conmigo? —pregunté, sin poder creerlo todavía.
—No puedo estarlo —admitió con voz grave— Estoy enojado, sí, pero conmigo mismo. Por no haber sabido cuidarte como te mereces, por haber permitido que ese desgraciado te acosara a ti y a toda nuestra familia. Ahora ya veo todo con claridad, mi amor, y te juro que no lo dejaré salirse con la suya.
Apenas podía asimilar lo que escuchaba. ¿Era posible que mi esposo, el hombre que siempre confiaba ciegamente en los demás, hubiera logrado por fin abrir los ojos?
—Es verdad, Jazmín —intervino mi suegra con determinación— Ya estamos trabajando para apartar a Miguel de la empresa y hacerle pagar todo el daño que nos ha causado.
Editado: 28.09.2026