La dama del espejo roto

Capitulo 38

El nombre permaneció escrito sobre el fragmento de espejo.
ISABEL.
Ninguna de las tres hermanas respiró.
Evelyn se acercó lentamente.
—¿Quién eres?
La niña del espejo levantó la mirada.
—Tu hermana.
Lydia negó inmediatamente.
—No. Somos tres.
La pequeña sonrió con tristeza.
—Eso es lo que querían que creyeran.
El padre de Evelyn se quedó completamente pálido.
—No...
Evelyn se volvió hacia él.
—Papá.
Él no respondió.
—¡Papá!
El hombre cerró los ojos.
—Isabel nació antes que ustedes.
Elena se llevó una mano a la boca.
—¿Entonces sí existió?
—Sí.
—¿Dónde está? —preguntó Evelyn.
El padre miró el espejo.
—Nunca salió de aquí.
Un frío recorrió la habitación.
Lydia se acercó al cristal.
—¿Nerissa la tiene?
La niña negó.
—No.
Su voz se volvió apenas un susurro.
—Yo tengo a Nerissa.
Todos quedaron inmóviles.
Evelyn sintió un escalofrío.
—¿Qué significa eso?
Isabel levantó una mano.
El fragmento de espejo comenzó a llenarse de imágenes.
Una mujer joven.
Seraphine.
Sostenía a un bebé frente al primer espejo.
A su lado estaba Nerissa.
Pero Nerissa no parecía una entidad.
Era una mujer de carne y hueso.
—Ella fue humana —susurró Evelyn.
Su padre asintió.
—Nerissa no nació como un monstruo.
La imagen cambió.
Seraphine entregó el bebé a Nerissa.
—Protégela.
Nerissa tomó a la pequeña Isabel.
Pero detrás de ellas apareció una sombra.
Una sombra enorme.
Nerissa gritó.
El espejo absorbió a ambas.
La imagen desapareció.
Lydia retrocedió.
—Entonces Isabel quedó atrapada con ella.
—Durante años —respondió el padre.
Evelyn miró el fragmento.
—¿Por qué no nos dijeron que teníamos otra hermana?
Su padre bajó la cabeza.
—Porque tu madre hizo un pacto para ocultarla.
—¿Mi madre?
—Quería protegerlas.
Evelyn sintió una mezcla de tristeza y rabia.
—Siempre dicen eso.
La niña del espejo volvió a hablar.
—Mamá intentó salvarnos a todas.
Evelyn levantó la mirada.
—¿Nosotras también estuvimos aquí?
Isabel asintió.
—La noche del incendio.
Una nueva imagen apareció.
Tres niñas dormidas en una habitación.
Y una cuarta cuna.
Vacía.
Evelyn sintió que se le cortaba la respiración.
—Éramos cuatro...
—Sí.
Elena comenzó a llorar.
—¿Por qué nos separaron?
Isabel respondió:
—Porque Nerissa necesitaba un recipiente.
Lydia palideció.
—¿Y quién era el recipiente?
Isabel miró directamente a Evelyn.
—Tú.
Evelyn sintió que el corazón se le detenía.
Adrián se acercó.
—No.
Isabel continuó:
—Pero mamá descubrió cómo engañarla.
—¿Cómo?
—Dividió el alma de Lyra en cuatro partes.
Evelyn recordó las palabras que había escuchado.
Memoria. Vida. Elección.
—¿Y la cuarta parte?
Isabel sonrió.
—Yo.
El corazón de cristal comenzó a brillar.
Los fragmentos que estaban dentro de Evelyn, Elena y Lydia salieron de sus cuerpos.
Los tres comenzaron a flotar.
Un cuarto fragmento apareció dentro del espejo.
Isabel lo sostuvo entre sus pequeñas manos.
Entonces las cuatro piezas comenzaron a unirse.
Una luz blanca llenó la habitación.
Y una voz surgió desde el otro lado de la puerta cerrada.
La voz de Nerissa.
—¡No la escuches, Lyra!
Evelyn se quedó inmóvil.
Isabel levantó la mirada.
—Ahora lo recuerdas.
—¿Qué?
La niña sonrió.
—Tú no eras la prisión.
El corazón de cristal terminó de unirse.
CRACK.
La puerta de hierro se abrió sola.
Y detrás de ella apareció una mujer.
No era Nerissa.
No era Elena.
No era Seraphine.
Era la madre de Evelyn.
Y llevaba a un bebé en brazos.
Isabel susurró:
—Mamá.
La mujer miró a sus cuatro hijas.
Y dijo:
—Perdónenme.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.