Evelyn se quedó inmóvil.
La voz había susurrado justo detrás de ella.
—Ahora falta despertar al otro.
Adrián se giró inmediatamente.
No había nadie.
Solo el espejo roto.
—¿Lo escuchaste? —preguntó Evelyn.
—Sí.
Elena, Lydia e Isabel se acercaron.
Asterion observaba el espejo con una expresión que Evelyn jamás había visto en él.
Miedo.
—Asterion —dijo Evelyn—. ¿Quién es el otro?
Él no respondió.
—¡Asterion!
El anciano cerró los ojos.
—Hay una parte de la historia que nunca les conté.
—Ya estamos acostumbradas —respondió Lydia con amargura.
Asterion la miró.
—Antes de que Evelina creara el pacto, antes de que existiera Nerissa, había otro ser.
El espejo comenzó a empañarse.
Una palabra apareció lentamente sobre el cristal:
EL HERMANO.
Evelyn frunció el ceño.
—¿Hermano?
—Aurelia no nació sola.
Elena palideció.
—¿Tenía un hermano?
Asterion asintió.
—Un gemelo.
El silencio cayó sobre la habitación.
—¿Dónde está? —preguntó Isabel.
Asterion miró la marca de la corona negra en la mano de Evelyn.
—Nunca murió.
Evelyn sintió un escalofrío.
—Entonces… ¿dónde estuvo todo este tiempo?
Asterion señaló el espejo.
—Al otro lado.
El cristal comenzó a ondularse.
No parecía un espejo.
Parecía agua.
Una figura apareció detrás.
Primero se distinguieron unos ojos.
Después un rostro.
Era un joven.
Cabello oscuro.
Piel pálida.
Y una pequeña cicatriz atravesándole la ceja.
Adrián se colocó delante de Evelyn.
—¿Quién eres?
El joven sonrió.
—No eres tú quien debería preguntar eso.
Su mirada pasó por encima de Adrián y se detuvo en Evelyn.
—Ella sabe quién soy.
Evelyn negó con la cabeza.
—Nunca te he visto.
—No con tus ojos.
El joven levantó una mano.
La marca de la corona negra en la palma de Evelyn ardió.
Ella cayó de rodillas.
Una visión atravesó su mente.
Una habitación antigua.
Evelina sostenía a dos bebés.
Una niña.
Y un niño.
Aurelia.
Y él.
Pero entonces apareció una sombra.
El Vacío.
Evelina gritaba.
—¡No te lo llevarás!
La criatura tomó al niño.
Y antes de desaparecer, el pequeño extendió su mano hacia su hermana.
—Aurelia…
La visión terminó.
Evelyn abrió los ojos.
—Él es…
Aurelia apareció detrás del joven.
Su expresión había cambiado.
Ya no sonreía.
—Mi hermano.
El joven la miró.
—Hermana.
Aurelia comenzó a llorar.
—Pensé que estabas muerto.
—Yo también pensé que tú lo estabas.
Ambos se miraron durante unos segundos.
Entonces el joven salió del espejo.
El cristal se rompió completamente.
Adrián levantó la llave negra.
Pero Evelyn lo detuvo.
—No.
—¿Estás segura?
Evelyn miró al desconocido.
—Sí.
El joven caminó hacia Aurelia.
Pero antes de llegar a ella, una sombra atravesó su cuerpo.
Aurelia gritó.
—¡NO!
El joven cayó de rodillas.
Sus ojos se volvieron negros.
La voz del Vacío salió de su boca:
—Por fin.
Evelyn sintió que el corazón se le detenía.
—Lo está utilizando.
Asterion negó lentamente.
—No.
—¿Entonces qué está pasando?
—No lo está poseyendo.
Asterion miró al joven con horror.
—Él es su recipiente original.
La criatura sonrió a través de él.
—Aurelia fue mi primera creación.
Después miró a Evelyn.
—Pero él…
El joven levantó lentamente la cabeza.
—…fue mi primer heredero.
Evelyn apretó los puños.
—¿Heredero de qué?
El joven sonrió.
Y detrás de él apareció una gigantesca puerta negra.
—Del Vacío.
La puerta comenzó a abrirse.
Aurelia gritó:
—¡Evelyn, no dejes que la abra!
Evelyn levantó la llave blanca.
Adrián se colocó a su lado.
Sus hermanas también.
La criatura soltó una carcajada.
—Pueden cerrar un pacto.
La oscuridad comenzó a salir por la puerta.
—Pueden romper un espejo.
La mansión tembló.
—Incluso pueden destruir mi forma.
Dos ojos rojos aparecieron en la oscuridad.
—Pero no pueden destruir aquello que existe dentro de ustedes.
Evelyn miró a sus hermanas.
Después miró a Aurelia.
Finalmente, al joven.
—Entonces no vamos a destruirlo.
Adrián la miró sorprendido.
—¿Qué vas a hacer?
Evelyn cerró la mano alrededor de la llave.
—Voy a descubrir quién es realmente.
El joven levantó la mirada.
Por un instante, sus ojos dejaron de ser negros.
Y Evelyn escuchó su verdadera voz.
—Ayúdame.
Después volvió a sonreír el Vacío.
La puerta se abrió por completo.
Y algo comenzó a salir de ella.
Algo mucho más antiguo que cualquier Blackwood.
Mucho más antiguo que Asterion.
Aurelia tomó la mano de Evelyn.
—Ahora lo entiendo.
—¿Qué?
Aurelia miró la oscuridad.
—El Vacío nunca fue el enemigo.
Evelyn sintió un escalofrío.
—Entonces, ¿qué es?
Aurelia susurró:
—Es una prisión.
Y desde el interior de la puerta…
algo golpeó tres veces.
Toc.
Toc.
Toc.