La dama del espejo roto

Capitulo 54

—Hija, nunca estuve muerta.
Evelyn dejó de respirar.
Frente a ella estaba Elena.
Su madre.
No una ilusión.
No un reflejo.
No una sombra.
Elena parecía exactamente como Evelyn la recordaba.
El mismo cabello.
La misma mirada.
La misma pequeña cicatriz junto a la ceja.
—Mamá… —susurró Evelyn.
Elena extendió los brazos.
—Ven conmigo.
Evelyn dio un paso.
Pero Adrián la tomó suavemente del brazo.
—Espera.
Evelyn lo miró.
—Es ella.
—Lo sé.
—Entonces suéltame.
Adrián no la soltó.
—Quiero estar seguro de que no sea otra trampa.
Elena sonrió tristemente.
—Sigues desconfiando de mí, Adrián.
Él palideció.
—¿Cómo sabes mi nombre?
Elena respondió:
—Porque estuve allí la noche en que naciste.
Asterion levantó la cabeza.
—Eso es imposible.
Elena lo miró.
—Tú también estabas allí.
Asterion retrocedió.
—No…
—Sí.
Elena caminó lentamente hacia ellos.
—Tú ayudaste a Evelina a esconder a Cael.
Cael se quedó inmóvil.
—¿Tú me conocías?
Elena lo miró con lágrimas en los ojos.
—Yo fui quien te sacó del espejo.
Cael se llevó una mano al pecho.
—Entonces… ¿por qué me dejaste allí?
Elena cerró los ojos.
—Porque no pude salvarlos a todos.
Evelyn sintió que las piezas comenzaban a encajar.
—Mamá, nos dijiste que habías muerto.
—Porque necesitaba que ustedes creyeran que yo había muerto.
—¿Por qué?
Elena miró a sus cuatro hijas.
—Porque el Vacío estaba buscando a Aurelia.
Aurelia dio un paso atrás.
—¿A mí?
—Sí.
—¿Por qué?
Elena respiró profundamente.
—Porque tú eres la única persona que puede cerrar la prisión desde dentro.
Aurelia negó con la cabeza.
—No quiero volver allí.
—No tendrás que hacerlo.
Elena miró a Evelyn.
—Por eso te dividimos.
Evelyn sintió un escalofrío.
—¿Nosotras?
—Tu esencia fue separada en cuatro partes.
Lydia apretó los labios.
—Pero dijiste que éramos partes de Aurelia.
—Lo son.
Elena miró a las cuatro.
—Pero también son ustedes mismas.
Isabel frunció el ceño.
—¿Cómo puede ser posible?
—Porque una parte del alma puede convertirse en una vida nueva.
Evelyn miró a Aurelia.
Entonces comprendió.
—Nosotras nacimos de ella.
Elena asintió.
—Pero ustedes dejaron de ser fragmentos hace mucho tiempo.
Lydia tomó la mano de Evelyn.
—Somos personas.
—Sí.
Elena sonrió.
—Y por eso el Vacío no puede reclamarles.
De repente, el suelo comenzó a temblar.
La puerta negra volvió a aparecer.
Cael levantó la cabeza.
—Está regresando.
Aurelia se acercó a él.
—¿Puedes detenerlo?
—No solo.
Evelyn sostuvo la llave blanca.
—Entonces no estarás solo.
Las cuatro hermanas se colocaron alrededor de Aurelia y Cael.
Adrián se puso junto a Evelyn.
Elena permaneció detrás de ellos.
—Evelyn —dijo su madre—, hay algo más que debes saber.
—¿Qué?
—La llave nunca fue creada para cerrar una puerta.
Evelyn miró el objeto.
—Entonces, ¿para qué sirve?
Elena señaló el corazón de cristal.
—Para elegir quién puede cruzarla.
La llave comenzó a cambiar.
La parte blanca se volvió plateada.
La negra se volvió dorada.
Ambas se unieron.
Y apareció una nueva inscripción:
“NO CIERRES LA PUERTA. ABRE EL CAMINO.”
Asterion comprendió.
—Evelyn…
—¿Qué?
—Si la abres completamente, no podremos regresar.
Evelyn miró a sus hermanas.
Después a Adrián.
Finalmente a su madre.
—Entonces iremos juntos.
Elena sonrió.
—Eso era exactamente lo que esperaba que dijeras.
La puerta comenzó a abrirse.
Esta vez no había oscuridad.
Había un cielo.
Un cielo lleno de estrellas.
Pero entre ellas flotaban miles de pequeñas luces.
Almas.
Recuerdos.
Vidas que alguna vez habían sido olvidadas.
Aurelia comenzó a llorar.
—Son todos los que el Vacío tomó.
Evelyn extendió la mano.
Una de las luces descendió sobre su palma.
Y escuchó una voz.
—Gracias.
Después otra.
—Gracias.
Y otra.
Hasta que toda la habitación se llenó de voces.
Evelyn sonrió entre lágrimas.
Elena la abrazó.
—Ahora sí puedo volver a casa.
Evelyn la abrazó con fuerza.
—No vuelvas a dejarme.
Elena cerró los ojos.
—Nunca.
Pero justo cuando la puerta estaba a punto de cruzarse por completo…
una figura apareció detrás de Elena.
Una figura que Evelyn reconoció inmediatamente.
Evelina.
La primera Blackwood.
Su rostro estaba cubierto de lágrimas.
Y susurró:
—Elena…
Elena se giró.
Evelina sonrió.
—Ya es hora de contarles toda la verdad.
Evelyn sintió un escalofrío.
—¿Qué verdad?
Evelina miró hacia las estrellas.
—Quién fue realmente el padre de Aurelia y Cael.
Y detrás de ella apareció una silueta masculina.
Una silueta que hizo que Asterion cayera de rodillas.
—No puede ser…
La figura abrió los ojos.
Y dijo:
—Asterion.




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