La dama del espejo roto

Capitulo 56

La palabra permanecía suspendida en el aire.
ELARA.
Evelyn no podía apartar los ojos de ella.
—¿Elara…? —repitió.
La mujer frente a la puerta sonrió.
—Sí.
Evelyn sintió un extraño vacío en el pecho.
—Pero yo soy Evelyn.
—Lo eres ahora.
Adrián se acercó y tomó su mano.
—No importa cómo te llamaras antes. Sigues siendo tú.
La mujer lo observó.
—Eso es precisamente lo que el Vacío teme.
Evelyn frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque un nombre no es solamente un nombre. Es un recuerdo. Y los recuerdos son las puertas que utiliza el Vacío para entrar.
Lydia miró a la mujer.
—Entonces, ¿quién era Elara?
La desconocida respondió:
—La primera persona que eligió no pertenecer al pacto.
Evelyn sintió un escalofrío.
—¿Yo?
—No tú.
La mujer señaló el corazón de cristal.
—Ella.
El corazón comenzó a brillar.
Una imagen apareció dentro.
Una niña pequeña caminaba por un bosque.
Tenía el mismo rostro que Evelyn.
Pero vestía una túnica blanca.
A su lado caminaba Aurelia.
Después apareció Cael.
Y detrás de ellos…
Erevan.
Evelyn observó la escena.
—Éramos una familia.
La mujer asintió.
—Antes de que Evelina conociera el espejo.
Aurelia se acercó.
—Entonces… ¿Elara era nuestra hermana?
—No.
La mujer negó.
—Era la primera hija de Erevan.
Evelyn quedó paralizada.
—¿Qué?
Cael levantó la mirada.
—Entonces ella era nuestra hermana mayor.
—Sí.
Aurelia miró a Evelyn.
—Pero tú no recuerdas nada.
La mujer respondió:
—Porque el Vacío borró sus recuerdos cuando intentó escapar.
Evelyn sintió que una punzada atravesaba su cabeza.
Una voz comenzó a susurrar dentro de ella.
Elara.
Otra vez.
Elara.
Y después…
una escena.
Evelyn era una niña.
Corría por un bosque.
Alguien la perseguía.
Una mujer gritaba:
—¡Corre, Elara!
Evelyn miró atrás.
Era Elena.
Pero no como madre.
Era mucho más joven.
La niña cayó.
Y alguien la levantó.
Era Aurelia.
—No tengas miedo.
La pequeña Evelyn lloraba.
—Quiero volver a casa.
Aurelia la abrazó.
—Volveremos juntas.
Entonces apareció el Vacío.
La niña gritó.
Y la visión terminó.
Evelyn cayó de rodillas.
Adrián la sostuvo.
—¿Qué viste?
Ella respiró con dificultad.
—Yo… ya conocía a Aurelia.
Aurelia se acercó.
—Sí.
—Y a Cael.
—Sí.
—Y a mi madre.
Elena comenzó a llorar.
—Sí, hija.
Evelyn levantó la mirada.
—Entonces, ¿por qué no recuerdo nada?
Elena respondió:
—Porque fui yo quien te borró los recuerdos.
Evelyn se quedó inmóvil.
—¿Tú?
—Lo hice para salvarte.
—¿De qué?
Elena señaló la puerta.
—De recordar quién era el Vacío.
Todos miraron hacia la oscuridad.
Una voz profunda respondió:
—Ella ya está recordando.
La puerta comenzó a temblar.
Asterion levantó la cabeza.
—No…
La mujer desconocida desapareció.
Y detrás de la puerta apareció una figura.
Esta vez tenía rostro.
Un rostro que Evelyn conocía.
El suyo.
Pero sus ojos eran completamente negros.
—Yo soy lo que Elara dejó atrás —dijo.
Evelyn sintió que el corazón se le detenía.
—¿Qué eres?
La figura sonrió.
—Tu miedo.
Las sombras comenzaron a extenderse.
Adrián se colocó delante de Evelyn.
Pero ella lo detuvo.
—No.
—Evelyn…
—Esta vez debo enfrentarlo yo.
La figura se acercó.
—¿Estás segura?
Evelyn respiró profundamente.
Miró a sus hermanas.
Aurelia.
Cael.
Su madre.
Adrián.
Y finalmente a sí misma reflejada en aquellos ojos negros.
—Sí.
Levantó la llave.
—Mi nombre puede haber cambiado.
La luz comenzó a envolverla.
—Mis recuerdos pueden haber sido borrados.
La sombra retrocedió.
—Pero mis decisiones son mías.
La criatura gritó.
El espejo se quebró.
Y Evelyn escuchó una última voz dentro de su mente:
“Entonces recuerda, Elara.”
Sus ojos se abrieron.
Y por primera vez…
Evelyn recordó absolutamente todo.




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