La dama del espejo roto

Capitulo 53

Toc.
Toc.
Toc.
El sonido atravesó la mansión.
Evelyn sintió que cada golpe resonaba dentro de su propio pecho.
—Es una prisión… —repitió.
Aurelia asintió.
—Y alguien está encerrado dentro.
Adrián miró la enorme puerta negra.
—¿Quién?
Aurelia bajó la mirada.
—El primero.
Asterion palideció.
—No.
Evelyn lo miró.
—Tú sabes quién es.
Asterion permaneció en silencio.
—¡Dímelo!
Finalmente respondió:
—Hace siglos existía una criatura llamada Erebus.
El joven que estaba frente a ellos levantó la cabeza.
Sus ojos volvieron a recuperar por un instante su color natural.
—No lo llames así.
Asterion lo observó.
—¿Por qué?
El joven respondió:
—Porque ese no es su verdadero nombre.
Un escalofrío recorrió a Evelyn.
—Entonces, ¿cuál es?
El joven cerró los ojos.
—Él no tiene nombre.
La puerta volvió a temblar.
Una grieta apareció en el centro.
De ella salió una voz.
—Me llamaron monstruo porque tenían miedo de mí.
Evelyn retrocedió.
—¿Es el Vacío?
Aurelia negó.
—No.
La voz continuó:
—Yo fui quien encerró al Vacío.
Todos quedaron paralizados.
Evelyn miró a Asterion.
—¿Es cierto?
Asterion asintió lentamente.
—Sí.
—Entonces nos mentiste.
—Intentaba protegerlas.
Lydia dio un paso hacia él.
—¡Toda nuestra familia ha repetido esa excusa!
Asterion bajó la cabeza.
—Y cada secreto creó otro.
El joven cayó de rodillas.
Aurelia corrió hacia él.
—¡Hermano!
Lo sostuvo antes de que tocara el suelo.
—¿Cómo te llamas? —preguntó Evelyn.
Él abrió los ojos.
—Cael.
Evelyn sintió que algo dentro de ella se estremecía.
Ese nombre le resultaba familiar.
Demasiado familiar.
Entonces recordó una canción que su madre solía cantar cuando era pequeña.
Una canción sobre dos niños.
Uno nacido bajo la luz.
Otro nacido bajo la sombra.
Y una frase:
“Cuando uno despierte, el otro recordará.”
Evelyn miró a Aurelia.
—Tu hermano no es el heredero del Vacío.
Aurelia negó.
—No.
—Es su guardián.
Cael levantó la mirada.
—Exactamente.
La puerta comenzó a abrirse.
Una oscuridad espesa salió de ella.
Pero esta vez no atacó.
Se extendió por el suelo como una sombra.
Y dentro de aquella oscuridad aparecieron miles de imágenes.
Evelina.
Nerissa.
Asterion.
Aurelia.
Cael.
Los Blackwood.
Los Ashcroft.
Todos conectados por una misma cadena.
Evelyn comprendió.
—El pacto no comenzó con Evelina.
Asterion negó.
—No.
—Entonces tampoco terminó con nosotros.
—No.
—¿Cuándo comenzó?
Asterion miró hacia la puerta.
—Antes de que existiera la humanidad.
La oscuridad se detuvo.
Una figura apareció detrás del cristal.
No tenía rostro.
Solo una silueta.
—Yo fui encerrado porque conocía la verdad.
Evelyn dio un paso adelante.
—¿Qué verdad?
La figura respondió:
—Que el mundo fue creado a partir de una elección.
La llave blanca comenzó a brillar.
—¿Qué elección?
—Elegir entre existir…
La figura levantó una mano.
—…o permanecer en la nada.
Evelyn sintió que la cabeza le daba vueltas.
—Entonces el Vacío…
—Es aquello que quedó fuera de la elección.
Silencio.
Aurelia comprendió primero.
—No es un ser.
La figura asintió.
—Es todo lo que fue rechazado.
Los recuerdos.
Las vidas.
Las personas.
Las posibilidades que nunca llegaron a existir.
Todo aquello que había sido olvidado.
Evelyn miró a sus hermanas.
—Por eso se alimenta de nuestros recuerdos.
Lydia asintió.
—Porque somos lo que sobrevivió.
Cael se levantó lentamente.
—Y por eso me eligió.
—¿Por qué?
Cael miró a Aurelia.
—Porque yo fui creado para recordar lo que ella olvidó.
Aurelia comenzó a llorar.
—Mi hermano…
Cael la abrazó.
Durante unos segundos, todo pareció tranquilo.
Hasta que la puerta comenzó a cerrarse.
La figura del otro lado gritó:
—¡NO!
Evelyn miró la llave.
—Está intentando escapar.
Adrián levantó su mitad negra.
—¿Qué hacemos?
Evelyn observó a sus hermanas.
Después a Aurelia.
Después a Cael.
Y finalmente a Asterion.
—No vamos a encerrarlo otra vez.
Asterion abrió los ojos.
—¿Qué estás pensando?
Evelyn levantó ambas llaves.
La blanca y la negra comenzaron a unirse.
—Si el Vacío es todo lo que fue rechazado…
Una luz apareció entre sus manos.
—Entonces quizá la solución no sea destruirlo.
Adrián sonrió.
—Sino aceptarlo.
La puerta dejó de moverse.
La criatura gritó.
Y por primera vez…
la oscuridad comenzó a transformarse en luz.
Pero justo antes de que la puerta desapareciera, una última figura salió de ella.
Una mujer.
Evelyn dejó caer la llave.
—No…
La mujer levantó el rostro.
Era su madre.
Pero esta vez no era una ilusión.
Era Elena.
Y sus primeras palabras fueron:
—Hija, nunca estuve muerta.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.