La dama del espejo roto

Capitulo 45

—Él.
La palabra de Evelina quedó suspendida en la habitación.
Evelyn miró a Adrián.
Él seguía contra la pared, intentando levantarse.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Evelyn.
Evelina sonrió.
—Los Ashcroft hicieron un juramento hace siglos.
Asterion bajó la mirada.
—No...
—Cada generación de Ashcroft debía entregar a un Blackwood para mantener el pacto.
Adrián se puso de pie.
—Mi familia no haría eso.
Evelina soltó una pequeña risa.
—Tu padre sí.
Adrián se quedó inmóvil.
—¿Qué?
Su padre.
Los recuerdos comenzaron a regresar.
Una habitación.
Un hombre sosteniendo una llave.
Una conversación con el padre de Evelyn.
Y una frase:
“Cuando llegue el momento, el muchacho cumplirá su parte.”
Adrián negó con la cabeza.
—No...
Evelyn se acercó.
—Adrián.
—No me mires así.
—No voy a entregarte.
Evelina levantó una mano.
Una sombra apareció alrededor de Adrián.
—No depende de ti.
Evelyn sintió que el corazón de cristal ardía.
—¡Suéltalo!
—Si quieres romper el pacto, necesitas pagar su precio.
—¡No!
Adrián miró a Evelyn.
—No hagas nada por mí.
—Cállate.
—Evelyn...
—¡No voy a perderte!
Él sonrió tristemente.
—Entonces busca otra manera.
Las sombras comenzaron a envolverlo.
Elena y Lydia intentaron ayudarlo.
Isabel gritó:
—¡El corazón!
Evelyn miró el cristal.
Dentro apareció una nueva imagen.
Una llave.
La misma llave plateada que habían utilizado tantas veces.
Pero esta vez tenía una inscripción:
“El sacrificio no es la persona. Es la elección.”
Evelyn comprendió.
—No necesitan a Adrián.
Evelina frunció el ceño.
—¿Qué dijiste?
Evelyn levantó el corazón.
—El pacto nunca necesitó sangre.
Nerissa apareció detrás de ella.
—Exactamente.
Evelina la miró furiosa.
—Tú no deberías estar aquí.
—Yo tampoco debería haber sido sacrificada.
Nerissa extendió la mano hacia Evelyn.
—Pero ahora sabemos cómo terminarlo.
Evelyn tomó la llave plateada.
—No voy a sacrificar a Adrián.
La clavó en el corazón de cristal.
CRACK.
Una luz atravesó la habitación.
Las sombras se desprendieron de Adrián.
Evelina gritó.
—¡No!
El corazón comenzó a romperse.
Una grieta.
Después otra.
Y otra.
Hasta que el cristal explotó.
Evelyn cayó al suelo.
Adrián corrió hacia ella.
—¡Evelyn!
Ella abrió los ojos.
—¿Estás bien?
—Sí.
Él la abrazó.
Pero detrás de ellos, Evelina permanecía inmóvil.
Su cuerpo estaba comenzando a desvanecerse.
—No...
Evelyn se levantó.
—¿Qué está pasando?
Asterion respondió:
—El corazón era su ancla.
Evelina miró a Evelyn.
Por primera vez no parecía furiosa.
Parecía cansada.
—No quería ser eterna —susurró.
Evelyn se acercó.
—Entonces, ¿qué querías?
Evelina miró a Nerissa.
—Que alguien me recordara.
Nerissa se acercó lentamente.
—Yo te recuerdo.
Evelina sonrió.
—Entonces es suficiente.
Su cuerpo comenzó a convertirse en pequeñas partículas de luz.
Pero antes de desaparecer, miró a Evelyn.
—Ahora eres libre, Lyra.
Evelyn negó.
—Evelyn.
Evelina sonrió.
—Sí.
Y desapareció.
La habitación quedó en silencio.
Durante unos segundos nadie habló.
Entonces la puerta de la biblioteca comenzó a cerrarse.
Adrián tomó la mano de Evelyn.
—Tenemos que irnos.
Evelyn miró hacia atrás.
El corazón de cristal había desaparecido.
Pero sobre la mesa quedó un último objeto.
Una pequeña llave negra.
Isabel se acercó.
La observó.
Y palideció.
—Esa llave...
—¿Qué tiene? —preguntó Elena.
Isabel levantó la mirada.
—No abre ninguna puerta.
Evelyn sintió un escalofrío.
—Entonces, ¿para qué sirve?
Isabel susurró:
—Para cerrar algo que todavía está dentro de ti.




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