La puerta terminó de abrirse.
Un aire helado recorrió la biblioteca.
Evelyn permaneció junto a Adrián, mientras Elena, Lydia e Isabel se acercaban detrás de ella.
—No tienes que entrar —dijo Adrián.
Evelyn observó la oscuridad.
—Sí tengo.
Asterion sonrió.
—Por fin estás entendiendo.
—No lo hago por ti.
—Lo sé.
Evelyn cruzó la puerta.
Al otro lado había una habitación circular.
Las paredes estaban cubiertas de retratos.
Todos mostraban mujeres Blackwood.
Pero había uno diferente.
Una mujer de cabello oscuro, vestida de blanco, sostenía un corazón de cristal entre las manos.
Debajo del retrato estaba escrito:
EVELINA BLACKWOOD
LA PRIMERA
Evelyn se acercó.
—Es ella.
Isabel se quedó atrás.
—No la mires demasiado.
—¿Por qué?
—Porque puede mirarte de vuelta.
Evelyn levantó la vista.
Los ojos pintados de Evelina parecieron moverse.
Adrián se colocó junto a Evelyn.
—Esto no me gusta.
—A mí tampoco.
Entonces el retrato habló.
—Lyra.
Evelyn se quedó paralizada.
—¿Cómo sabes mi nombre?
La mujer del cuadro sonrió.
—Porque fui yo quien te lo dio.
Un silencio aterrador llenó la habitación.
—¿Qué?
Evelina continuó:
—Antes de que tu madre te llamara Evelyn, yo te llamé Lyra.
Evelyn sintió que le faltaba el aire.
—Eso es imposible.
—Nada es imposible cuando una familia lleva cuatro siglos haciendo el mismo pacto.
Elena dio un paso adelante.
—¿Qué pacto?
Los ojos de Evelina se dirigieron hacia ella.
—El pacto de la sangre.
Lydia negó.
—Nos dijeron que la sangre era una mentira.
—Lo era.
Evelyn frunció el ceño.
—Entonces, ¿qué querías realmente?
Evelina sonrió.
—Una familia que nunca pudiera abandonarme.
La habitación se oscureció.
Las paredes desaparecieron.
Evelyn vio una escena del pasado.
Evelina estaba sentada frente a un espejo.
Era joven.
Lloraba.
—No quiero estar sola.
Una voz respondió desde el cristal.
—Entonces dame algo.
—¿Qué?
—Tu muerte.
Evelina levantó la cabeza.
—¿Y qué recibiré?
—Eternidad.
La escena cambió.
Evelina aceptó.
El espejo se llenó de sombras.
Pero entonces apareció una niña.
Una pequeña Nerissa.
Evelyn abrió los ojos.
—¿Nerissa era una niña?
Asterion respondió desde la puerta:
—Sí.
—¿Y qué le hizo Evelina?
El rostro de Asterion se endureció.
—La convirtió en la primera guardiana.
Evelyn comprendió.
—Por eso Nerissa odia a los Blackwood.
—No los odia —dijo Asterion—. Los recuerda.
Una voz surgió detrás de Evelyn.
—Y tú también deberías recordarlos.
Evelyn se giró.
Nerissa estaba allí.
Pero no parecía una criatura.
Parecía una mujer joven.
Tenía lágrimas en los ojos.
—Yo fui la primera niña sacrificada por tu familia.
Evelyn sintió una punzada en el pecho.
—Entonces tú no empezaste el pacto.
Nerissa negó.
—No.
Miró el retrato de Evelina.
—Ella lo empezó.
El cuadro comenzó a agrietarse.
Evelina gritó:
—¡No permitas que te engañen!
Pero Nerissa sonrió.
—Ya no puedes mandarme.
El retrato explotó.
Detrás apareció una puerta secreta.
Asterion palideció.
—No...
Evelyn lo miró.
—¿Qué hay ahí?
Por primera vez, Asterion parecía verdaderamente asustado.
—El corazón original.
—¿El corazón de cristal?
—No.
Asterion retrocedió.
—El corazón de Evelina.
La puerta se abrió.
Dentro había una pequeña caja negra.
Evelyn avanzó hacia ella.
Adrián la siguió.
—Evelyn, espera.
Ella extendió la mano.
La caja se abrió sola.
Dentro había un corazón humano conservado en cristal.
Y debajo, una inscripción:
“Mientras este corazón exista, la primera Blackwood no podrá morir.”
Evelyn sintió que el corazón de cristal dentro de su pecho comenzaba a latir.
Tum.
Tum.
Tum.
Entonces una voz susurró desde la caja:
—Hija mía.
Evelyn se quedó helada.
Era la voz de Evelina.
—Por fin has regresado a mí.