—Por fin has regresado a mí.
La voz salió de la caja negra.
Evelyn no podía moverse.
Adrián se colocó delante de ella.
—No la escuches.
Pero Evelyn negó lentamente.
—Tengo que hacerlo.
—Evelyn...
—Toda mi vida alguien decidió qué debía recordar y qué debía olvidar.
Miró el corazón encerrado en cristal.
—Esta vez voy a escuchar la verdad.
El corazón comenzó a latir.
Tum.
Las paredes temblaron.
Tum.
Los retratos de las Blackwood empezaron a girar hacia Evelyn.
Tum.
Todos los rostros parecían observarla.
Entonces la voz habló nuevamente.
—Tú eres mi descendiente.
—¿Por qué me llamaste Lyra?
—Porque ese era el nombre que debía llevar la heredera.
Evelyn frunció el ceño.
—¿Heredera de qué?
El corazón respondió:
—De mí.
Una grieta recorrió el cristal que lo protegía.
Asterion retrocedió.
—Tenemos que salir.
Evelyn lo miró.
—¿Por qué tienes miedo?
—Porque si ese corazón despierta completamente, Evelina regresará.
Lydia palideció.
—¿Y qué pasará con Evelyn?
Asterion no respondió.
Evelyn comprendió.
—Ella ocupará mi cuerpo.
—No exactamente.
Asterion miró el corazón.
—Lo compartirá.
Evelyn apretó los puños.
—No.
Una voz apareció detrás de ella.
—Eso también fue lo que dijo Nerissa.
Evelyn se giró.
Nerissa estaba allí.
Pero ahora tenía una expresión diferente.
No había odio en sus ojos.
Había tristeza.
—¿Por qué me ayudas? —preguntó Evelyn.
Nerissa miró el corazón.
—Porque sé lo que significa perder tu propia identidad.
Evelyn permaneció en silencio.
—Yo fui la primera —continuó Nerissa—. Evelina me convirtió en guardiana y después intentó convertir mi alma en parte de su corazón.
Lydia preguntó:
—¿Y Asterion?
Nerissa lo miró.
—Él fue quien intentó detenerla.
Todos se volvieron hacia Asterion.
Él bajó la mirada.
—No pude.
—¿Entonces por qué sigues aquí?
Asterion respondió:
—Porque hice una promesa.
—¿A quién?
—A Evelina.
Evelyn sintió un escalofrío.
—¿Qué promesa?
Asterion levantó los ojos.
—Que cuando regresara la última heredera...
Miró directamente a Evelyn.
—...la ayudaría a morir.
Adrián desenvainó su espada.
—No vas a tocarla.
Asterion negó.
—No quiero matarla.
Señaló el corazón.
—Quiero impedir que ella la mate.
El cristal se rompió.
CRAAACK.
El corazón humano cayó sobre la mesa.
Una sombra salió de él.
Los retratos comenzaron a gritar.
Elena abrazó a Lydia.
Isabel retrocedió.
Y frente a Evelyn apareció una mujer.
Cabello negro.
Vestido blanco.
Ojos dorados.
Evelina.
—Hola, pequeña Lyra.
Evelyn sintió que las piernas le temblaban.
—No soy Lyra.
Evelina sonrió.
—Todavía no.
Se acercó.
Adrián intentó detenerla, pero una fuerza invisible lo lanzó contra la pared.
—¡Adrián!
Evelina extendió la mano.
—Ven conmigo.
Evelyn sintió una fuerza tirando de su pecho.
Su corazón de cristal comenzó a separarse de su cuerpo.
—¡No!
Elena y Lydia sujetaron sus manos.
Isabel gritó:
—¡Las cuatro!
Las hermanas se unieron.
El corazón dejó de salir.
Evelina frunció el ceño.
—Cuatro...
Miró a Isabel.
—No debías existir.
Isabel levantó la cabeza.
—Y tú tampoco debías regresar.
Por primera vez, Evelina pareció furiosa.
—Entonces las destruiré a todas.
La habitación comenzó a derrumbarse.
Piedras cayeron del techo.
Asterion gritó:
—¡SALGAN!
Pero Evelyn no se movió.
Miró a Evelina.
—No voy a huir.
—¿Qué harás?
Evelyn tomó el corazón de cristal con ambas manos.
—Voy a terminar lo que empezó mi familia.
Evelina sonrió.
—Entonces tendrás que hacer un último sacrificio.
Evelyn sintió un escalofrío.
—¿Cuál?
Evelina señaló a Adrián.
—Él.