La dama del espejo roto

Capitulo 59

Evelyn no podía respirar.
El joven permanecía detrás de Morian.
Tenía el cabello oscuro y los ojos grises.
Aquellos ojos.
Los había visto antes.
En sueños.
En recuerdos que no sabía que tenía.
En una infancia que creía perdida.
—No… —susurró Evelyn.
Adrián la miró.
—¿Lo conoces?
Evelyn no respondió.
El joven dio un paso adelante.
—Hola, Elara.
Su voz fue suficiente.
La memoria regresó.
Una niña corría por el bosque.
—¡Espera!
Un niño corría detrás de ella.
—¡Nunca me alcanzas!
Elara se detuvo y se volvió.
—Porque eres lento.
El niño sacó una pequeña flor blanca.
—Entonces tendrás que esperarme.
Ella tomó la flor.
—¿Por qué me la das?
—Porque cuando seas mayor quiero encontrarte otra vez.
Elara sonrió.
—¿Cómo?
El niño señaló el pequeño espejo que llevaba colgado al cuello.
—A través de esto.
Elara frunció el ceño.
—Los espejos dan miedo.
—A mí no.
El niño sonrió.
—Si algún día te pierdes, mírate en un espejo y yo te encontraré.
La memoria se desvaneció.
Evelyn volvió al presente con lágrimas en los ojos.
—Tu nombre…
El joven sonrió.
—Darian.
Aurelia dio un paso atrás.
—El hijo de Morian.
Darian asintió.
—Sí.
Evelyn miró a Morian.
—¿Por qué nunca lo recordé?
—Porque tuve que borrar sus recuerdos.
—¿Por qué?
Morian respondió:
—Porque Elara era la única persona capaz de destruir mi creación.
Evelyn apretó los puños.
—¿Y Darian?
Morian miró a su hijo.
—Él era la única persona capaz de hacerte regresar.
Darian bajó la mirada.
—Padre…
—No intervengas.
—Ya has hecho suficiente.
Morian lo miró con frialdad.
—Te recuerdo cuál es tu propósito.
Darian negó.
—No soy una herramienta.
Morian levantó una mano.
El espejo comenzó a brillar.
Darian cayó de rodillas.
—¡Darian! —gritó Evelyn.
Corrió hacia él.
Morian la detuvo con una barrera invisible.
—No puedes tocarlo.
—¡Suéltalo!
—Él pertenece al espejo.
Darian levantó la cabeza.
—No.
Sus ojos comenzaron a cambiar.
—Yo pertenezco a nadie.
Una grieta apareció en el espejo de Morian.
El hombre retrocedió.
—¿Qué estás haciendo?
Darian se levantó.
—Eligiendo.
La palabra resonó por toda la mansión.
Evelyn sintió que algo dentro de ella despertaba.
La llave blanca apareció en su mano.
La mitad negra apareció en la de Adrián.
Ambas comenzaron a brillar.
Morian perdió su sonrisa.
—No.
Darian se acercó a Evelyn.
—Lo siento.
—¿Por qué?
—Por haber tardado tanto en encontrarte.
Evelyn lo miró.
—Yo también te recuerdo.
Darian sonrió.
—Entonces ya no pueden obligarnos a olvidar.
Morian gritó.
El espejo explotó.
Una ola de oscuridad atravesó la habitación.
Adrián abrazó a Evelyn.
Aurelia y Cael se protegieron mutuamente.
Nerissa extendió las manos.
Y la oscuridad se detuvo.
Morian la miró sorprendido.
—Tú…
Nerissa respondió:
—Ya no soy tu guardiana.
La sombra comenzó a retirarse.
—¡Tú me perteneces!
—No.
Nerissa sonrió.
—Hace mucho tiempo dejé de pertenecerte.
Morian retrocedió.
Por primera vez parecía tener miedo.
Pero entonces Darian levantó la mano.
—Padre.
Morian se volvió.
—¿Qué?
—Se acabó.
Darian abrió la palma.
Dentro había una pequeña llave de cristal.
Evelyn la reconoció.
Era idéntica a la que había visto en sus recuerdos.
Morian palideció.
—¿Dónde la encontraste?
—En el lugar donde encerraste mis recuerdos.
Darian miró a Evelyn.
—Y ahora sé cómo abrirlo.
Evelyn se acercó.
—¿Abrir qué?
Darian señaló el espejo roto.
—El primer espejo.
Asterion se quedó inmóvil.
—Eso es imposible.
Darian negó.
—No.
Miró a Evelyn.
—Es la única forma de terminar esto.
Morian soltó una carcajada.
—¿De verdad creen que pueden destruir el primer espejo?
Darian levantó la llave.
—No vamos a destruirlo.
Evelyn comprendió.
—Vamos a entrar.
Morian dejó de reír.
—Si entran…
Su rostro se llenó de terror.
—…jamás podrán regresar.
Evelyn tomó la mano de Adrián.
Después tomó la de Darian.
Sus hermanas se acercaron.
Aurelia.
Cael.
Elena.
Nerissa.
Todos juntos frente al espejo.
Evelyn levantó la llave.
—Entonces iremos juntos.
La cerradura apareció en el centro del cristal.
Clic.
El espejo se abrió.
Y al otro lado…
había una ciudad entera.
Una ciudad antigua.
Iluminada por miles de espejos.
Darian susurró:
—Bienvenida al lugar donde comenzó todo.
Evelyn dio un paso hacia adelante.
Pero antes de cruzar, escuchó una voz detrás de ella.
—Elara.
Se giró.
Era Morian.
Ya no parecía un monstruo.
Parecía un padre aterrorizado.
—Si entras ahí…
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—conocerás la razón por la que tuve que borrarte de tu propia vida.
Evelyn sostuvo la mirada.
—Entonces es hora de recordarla.
Y cruzó el espejo.




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