La dama del espejo roto

Capitulo 61

La grieta continuó abriéndose.
Una línea negra atravesó la calle de piedra y se extendió hasta el centro de la ciudad.
Evelyn permaneció inmóvil.
La voz que había surgido desde las profundidades seguía resonando en su cabeza.
Hermana…
—Esa voz… —susurró Lydia.
Isabel la miró.
—Es igual a la de Evelyn.
—No —respondió Asterion—. No es igual.
Todos voltearon hacia él.
Asterion tenía el rostro desencajado.
—Es su voz.
Evelyn sintió un frío recorrerle la espalda.
—¿Qué significa eso?
Asterion no respondió.
Fue Aurelia quien habló.
—Significa que hay otra parte de ti aquí abajo.
Darian dio un paso hacia Evelyn.
—Elara…
Ella levantó una mano.
—No.
Todos guardaron silencio.
—Quiero saber la verdad.
La grieta se abrió un poco más.
Desde su interior apareció una pequeña mano.
Evelyn retrocedió.
Adrián se colocó delante de ella.
—Quédate detrás de mí.
—No —dijo Evelyn.
Adrián la miró.
—Evelyn…
—Toda mi vida alguien decidió qué debía recordar, qué debía olvidar y de quién debía protegerme.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Esta vez quiero verlo yo.
Adrián bajó lentamente el brazo.
—Entonces no voy a dejarte sola.
Evelyn le tomó la mano.
—Gracias.
Darian observó aquel gesto en silencio.
Después apartó la mirada.
Pero Evelyn lo notó.
No dijo nada.
No era el momento.
La pequeña mano salió completamente de la grieta.
Después apareció una niña.
Tenía aproximadamente ocho años.
Cabello oscuro.
Piel pálida.
Un vestido blanco cubierto de polvo.
Y los mismos ojos de Evelyn.
La niña levantó la cabeza.
—Elara.
Evelyn dejó escapar un suspiro.
—¿Quién eres?
La niña sonrió.
—Tú.
Un silencio absoluto cayó sobre la ciudad.
—Eso no es posible —dijo Cael.
La niña negó.
—No soy tu futuro.
Miró a Evelyn.
—Soy lo que dejaste atrás.
Evelyn sintió que el corazón se le detenía.
Lydia comenzó a llorar.
—La memoria…
Isabel comprendió.
—No es una persona.
Elena dio un paso hacia la niña.
—Es un fragmento.
La pequeña Evelyn asintió.
—El último.
Aurelia palideció.
—¿El último fragmento de Aurelia?
La niña negó.
—No.
Miró directamente a Evelyn.
—El último fragmento de Elara.
La expresión de Evelyn cambió.
—¿Qué significa eso?
La niña se acercó.
—Cuando entraste en el Vacío, dejaste una parte de ti aquí para que pudiera recordar por ti.
Darian cerró los ojos.
—Por eso no podía recordar…
La niña lo miró.
—Tú tampoco.
Darian se quedó paralizado.
—¿Qué?
—Morian no solamente borró los recuerdos de Elara.
La niña levantó una pequeña mano.
—También borró los tuyos.
Evelyn miró a Darian.
De repente, fragmentos comenzaron a aparecer en su mente.
Un jardín.
Una torre.
Darian riendo.
Ella llorando.
Una puerta negra.
Y una promesa.
“Si olvidas quién soy, encuéntrame en el primer espejo.”
Darian se llevó una mano a la cabeza.
—Yo te prometí algo…
—Sí —susurró Evelyn.
—Prometí encontrarte.
La niña sonrió.
—Y lo hiciste.
Entonces la ciudad entera comenzó a cambiar.
Las casas desaparecieron.
Las calles se transformaron en árboles.
La luna se convirtió en un enorme círculo plateado.
Y en el centro apareció una estructura gigantesca.
Un espejo.
Pero este no estaba roto.
Era perfecto.
Antiguo.
Más grande que cualquier otro que hubieran visto.
Asterion se quedó sin palabras.
—El primer espejo…
Evelyn avanzó lentamente.
—¿Qué hay detrás?
La niña respondió:
—El lugar donde Morian encontró el Vacío.
Nerissa se estremeció.
—Entonces tenemos que destruirlo.
—No —dijo Evelyn.
Todos la miraron.
Ella contempló el espejo.
—Si lo destruimos sin saber qué hay detrás, podríamos liberar algo peor.
Asterion asintió lentamente.
—Tiene razón.
Pero entonces una figura apareció dentro del espejo.
Morian.
Esta vez parecía diferente.
No tenía su expresión fría.
Parecía…
asustado.
—¡Elara! —gritó desde el otro lado.
Evelyn se acercó.
—¿Por qué me borraste?
Morian cerró los ojos.
—Porque aquella noche descubriste que el Vacío no era el verdadero peligro.
—¿Entonces qué lo era?
Morian abrió los ojos.
Y detrás de él apareció una silueta.
Una figura alta.
Sin rostro.
Sin ojos.
Sin boca.
Evelyn sintió que la parte del Vacío dentro de ella reaccionaba.
La criatura levantó lentamente una mano.
Y señaló directamente hacia ella.
Morian susurró:
—Tú.
Evelyn se quedó inmóvil.
—¿Yo?
—No eres la víctima del Vacío, Elara.
Morian tragó saliva.
—Eres aquello que el Vacío estaba intentando contener.
La niña tomó la mano de Evelyn.
Y por primera vez…
sonrió con miedo.
—Hermana…
Evelyn la miró.
—¿Qué?
La niña respondió:
—Nosotras fuimos la primera puerta.
El primer espejo comenzó a abrirse.
Y algo del otro lado empezó a salir.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.