La dama del espejo roto

Capitulo 46

Evelyn contempló la pequeña llave negra sobre la mesa.
No parecía antigua.
No parecía mágica.
Y, sin embargo, desde que la había visto, sentía algo extraño dentro del pecho.
Como si una parte de ella la reconociera.
—¿Qué significa que haya algo dentro de mí? —preguntó.
Isabel no respondió inmediatamente.
Miró a Nerissa.
—Díselo tú.
Nerissa permaneció en silencio.
—¿Qué? —insistió Evelyn.
Finalmente, Nerissa habló.
—Evelina desapareció.
—Sí.
—Pero dejó algo atrás.
Adrián apretó la mano de Evelyn.
—¿Qué dejó?
Nerissa miró directamente a Evelyn.
—Su voluntad.
El corazón de Evelyn dio un vuelco.
—¿Dentro de mí?
—Cuando rompiste el corazón original, una parte de Evelina entró en ti.
Evelyn retrocedió.
—No.
—Por eso la llave te reconoce.
Evelyn tomó la llave negra.
En cuanto sus dedos tocaron el metal, sintió un dolor punzante.
Una voz apareció en su cabeza.
“No abras la puerta.”
Evelyn soltó la llave.
—¿La escucharon?
—¿Qué? —preguntó Elena.
—Una voz.
Isabel se acercó lentamente.
—¿Qué dijo?
Evelyn tragó saliva.
—Que no abra la puerta.
Nerissa cerró los ojos.
—Ya comenzó.
—¿Qué comenzó?
—La última etapa.
Las paredes de la biblioteca comenzaron a agrietarse.
Adrián miró alrededor.
—¿Otra vez?
—No es la mansión —dijo Nerissa.
Señaló el pecho de Evelyn.
—Es ella.
Evelyn sintió que algo golpeaba desde dentro.
Tum.
Tum.
Tum.
Cayó de rodillas.
—¡Evelyn!
Adrián la sostuvo.
Su cuerpo comenzó a calentarse.
Una línea negra apareció lentamente desde su muñeca hasta su hombro.
—¡Quítenmela!
Nerissa negó.
—No se puede.
—¡Haz algo!
—Solo tú puedes detenerla.
Evelyn levantó la mirada.
—¿Cómo?
Nerissa señaló la llave.
—Tienes que decidir qué parte de ti quieres conservar.
Evelyn comprendió.
Otra vez la elección.
Siempre la elección.
Cerró los ojos.
Vio a Evelina.
A Nerissa.
A su madre.
A las cuatro niñas.
Y finalmente se vio a sí misma.
No como Lyra.
No como heredera.
No como recipiente.
Simplemente Evelyn.
—Yo elijo ser yo.
La marca negra se detuvo.
Pero no desapareció.
Adrián la miró preocupado.
—¿Funcionó?
Evelyn abrió los ojos.
—No completamente.
Entonces la voz de Evelina volvió a hablar dentro de su cabeza.
“Todavía me necesitas.”
Evelyn se puso de pie.
—No.
“Sin mí, morirás.”
—Prefiero arriesgarme.
La voz guardó silencio.
Por primera vez, Evelyn sintió que tenía el control.
Tomó la llave negra.
Y vio algo grabado en su reverso.
Un nombre.
ASHCROFT.
Adrián palideció.
—Eso no puede ser.
Evelyn lo miró.
—¿Qué?
Él tomó la llave.
La observó durante varios segundos.
—Esta llave pertenecía a mi familia.
Su padre se acercó.
—No.
Adrián levantó la mirada.
—Papá...
El hombre parecía aterrorizado.
—Esa llave desapareció hace cien años.
—¿Para qué servía?
El padre de Evelyn respondió antes que él:
—Para cerrar el pacto.
Todos guardaron silencio.
—Entonces podemos terminarlo —dijo Elena.
El hombre negó lentamente.
—No.
—¿Por qué?
Miró a Evelyn.
—Porque para cerrar el pacto definitivamente...
Hizo una pausa.
—...la llave necesita una última persona dentro.
Evelyn sintió un escalofrío.
—¿Quién?
El hombre miró a Adrián.
—Un Ashcroft.
Adrián entendió inmediatamente.
—No.
La puerta de la biblioteca se cerró de golpe.
Y desde el otro lado se escuchó una voz conocida:
—Entonces será él.




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