Evelyn abrió los ojos.
Durante unos segundos no vio la mansión.
No vio a Adrián.
No vio a sus hermanas.
Vio un bosque cubierto de nieve.
Y recordó.
—Elara… —susurró.
Aurelia se acercó.
—¿Qué recuerdas?
Evelyn la miró.
Y por primera vez no la vio como una desconocida.
La vio como su hermana mayor.
—Todo.
Tenía cinco años.
Corría por el bosque junto a Aurelia y Cael.
Los tres reían mientras Erevan los observaba desde lejos.
Evelina estaba junto a él.
Parecía feliz.
Pero entonces llegó Elena.
Mucho más joven.
Llevaba a una bebé entre sus brazos.
—Esta es Evelyn —dijo.
Elara se acercó.
—¿Es nuestra hermana?
Elena sonrió.
—Sí.
La pequeña Evelyn abrió los ojos.
Elara la tomó entre sus brazos.
Y en ese instante sintió algo extraño.
Una sombra apareció detrás de la bebé.
El Vacío.
Elara gritó.
—¡Está aquí!
Todos corrieron.
Erevan levantó la mano.
Una barrera de luz apareció alrededor de los niños.
Pero el Vacío habló.
—No pueden protegerlos para siempre.
Evelina abrazó a Aurelia.
—¡Llévate a los niños!
Erevan tomó a Cael.
Elena tomó a Evelyn.
Y Elara corrió detrás de ellos.
Pero el Vacío la alcanzó.
—Tú eres diferente.
Elara se volvió.
—No te tengo miedo.
La criatura sonrió.
—Eso es precisamente lo que me preocupa.
Evelyn regresó al presente de golpe.
Estaba llorando.
—Yo lo enfrenté.
Asterion asintió.
—Sí.
—¿Y qué pasó?
Elena respondió:
—El Vacío entró en tu mente.
Evelyn cerró los ojos.
—Pero no pudo quedarse.
—Porque hiciste algo que nadie había hecho antes.
—¿Qué?
Asterion se acercó.
—Lo encerraste dentro de ti.
Todos quedaron en silencio.
Adrián palideció.
—¿Ella lo lleva dentro?
—Una parte.
Evelyn miró sus manos.
—Por eso siempre sentía que había alguien más conmigo.
Nerissa apareció lentamente.
—No era solo yo.
Evelyn la miró.
—¿Qué quieres decir?
Nerissa señaló su pecho.
—Cuando el Vacío entró en ti, yo entré también.
Evelyn comprendió.
—Tú estabas intentando protegerme.
Nerissa sonrió.
—Por primera vez.
Las dos se miraron.
Y Evelyn extendió la mano.
Nerissa la tomó.
—Gracias.
De pronto, la puerta negra comenzó a desaparecer.
Pero antes de cerrarse, Cael gritó:
—¡Esperen!
Todos lo miraron.
Cael estaba observando el interior de la puerta.
—Hay alguien ahí.
Aurelia se acercó.
—¿Quién?
Cael señaló una pequeña figura.
Una niña.
Sentada en el suelo.
Evelyn sintió que el corazón se le detenía.
—Es…
La niña levantó la cabeza.
Era ella.
Pero mucho más pequeña.
La pequeña Elara.
—No —susurró Evelyn.
La niña comenzó a llorar.
—Me dejaron aquí.
Evelyn avanzó.
—Yo no te dejé.
—Sí.
—No.
La niña negó con la cabeza.
—Cuando escapaste, cerraste la puerta.
Evelyn recordó.
Una imagen apareció en su mente.
Ella misma, de niña, frente a la puerta.
Tenía una llave.
Y detrás estaba el Vacío.
La pequeña Elara había cerrado la puerta.
Pero había dejado a una parte de sí misma atrapada allí.
Su miedo.
Su soledad.
Su culpa.
Su infancia.
Evelyn entendió.
—Tú eres la parte que dejé atrás.
La niña asintió.
—Quiero volver contigo.
Evelyn se arrodilló frente a ella.
—Entonces vuelve.
—¿No tienes miedo?
Evelyn sonrió entre lágrimas.
—Sí.
La niña la miró sorprendida.
—Pero ya no voy a huir de él.
Evelyn extendió los brazos.
La pequeña corrió hacia ella.
Cuando se abrazaron, una luz blanca llenó la habitación.
La niña desapareció dentro de Evelyn.
La marca de la corona negra se desvaneció.
Y por primera vez en siglos…
el Vacío dejó de hablar.
Silencio.
Completo.
Aurelia comenzó a llorar.
Cael sonrió.
—Lo hiciste.
Evelyn se puso de pie.
—No.
Miró a sus hermanas.
—Lo hicimos.
Adrián se acercó.
—¿Y ahora?
Evelyn miró la puerta.
Ya no había oscuridad.
Solo una entrada abierta hacia el bosque.
Elena apareció a su lado.
—Ahora pueden irse.
Evelyn frunció el ceño.
—¿Irnos?
Elena sonrió.
—La historia de los Blackwood terminó.
Evelyn miró la mansión.
Por primera vez no sintió miedo.
Sintió paz.
Pero entonces Asterion levantó la cabeza.
—No tan rápido.
Todos lo miraron.
El anciano señaló el bosque.
Entre los árboles había aparecido una figura.
Un hombre.
Alto.
Vestido completamente de negro.
Y en su mano sostenía un pequeño espejo.
—¿Quién es? —preguntó Adrián.
Asterion palideció.
—El único ser que incluso el Vacío temía.
El hombre levantó el espejo.
Y sonrió.
—Hola, Elara.
Evelyn sintió un escalofrío.
Porque reconoció su voz.
Era la misma voz que había escuchado cuando era niña.
La voz que le había prometido:
“Algún día volveré por ti.”