La dama del espejo roto

Capitulo 50

La inscripción brillaba sobre la llave blanca.
LA CREADORA NO FUE UNA MUJER.
Evelyn no podía apartar los ojos de aquellas palabras.
—Entonces… ¿quién fue? —preguntó.
La criatura detrás de la puerta permaneció inmóvil.
Por primera vez, no parecía estar disfrutando de la situación.
Parecía estar esperando.
Asterion se acercó lentamente.
—Evelyn, hay algo que nunca te conté.
—¿Qué?
—El pacto no nació de una persona.
Adrián frunció el ceño.
—¿Entonces de dónde salió?
Asterion levantó la mirada hacia el techo.
—Del miedo.
Un silencio pesado llenó la habitación.
—El primer ser que descubrió cómo utilizar el miedo como una fuerza fue llamado El Vacío.
Nerissa retrocedió.
—No…
Evelyn la miró.
—¿Lo conoces?
Nerissa comenzó a temblar.
—No directamente.
—Entonces, ¿por qué tienes miedo?
Nerissa señaló a la criatura.
—Porque él fue quien me enseñó que podía sobrevivir dentro de los espejos.
La sombra extendió los brazos.
—Yo no te enseñé a sobrevivir.
Su voz se volvió profunda.
—Te enseñé a no morir.
Nerissa cerró los ojos.
Una lágrima recorrió su rostro.
—Me mentiste.
—Te ofrecí una eternidad.
—Me convertiste en un monstruo.
—Te convertiste en uno porque elegiste vivir.
Evelyn sintió un escalofrío.
Otra vez aquella palabra.
Elegir.
Comprendió entonces por qué el pacto siempre había hablado de elecciones.
No quería sangre.
No necesitaba sacrificios.
Necesitaba personas desesperadas.
Personas dispuestas a entregar algo de sí mismas para conseguir aquello que más deseaban.
Evelina quería recuperar a Aurelia.
Nerissa quería dejar de morir.
La familia Blackwood quería escapar de la muerte.
Los Ashcroft querían proteger su secreto.
Y Evelyn…
Evelyn había querido salvar a sus hermanas.
El Vacío se alimentaba de todas esas decisiones.
—Tú no creaste el pacto —dijo Evelyn.
La criatura inclinó la cabeza.
—No.
—Solo lo alimentaste.
La sombra sonrió.
—Ahora lo entiendes.
Aurelia seguía sentada sobre la cama.
Evelyn se acercó lentamente.
—¿Por qué me llamaste?
La niña levantó la mirada.
—Porque tú tienes lo que me pertenece.
Evelyn se quedó inmóvil.
—¿Qué?
Aurelia señaló su pecho.
—Mi corazón.
Evelyn sintió un fuerte dolor.
Cayó de rodillas.
Las cuatro hermanas gritaron al mismo tiempo.
Un resplandor salió de su cuerpo.
Y apareció un corazón.
No era humano.
Era de cristal.
Pero estaba dividido en cuatro partes.
Una para Evelyn.
Una para Elena.
Una para Lydia.
Una para Isabel.
Asterion palideció.
—Ahora entiendo…
Adrián se acercó.
—¿Qué entiendes?
—Las cuatro nunca fueron fragmentos de Evelyn.
Evelyn levantó la cabeza.
—Entonces, ¿qué somos?
Asterion señaló el corazón.
—Ustedes son fragmentos de Aurelia.
Las cuatro hermanas quedaron en silencio.
Lydia negó con la cabeza.
—No.
Elena comenzó a llorar.
—Entonces nuestros recuerdos…
Isabel terminó la frase:
—No eran recuerdos de una vida anterior.
Evelyn miró a Aurelia.
La niña sonrió.
—Eran recuerdos de mí.
Todo comenzó a encajar.
Las voces.
Los espejos.
Lyra.
Evelyn.
La unión de las hermanas.
El corazón de cristal.
Incluso la razón por la que Evelina había iniciado el pacto.
No había intentado traer a su hija desde la muerte.
Había intentado reconstruirla.
Y había utilizado cuatro almas humanas para hacerlo.
Pero había cometido un error.
Había creado cuatro personas.
Cuatro vidas.
Cuatro voluntades.
No había conseguido devolver a Aurelia.
Había creado una familia.
La criatura comenzó a acercarse.
—Devuélveme lo que me pertenece.
Evelyn se puso de pie.
—No.
—Ese corazón fue creado para mí.
—Entonces tendrás que venir por él.
Adrián se colocó junto a ella.
Las tres hermanas hicieron lo mismo.
Cuatro luces comenzaron a rodear a Evelyn.
La criatura rugió.
El suelo se quebró.
Los espejos de la habitación explotaron.
Pero Evelyn no retrocedió.
—Nosotras no somos partes de nadie.
Miró a sus hermanas.
—Somos nosotras.
Elena tomó su mano.
—Elegimos existir.
Lydia sonrió.
—Elegimos recordar.
Isabel añadió:
—Elegimos quiénes somos.
Adrián sostuvo la mano de Evelyn.
—Y yo elijo quedarme.
El corazón de cristal comenzó a brillar.
La criatura gritó.
—¡NO!
Evelyn levantó la llave blanca.
—Entonces esta es nuestra última elección.
La llave atravesó el corazón.
Una luz cegadora llenó la habitación.
Y por primera vez, el Vacío gritó con verdadero miedo.
Pero antes de desaparecer, susurró:
—Si me destruyen…
La oscuridad comenzó a romperse.
—también destruirán a Aurelia.
Evelyn abrió los ojos.
Y vio que la niña había desaparecido.
En su lugar, sobre la cama, había quedado una pequeña corona negra.
Y una nota.
Evelyn la tomó.
Solo había cuatro palabras:
“Yo también elegí sobrevivir.”
Entonces, desde algún lugar de la mansión, sonaron tres golpes.
Toc.
Toc.
Toc.
Adrián miró hacia la puerta.
—¿Eso qué significa?
Evelyn levantó lentamente la mirada.
Porque reconoció aquella voz.
Era la voz de Aurelia.
—Significa que desperté.




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