La dama del espejo roto

Capitulo 47

—Entonces será él.
La voz atravesó la puerta.
Adrián levantó la mirada.
—¿Quién eres?
La puerta comenzó a cubrirse de sombras.
Su padre retrocedió.
—No...
Evelyn lo miró.
—¿Lo conoces?
El hombre no respondió.
La voz volvió a escucharse.
—Claro que me conoce.
La puerta se abrió lentamente.
Un hombre apareció al otro lado.
Llevaba un antiguo abrigo negro y tenía el mismo medallón que Adrián había usado durante años.
Adrián quedó paralizado.
—Abuelo...
El hombre sonrió.
—Por fin.
Evelyn sintió un escalofrío.
—Pero tú estás muerto.
—Eso es lo que tu familia creyó.
El padre de Adrián dio un paso atrás.
—No debiste regresar.
—Nunca me fui.
El hombre miró a Evelyn.
—Ella tiene la llave.
Después señaló a Adrián.
—Y él tiene la sangre.
Evelyn apretó la llave negra.
—No voy a entregarlo.
El anciano sonrió.
—No puedes impedirlo.
La llave comenzó a calentarse.
Adrián tomó la mano de Evelyn.
—No la sueltes.
—No pienso hacerlo.
—Evelyn...
—No.
Ella lo miró directamente.
—Esta vez no voy a dejar que nadie decida por nosotros.
El anciano golpeó el suelo con su bastón.
Una onda de energía recorrió la biblioteca.
Adrián cayó de rodillas.
—¡Adrián!
Evelyn corrió hacia él.
Una marca negra apareció sobre su pecho.
La misma marca que había aparecido en Evelyn.
—Está empezando —dijo el padre de Adrián.
—¿Qué está empezando?
—El vínculo.
Adrián respiraba con dificultad.
—Evelyn...
Ella tomó su rostro entre las manos.
—Mírame.
Él levantó los ojos.
—Estoy aquí.
—No dejes que te lleve.
—No voy a hacerlo.
El anciano observó la escena.
—Qué conmovedor.
Nerissa apareció detrás de Evelyn.
—No funcionará.
Evelyn se giró.
—¿Qué?
—El pacto fue creado para dividirlos.
Nerissa miró a Adrián.
—Blackwood y Ashcroft nunca debían elegirse.
Evelyn comprendió.
—Entonces esa es la trampa.
—Sí.
—¿Cuál?
Nerissa señaló la llave.
—Si Adrián entra voluntariamente, el pacto se cierra.
Evelyn apretó los dientes.
—¿Y si no entra?
—El pacto permanece abierto.
—Entonces nadie entra.
El anciano soltó una carcajada.
—¿Crees que puedes romper cuatro siglos de magia con una simple decisión?
Evelyn levantó la llave.
—No es una simple decisión.
Elena se acercó.
—Es nuestra elección.
Lydia tomó la mano de Elena.
Isabel tomó la de Lydia.
Adrián se puso de pie.
—Y yo también elijo.
El anciano dejó de sonreír.
—No.
Adrián miró a Evelyn.
—No voy a ser tu sacrificio.
Ella sonrió.
—Ni yo el tuyo.
Las cuatro hermanas unieron sus manos.
Adrián se colocó junto a ellas.
La llave negra comenzó a brillar.
El anciano gritó:
—¡NO!
La biblioteca empezó a derrumbarse.
Pero esta vez las sombras no atacaron.
Retrocedieron.
Como si algo más poderoso estuviera despertando.
Evelyn escuchó una voz dentro de su mente.
La de Evelina.
“Finalmente entendiste.”
Evelyn cerró los ojos.
—¿Qué?
“El pacto nunca necesitó un sacrificio.”
La llave se partió en dos.
Una mitad quedó en la mano de Evelyn.
La otra apareció en la de Adrián.
Evelyn abrió los ojos.
—Necesitaba dos personas que eligieran quedarse.
El anciano gritó.
La oscuridad comenzó a desaparecer.
Y, por primera vez en cuatro siglos, el símbolo de los Blackwood y el de los Ashcroft se separaron.
Pero antes de que todo terminara, una última puerta apareció detrás de Evelyn.
Y sobre ella había una inscripción:
“EL PACTO HA TERMINADO.”
Debajo apareció otra frase.
“PERO LA HISTORIA NO.”
Evelyn miró a Adrián.
Él apretó su mano.
La puerta comenzó a abrirse.
Y una voz infantil susurró desde dentro:
—Todavía falta una verdad, Evelyn.




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