—Pero yo también.
La voz de Nerissa resonó por toda la habitación.
Evelyn se quedó inmóvil.
Isabel seguía de pie frente a ellas, pero ya no parecía una niña perdida. Su cuerpo desprendía una luz tenue y plateada.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Evelyn.
La sombra de la pared comenzó a crecer.
—Que durante siglos todos cometieron el mismo error.
Nerissa apareció lentamente.
—Creyeron que yo necesitaba un cuerpo.
Adrián tomó a Evelyn de la mano.
—¿Entonces qué necesitas?
Nerissa sonrió.
—Un alma completa.
El corazón de cristal comenzó a latir.
Tum...
Las cuatro hermanas sintieron el mismo dolor.
Tum...
Evelyn cayó de rodillas.
—¡Ah!
Elena y Lydia también se doblaron.
Isabel fue la única que permaneció de pie.
—No luches contra ella —dijo.
Evelyn levantó la cabeza.
—¿Qué?
—Escúchala.
Nerissa extendió una mano.
—Durante generaciones, las Blackwood intentaron destruirme. Pero nunca entendieron la verdad.
Miró a Evelyn.
—Yo no soy una criatura que entró en su familia.
Señaló el corazón de cristal.
—Yo nací de ella.
Evelyn sintió un recuerdo.
Una mujer llorando frente al espejo.
Seraphine.
Su dolor.
Su desesperación.
Su deseo de recuperar a su hija.
Y entonces comprendió.
—Seraphine te creó.
—Sí.
Nerissa bajó la mirada.
—Pero después intentó destruirme.
El padre de Evelyn habló:
—Porque te convertiste en algo que ella no podía controlar.
—No.
Nerissa lo miró.
—Porque descubrí que podía vivir sin ella.
La habitación quedó en silencio.
Adrián preguntó:
—¿Y las hermanas?
Nerissa sonrió.
—Las cuatro partes de un alma que Seraphine intentó separar.
Evelyn miró a sus hermanas.
Memoria.
Vida.
Elección.
Identidad.
Todo encajaba.
—Entonces si nos unimos...
—Yo también regresaré.
Evelyn sintió miedo.
Pero esta vez no retrocedió.
—No.
Nerissa frunció el ceño.
—¿No?
—No vas a decidir por nosotras.
Evelyn tomó la mano de Elena.
Lydia tomó la de Isabel.
Las cuatro quedaron unidas.
El corazón de cristal apareció sobre ellas.
—Esta vez elegimos nosotras —dijo Evelyn.
Nerissa gritó:
—¡NO PUEDEN!
Una onda de oscuridad atravesó la habitación.
Adrián cayó contra la pared.
El padre de Evelyn perdió el equilibrio.
Pero las cuatro hermanas no soltaron sus manos.
La luz aumentó.
Evelyn comenzó a escuchar voces.
Su madre.
Seraphine.
Azael.
Mara.
Todos aquellos que habían sido víctimas del pacto.
—No necesitamos destruirte —susurró Evelyn.
Nerissa dejó de gritar.
—¿Qué estás haciendo?
—Te estamos quitando aquello que siempre quisiste.
—¿Qué?
Evelyn miró directamente a sus ojos.
—El control.
El corazón de cristal se abrió.
Una enorme grieta apareció en su centro.
Nerissa fue arrastrada hacia ella.
—¡Lyra!
Evelyn cerró los ojos.
—Mi nombre es Evelyn.
La sombra desapareció dentro del cristal.
CRAAAAACK.
El corazón se partió.
Y por primera vez...
No salió oscuridad.
Salió luz.
Las cuatro hermanas cayeron al suelo.
Durante unos segundos nadie habló.
Adrián se levantó lentamente y corrió hacia Evelyn.
—¿Estás bien?
Evelyn abrió los ojos.
—Creo que sí.
Él sonrió aliviado.
Pero entonces Isabel miró hacia la pared.
—No terminó.
Todos se volvieron.
La pared estaba completamente cubierta de escritura.
Una frase apareció lentamente:
“NERISSA FUE LA PRIMERA.”
Otra línea apareció debajo.
“PERO NO FUE LA ÚLTIMA.”
Y finalmente...
Una puerta apareció donde antes no había nada.
Sobre ella estaba grabado un símbolo desconocido.
Isabel palideció.
—Esa puerta...
Evelyn se acercó.
—¿Qué hay detrás?
Isabel tomó su mano.
—El lugar donde comenzó todo.
La puerta se abrió.
Y una voz masculina, profunda y desconocida, susurró desde la oscuridad:
—Bienvenidas, hijas de la primera Blackwood.