La dama del espejo roto

Capitulo 58

El bosque quedó completamente en silencio.
Evelyn no podía apartar la mirada del hombre que estaba entre los árboles.
Vestía de negro.
Su cabello era oscuro, casi plateado bajo la luz de la luna.
Y en su mano sostenía un pequeño espejo.
—¿Quién eres? —preguntó Evelyn.
El hombre sonrió.
—Ya me conoces.
—No.
—Me conociste antes de recordar que eras Elara.
Asterion dio un paso atrás.
—No debiste volver.
El hombre lo miró.
—Tú tampoco debiste sobrevivir.
Adrián se colocó junto a Evelyn.
—¿Qué quieres?
El hombre levantó el espejo.
—A ella.
Señaló a Evelyn.
—Siempre la he querido a ella.
Evelyn sintió un escalofrío.
—¿Por qué?
—Porque Elara fue la única que consiguió escapar de mí.
Aurelia se adelantó.
—¡No la tocarás!
El hombre soltó una pequeña risa.
—Aurelia.
La sonrisa desapareció de su rostro.
—Tú deberías haber muerto hace siglos.
Aurelia palideció.
Cael se colocó delante de ella.
—No vuelvas a hablarle así.
El hombre lo observó.
—Y tú sigues protegiéndola.
—Siempre.
Por un instante, el hombre pareció recordar algo.
—Eso fue lo que te condenó.
Cael frunció el ceño.
—¿Qué hiciste conmigo?
El hombre levantó el espejo.
Dentro apareció una imagen.
Cael, siendo un niño, estaba encerrado en una habitación.
El Vacío estaba frente a él.
Pero esta vez no era el Vacío quien lo encerraba.
Era aquel hombre.
Evelyn abrió los ojos.
—Tú…
Asterion habló con voz temblorosa:
—Su nombre es Morian.
El hombre sonrió.
—Por fin alguien me recuerda.
Evelyn miró a Asterion.
—¿Quién es?
—El primer guardián de los espejos.
Morian negó.
—No.
Levantó el espejo.
—Soy el primer hombre que descubrió cómo atravesarlos.
Evelyn comprendió.
—Tú creaste los espejos.
—No.
Morian miró el cristal.
—Yo descubrí que los espejos ya existían antes que nosotros.
Nerissa apareció lentamente junto a Evelyn.
Al verlo, se estremeció.
—Tú…
Morian la observó.
—Nerissa.
Ella retrocedió.
—Fuiste tú quien me encontró.
—Sí.
—Tú me enseñaste a entrar en los espejos.
—Sí.
Evelyn miró a Nerissa.
—Entonces él…
—Fue mi maestro —susurró Nerissa—. Antes de que conociera a Evelina.
Morian sonrió.
—Y antes de que el Vacío existiera.
Evelyn sintió que todas las piezas se movían otra vez.
—¿Entonces tú eres más antiguo que el Vacío?
—Mucho más.
Morian abrió la mano.
El pequeño espejo comenzó a brillar.
—Pero no soy su enemigo.
—¿Entonces qué eres?
Morian miró directamente a Evelyn.
—Su creador.
El mundo pareció detenerse.
Asterion cerró los ojos.
—No…
Morian continuó:
—El Vacío nació cuando intenté crear un lugar donde pudiera guardar los recuerdos que nadie quería conservar.
Evelyn sintió un escalofrío.
—Creaste el Vacío.
—Sin querer.
—Y luego creaste los espejos para contenerlo.
Morian asintió.
—Pero los espejos necesitaban guardianes.
Miró a Nerissa.
—Y encontré a una niña.
Nerissa bajó la cabeza.
—Me utilizaste.
—Sí.
Evelyn dio un paso hacia él.
—¿Y qué quieres de mí?
Morian sonrió.
—Tú eres diferente.
—¿Por qué?
—Porque cuando eras Elara hiciste algo que nadie había logrado.
Morian levantó el espejo.
Dentro apareció la pequeña Elara.
—Entraste en el corazón del Vacío…
La imagen cambió.
La niña extendía las manos hacia una oscuridad infinita.
—…y en lugar de destruirlo…
Elara abrazó la sombra.
—…la convertiste en una parte de ti.
Evelyn sintió que comprendía por fin la marca de su mano.
—Por eso puedo entrar en los espejos.
—Sí.
—Por eso puedo escuchar las voces.
—Sí.
—Y por eso el Vacío nunca pudo controlarme.
Morian sonrió.
—Exactamente.
Evelyn levantó la barbilla.
—Entonces viniste por mí porque quieres recuperar al Vacío.
—No.
Morian negó lentamente.
—Vine porque quiero recuperar lo que hay dentro de ti.
Adrián apretó los puños.
—No vas a llevártela.
Morian lo miró.
—No necesito llevármela.
El espejo de su mano se quebró.
Y todos los espejos de la mansión comenzaron a romperse al mismo tiempo.
—Solo necesito que ella recuerde la última cosa que olvidó.
Evelyn sintió que el corazón se le aceleraba.
—¿Qué cosa?
Morian sonrió.
—Quién fue el primer hombre que te amó.
Evelyn quedó paralizada.
Una imagen apareció en su mente.
Un niño.
Ella era una niña.
Ambos corrían por el bosque.
El niño le entregaba una pequeña flor blanca.
—Cuando seamos grandes, te encontraré.
La niña sonrió.
—¿Me lo prometes?
El niño asintió.
Entonces la imagen cambió.
El niño creció.
Se convirtió en un hombre.
Evelyn abrió los ojos.
Miró a Adrián.
Pero no era él.
Morian sonrió.
—Ahora lo recuerdas.
Evelyn sintió que una lágrima recorría su rostro.
—No…
Morian levantó el espejo.
—Sí, Elara.
Y pronunció un nombre que hizo que Asterion palideciera:
—Tu primer amor fue mi hijo.
Detrás de Morian apareció una segunda figura.
Un hombre joven.
Y Evelyn reconoció inmediatamente aquellos ojos.




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