Ana observaba desde la distancia aquella cafetería de amplios ventanales, aunque apenas había espacio para unas cuantas mesas, donde trabajaban Sandra y Daniela.
Varios clientes ya habían entrado y salido.
Ella seguía inmóvil.
A veces se daba la vuelta e intentaba marcharse. Otras, compraba algo en un puesto cercano para distraerse. Pero siempre terminaba regresando.
Observo durante demasiado tiempo, tanto que, el sol cálido de la mañana poco a poco comenzó a volverse más intenso y comenzaba a quemarle el cuello.
Finalmente, tras un largo rato, tragó saliva y caminó hacia la entrada, procurando no pensar demasiado.
La cafetería estaba casi vacía, salvo por unas cuantas mesas ocupadas.
El sonido de la campana llamó la atención de las dos chicas.
En cuanto levantaron la vista, sus sonrisas de cortesía comenzaron a desaparecer.
—Chicas... —dijo Ana con una sonrisa nerviosa.
—¿Qué haces aquí? — preguntó Sandra mientras cruzaba los brazos.
—Yo venía a...
—¿A volver a manipularnos? —la interrumpió Sandra.
Daniela permanecía en silencio, sosteniendo una escoba entre las manos. Evitaba mirar directamente a Ana.
—No. Vine a disculparme.
Ninguna respondió.
Ana abrió la boca varias veces antes de encontrar las palabras. —Lo que hice estuvo mal… pero entiendan que lo hice por Emily.
Sandra soltó una risa amarga. —Claro. Otra vez Emily.
—Yo solo quería ayudarla.
—Y para hacerlo decidiste ignorar todo lo que te dijimos.
Ana tragó saliva. —Pensé que funcionaría.
—Sí, ya lo vimos.
El silencio se instaló entre las tres.
Ana sintió cómo el pecho comenzaba a apretársele. —Sandra... creo que podría presentarte a una banda. Ahí podrías tocar sin sentirte fuera de lugar.
Sandra permaneció inmóvil.
Daniela bajó lentamente la mirada.
—Y Daniela... puedo ayudarte con tus tareas. Así tendrías más tiempo para...
—Para ti, ¿No somos más que cosas que puedes comprar? —preguntó Sandra.
—¿Qué? —preguntó sorprendida.
—¿Venias a pedir perdón o a comprarlo?
—No. No quise decir eso. —giró hacia Daniela y dio un paso al frente. —No es eso.
Sandra se interpuso antes de que ella se acercara más.
—Por favor. Yo solo...
—Vete.
Ana intercambió una mirada con Sandra. Después con Daniela. Y sintió un nudo tan fuerte en la garganta que apenas podía respirar.
—Por favor, Ana. Vete —dijo Daniela por primera vez.
Sus ojos se pusieron lagrimosos. —Amigas… —murmuró. Intentó acercarse, pero ellas retrocedieron.
Ana las vio alejarse. Sus piernas finalmente cedieron y cayó de rodillas al piso. Las lágrimas comenzaron a recorrer por sus mejillas. —Perdón... —pronunció apenas.
Daniela suavizó la mirada.
Sandra lo notó. Dio un paso al frente. —No lloraste cuando te dijimos lo que iba a pasar…
Ana intentó limpiarse las lágrimas.
—Y ahora sí.
—Sandra... —murmuró Daniela.
—No seremos parte de otro de tus planes. No otra vez. Por favor, vete.
Ana levantó lentamente la mirada. Observó a Sandra y, detrás de ella, a Daniela. Ambas se agarraban de la mano.
Se levantó despacio. Terminó de secarse las últimas lágrimas. —Lo lamento —murmuró antes de marcharse.
Ambas permanecieron inmóviles hasta que la puerta se cerró. Solo entonces se soltaron las manos.
Sandra se cubrió el rostro y caminó hacia la parte trasera del local.
—¿Estuvo bien lo que hicimos? —preguntó Daniela, siguiéndola.
—Me duele, ¿a ti no?
—Se veía mal. Quizá sí se arrepiente.
Sandra miró a la nada unos instantes. —Quizá. O quizá es parte de un plan, no lo sé. —dijo dándole la espalda.
—Sandra...
—No estoy lista… necesito estar segura —murmuró. Se llevó las mangas a la cara. Luego, suspiró profundamente. —Vamos a trabajar.
Daniela se quedó un rato más antes de salir.
La tarde paso lentamente. Clientes entraban y salían. Cada vez que sonaba la campana de la puerta, ambas levantaban la vista con una sonrisa.
Cuando la campana volvió a sonar. Las dos miraron hacia la entrada.
Su sonrisa volvió a desvanecerse cuando vieron a Emily entrar con la mirada clavada en el suelo.
Una mano sujetaba con fuerza su propio brazo, tratando de que las palabras salieran de su boca.