Los cubiertos chocaban contra los platos. Salvo por eso, no se escuchaba nada más.
Emily masticaba despacio, con la mirada fija en su plato. Enfrente, su padre hacía lo mismo, aunque de vez en cuando levantaba la vista para observarla en silencio.
—Hace tiempo no como comida casera. ¿Y tú? ¿Te gustó?
Ella esperó a tragar el bocado antes de responder. —Tomás cocina mejor.
Él alzó las cejas, sorprendido. —Él... ¿Te cocinó?
—Sí. En Navidad y eso.
—¿Pero tú se lo pediste o por qué lo hizo?
—¿Por qué? Pues si no, los dos habríamos estado solos en Navidad.
El padre dejó caer los hombros. —Lo lamento. Tuve que haber estado aquí contigo. Realmente quería estar aquí, ¿sabes?, pero estuve ocupado.
—¿Más de cinco años?
Él se quedó con las palabras atrapadas en la garganta. —Perdóname. Me gustaría regalarte algo... para compensarlo. Lo que tú quieras.
Emily frunció el ceño y volvió a concentrarse en su plato.
— Emily, disculpa por no haber estado contigo en Navidad, ni en tu graduación, ni en tu cumpleaños... —su voz se fue diluyendo.
Y, así como habían comenzado, regresaron al mismo punto: Emily revolviendo la sopa con el tenedor mientras su padre buscaba las palabras adecuadas.
—Tomás —dijo finalmente. —Te agrada, ¿verdad? Me refiero a que... no lograste hacer que se fuera, como a los otros.
—Es divertido. —respondió ella, seca.
—Y pasaste Navidad con él.
—Año Nuevo, mi cumpleaños… y fuimos a un concierto.
—¿En serio? No me lo esperaba de él. Parece un chico muy tranquilo. —Sonrió — Parece que has hecho muchas cosas.
Emily no correspondió a la sonrisa.
—Parece que Tomás ha estado muy al pendiente de ti. —soltó una carcajada.
Ella dejó caer el tenedor sobre la mesa. —¿Por qué? ¿No puedo por mí misma?
—Bueno... es que... siempre te metes en problemas con los demás.
Emily lo fulminó con la mirada.
—Perdona. Fue un mal chiste. —intentó limpiarse el sudor de la frente. —¿Quieres que te sirva más?
—No me gusta tu comida.
—Supongo que no es la misma que la de él. —Hizo una pausa —¿Te gusta algo más, además de su cocina?
—Me divierte. Es gracioso.
—¿Y?
—Me lleva a sitio ricos.
—Dime más —dejó los cubiertos a un lado y centró toda su atención en Emily.
Ella continuó mirando el plato. —Hace lo que le pido. Me ayudó a limpiar mi cuarto. Huele bien.
—Emily —la interrumpió. —¿Te gusta?
—Me gusta estar con él.
—Me refiero a si sientes algo por él. Románticamente.
Emily permaneció callada durante unos segundos. —Lo besé hace tiempo. —levantó la mirada hacia su padre y frunció el ceño al encontrar una sonrisa en su rostro. —¿A qué viene esa sonrisa?
—Nada. Estoy feliz por mi hija.
—¿Y eso que significa?
— Lo descubrirás si algún día tienes hijos. —Su sonrisa se hizo más evidente — Entonces... ¿son novios?
El rostro de Emily se encendió. —Ya hablé mucho de mí. ¿Te debo responder?
Él se limitó a observar su cara sonrojada antes de devolver la atención a su plato.
Emily tomó una servilleta y se limpió los restos de comida de los labios.
—Me alegra verte. Hace un año no habrías comido conmigo.
—Tenía hambre.
—Por supuesto. —respondió con ironía.
—Pero si Tomás hace algo que te lastime me dices.
La expresión de Emily decayó de inmediato.
—¿Fue por lo que me dijiste hace rato?
Ella no respondió.
—¿Qué fue lo que pasó?
—Me comporte como estúpida. Fue todo.
—¿Y eso significa?
—No importa. Fue merecido.
—¿A qué te refieres?
Emily se levantó de repente. —Ya me voy a dormir. —tomó su plato y se dirigió rápidamente a la cocina. Después, desapareció rumbo a su habitación.
Su padre se quedó sentado a la mesa, sin saber qué hacer para detenerla. Soltó un largo suspiro. —Lo jodí
Solo el sonido de las manecillas del reloj rompía el silencio que se había instalado en la casa.
El padre se acercó a la puerta de la habitación y apoyó el oído contra ella, pero no escuchó nada.
—Emily — pronunció mientras tocaba suavemente la puerta —Oye... si dije algo que no debía, lo siento. Solo quería pasar un buen rato contigo. No quería molestarte.
Esperó unos segundos.
Volvió a apoyar el oído contra la puerta, pero no obtuvo respuesta.
—Yo solo quería. —se apartó y negó con la cabeza, intentando ordenar sus pensamientos. — Me hace feliz escuchar que te llevas bien con Tomás. No pensé que llegarían tan lejos. Me alegra que te diviertas con él y, si te hace feliz, no tengo ningún problema. Pero... piensa en lo que te dije. Quiero saber tu respuesta.
Nuevamente esperó, pero del otro lado no llegó ninguna respuesta.
—Si necesitas algo, puedes venir al cuarto. Descansa.
Después de unos instantes, decidió marcharse.
Dentro de la habitación, Emily se limitó a observar el techo blanco.
Pasaron los minutos y permaneció inmóvil.
Finalmente, se incorporó. Su mirada se encontró con la guitarra, apenas cubierta por una prenda de ropa.
Todavía sentada en la cama, se inclinó hacia ella y la tomó entre sus brazos. Sus dedos recorrieron con suavidad la cuerda rota. Soltó un suspiro profundo. Tomó el celular y comenzó a buscar una nueva cuerda en internet. Estaba a punto de realizar el pedido cuando su dedo quedó suspendido sobre la pantalla.
Durante unos segundos, permaneció así.
Finalmente, dejó caer el celular sobre la cama y se dejó caer de espaldas junto a él.
Mañana... Mañana