—Lo siento —pronunció apenas Emily. Mantenía la mirada baja y luchaba contra su propia boca para sacar las palabras
Los pájaros cantaban a lo lejos y el ruido de los coches comenzaba poco a poco a llenar la calle.
Una pequeña palmada en la espalda le dio algo de valor. —Lo siento —repitió, un poco más alto. Levantó la mirada hacia su padre.
Él le devolvió la mirada sin decir nada.
Emily volvió a bajar la cabeza. —Perdón... por insultarlo. —su voz apenas era un murmullo.
Su padre tomó su mano y la sostuvo con firmeza. —¿Y usted qué opina, señor González?
El hombre suspiró. —Me parece bien, siempre y cuando no vuelvas a tocar tan alto.
—¿Qué respondes, Emily?
Ella se aferró un poco más a la mano de su padre. Seguía luchando contra las palabras. Tras unos segundos, asintió despacio.
Tras una pequeña charla entre los dos hombres, ambos caminaban de regresó a casa.
—¿Y? ¿Cómo te sentiste?
Emily seguía aferrada a su mano. No respondió.
—¿Ya te duele menos la cabeza?
Ella asintió despacio.
—Me alegra.
Caminaron unos pasos más antes de que Emily hablara.
—Mis amigas. —dijo apenas. —Debería hacer lo mismo.
El volteó a verla. La sorpresa en su rostro se transformó rápidamente en una sonrisa. —¿Crees poder hacerlo?
Emily lo pensó durante unos segundos. —No sé... pero debo intentarlo.
El padre compartió una última sonrisa. —Entonces ve cuando estés lista.
Ella se detuvo. Se dio media vuelta y comenzó a caminar.
Su padre volvió a sorprenderse. —No es necesario que sea hoy. —dijo en voz alta.
Emily no se detuvo y continúo caminando.
—¿Qué voy a hacer contigo...? —murmuró con una sonrisa. Solo pudo verla alejarse.
Emily caminó con la mirada clavada en el piso. Las palabras de formaban y se deshacían una y otra vez en su cabeza.
Sus pasos la llevaron hasta la cafetería donde Ana le había contado que Sandra y Daniela trabajaban. Miró por la ventana y vio a ambas limpiando algunas mesas.
Por unos instantes dudó si entrar era realmente buena idea. Jugó con sus manos, veía de un lado a otro y su respiración comenzó a acelerarse. Finalmente tragó saliva y entró.
No pasó mucho antes de que ambas dejaran de sonreír. La expresión amable desapareció lentamente de sus rostros
Emily bajó la mirada de inmediato. Intentó hablar, pero las palabras se quedaron atrapadas en su garganta, entonces, se quedó inmóvil.
Unos pasos comenzaron a acercarse.
El sudor apareció en su frente y no dejó de jugar con sus manos.
Por el rabillo del ojo vio a alguien detenerse frente a ella.
No fue capaz de levantar la vista. Solo pudo apretar los puños. Durante un instante sintió unas ganas insoportables de darse la vuelta y salir corriendo.
—Emily...
No reconoció quién había hablado. Su mirada permanecía fija en el suelo. Dio un paso hacia atrás y chocó con alguien.
—Ten cuidado —dijo una voz detrás de ella.
—Perdón... —respondió apenas. Su respiración se volvió pesada.
El mundo pareció detenerse durante una eternidad. No había ruido, movimientos ni palabras.
De repente, Emily se dio media vuelta y avanzó hacia la salida.
—Espera. —Sandra la sujetó suavemente del brazo.
Emily se sacudió de inmediato.
Sandra la soltó sin oponer resistencia.
Emily dio otro paso hacia la puerta.
—No te vayas sin antes mirarnos.
Ella se quedó inmóvil a pocos pasos de la salida.
—¿A que venías?
Emily guardó silencio.
—Supongo que si viniste hasta aquí es por algo.
Siguió sin responder. Miró la puerta durante un instante. Luego giró apenas la cabeza para ver los pies de Sandra y Daniela a la distancia.
—¿Entonces?
—Yo... —respondió apenas. Dio media vuelta y por un instante sus ojos se cruzaron con los de Daniela. Bajó la mirada de inmediato.
El ventilador era lo único que llenaba el espacio entre ambas.
Emily murmuró algo imposible de entender.
—Es de mala educación no mirar a las personas cuando hablas. —comentó Daniela.
—Emily... —añadió Sandra con suavidad.
Tragó saliva. —Lo siento... —pronunció en un susurró. Cerró los ojos por un momento. Ya lo dije. Ahora que me griten de una vez, pensó.
Ambas chicas intercambiaron una mirada rápida, antes de regresar a Emily.
—¿Quieres sentarte? —preguntó Sandra, luego de unos segundos.
Emily no respondió. Seguía observando el suelo.
—No podemos saber que quieres si no lo dices.
—Quiero... —murmuró. —irme a casa.
—Está bien. Pero primero dinos por qué viniste.
Emily tardó unos segundos en responder. —Porque dije cosas horribles... y ustedes no hicieron nada malo. —sus ojos se pusieron lagrimosos. —Pueden golpearme si quieren.
—¿Por qué dirías algo así? —preguntó Daniela de inmediato. —¿También vienes a dar lástima?
—No —negó con la cabeza. —Pensé que así se sentirían mejor... por las cosas que dije... y por los malos momentos que les hice pasar.
—¿Entonces quieres que seamos las villanas?
Sandra giró hacia Daniela. —Oye...
—No —interrumpió Emily. —Solo pensé que era lo correcto.
—Pues a mí no me gusta. —Daniela apretó los labios.
Emily abrió la boca para responder, pero no salió nada.
No siempre vas a tener a alguien ahí para arreglarlo
Las palabras de Tomás aparecieron en su mente.
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas. —Perdón... pero no sé qué hacer.
Daniela la observó unos segundos. Dudó. —¿Y si no sabes qué hacer... entonces a qué viniste?
—Daniela ya basta, por favor. —Sandra se acercó rápidamente y sostuvo a Emily de las manos. —Vamos a sentarnos, ¿sí?
Emily asintió despacio y se dejó guiar. Mientras avanzaban hacia una mesa, murmuró. —¿Por qué no me odias?
Sandra la miró. —¿Odiarte?
—Sí... por las veces que me burle de tu violín. Daniela si me odia.