Entre acordes rotos

Capítulo 57: Ana

—Ana. —dijo su madre mientras golpeaba la puerta. —Vino una amiga tuya.

—Ya te dije que no quiero ver a nadie. —respondió desde dentro.

La madre suspiró y dejó caer la mano. —Lamento que hayas venido hasta acá para nada. También rechazó al otro chico.

Los oídos de Emily zumbaron. Por un momento se quedó mirando fijamente a la madre de Ana. Luego se acercó a la puerta y tocó suavemente. —Ana... —Tomó la manilla y abrió.

Ana estaba sentada en una esquina del cuarto, cubierta por una sábana.

Emily apenas dio un paso antes de detenerse. Bajó la mirada hacia sus pies y, cuando estaba a punto de retroceder, Ana habló.

—¿Quién te dio permiso de entrar? —preguntó débilmente, todavía cubierta por la sábana.

—Perdón. —retrocedió un paso.

—Emily… ¿Quieres burlarte de mí? Aprovechando que ya entraste.

—No vine a eso.

—¿No? ¿Entonces a qué?

Emily bajó la cabeza. Dudó unos segundos. —Quería saber... por qué hiciste todo esto.

—¿Solo a eso vienes?

Emily asintió.

—¿Si o no? No te puedo ver.

—Sí. —respondió con firmeza.

—¿Y qué importa ahora? Eso no va a cambiar nada. Solo vete.

Emily permaneció junto a la puerta.

—Ana, alguien viene a verte, al menos ten la cortesía de despedirlo de frente. —dijo su madre desde afuera.

—Ya déjame en paz, mamá. Ve a hacer otra cosa y deja de molestar.

—No te eduque de esa forma.

—¿Y eso que importa?

Emily interrumpió. —Me iré, pero solo quiero conocer el por qué lo hiciste

—¿Por qué insistes tanto? Ya te dije que no importa.

—Aun así, quiero saber. No me gustaría quedarme con la duda —miró decidida hacia Ana —¿Por qué hacer todo esto por mí?

La madre de Ana no dijo nada más. Cerró la puerta y las dejó solas.

Ana jugueteaba con una pulsera desgastada entre los dedos. —Quería ayudarte.

—Siempre dices eso, pero no sé qué significa.

Dejó caer los brazos. Tomó aire antes de responder. —Quería verte feliz. Cómo en la primaria… que volvieras a ser tu.

La sábana comenzó a deslizarse de sus hombros.

—Quería saber que paso.

—¿Y por qué no lo preguntaste?

—¿Me habrías respondido?

La sábana terminó de caer. Por primera vez desde que Emily entró, pudieron mirarse directamente.

—Además —añadió Ana. —realmente pensé que te habías acostado con el profesor de física.

—¿Tú también? —preguntó desanimada.

—Es que —respondió rápidamente. —Te quedabas hasta tarde y…

—Eso era porque nadie me despertaba. —rompió el contacto visual y logró observar la vieja pulsera que sostenía Ana entre manos. —Esa pulsera… ¿Yo te la di? —preguntó sin verla.

—Sí —soltó una risa amarga. —No recuerdas, ¿verdad?

—No me gusta pensar mucho en ese tiempo.

—¿Por qué?

Emily tardó en responder. —Porque no quiero... ya no soy esa persona.

Ana levantó la cabeza por un instante. Luego la bajó. Se detuvo un momento para pensar. —¿Sabes lo difícil que fue crear un taller de música en la preparatoria?

—¿Había un taller de música?

Ana soltó otra pequeña carcajada. —Ni siquiera lo notaste... creí que no te unías porque no querías hablar con nadie.

Emily recorrió la habitación con la mirada.

—Pero ya veo que ni siquiera sabías de su existencia.

—¿Para que un taller?

—Para acercarme a ti.

—¿A pesar de que soy una puta?

Ana se quedó callada. —Yo… lamento haberlo pensado, pero es que…

Emily levantó la mano y le hizo un gesto para detenerse.

La habitación se mantuvo en un silencio ininterrumpido. Emily trataba de procesar todo aquello, mientras Ana buscaba las palabras adecuadas.

Una risa breve y amarga escapó de los labios de Ana. —La verdad... ni siquiera sé tocar batería. ¿Crees que las chicas se enojen si les digo eso?

Emily abrió la boca. Pero Ana respondió sola.

—No. Me odiarán más. —nuevamente sonrió y su voz comenzó a hacerse pequeña. — Y ahora que lo digo en voz alta... suena bastante estúpido.

Emily no respondió.

Ana respiró profundamente. —Me dio envidia verte con Tomás.

Emily giró hacia ella.

—Nunca hablas con nadie y de repente pasas los tiempos libres con él. No era justo... —infló ligeramente las mejillas. —Yo hice más que él, pero no logre que hablaras conmigo. —apretó la pulsera entre manos. —Lo vi entrar a tu casa. A veces los veía por la ventana.

—¿Lo acosaste?

—No. Al principio solo preguntaba por él. Después empecé a seguirlo. —se detuvo abruptamente —Sí. Lo acosé.

—Ana… —dijo Emily mirándola a la cara. —Suena horrible.

—Sí. No lo había pensado tanto.

—¿Por qué yo? —preguntó de repente

Ana respiró profundamente. —Porque eres mi amiga.

—No te recordaba.

—Lo sé.

—Entonces, ¿por qué?

Ana bajó la cabeza. —Porque me preocupé por ti. Pero cuando escuché los rumores… yo también decidí dejarte sola. Quería compensarlo.

—Cuando nos conocimos, me emocionó hablar de música contigo… ¿eso también lo tenías ensayado?

Ana levantó la cabeza y miró a los ojos a Emily. —Sí —respondió después de una pausa.

—Ya veo —respondió decepcionada. Dio media vuelta y comenzó a caminar despacio hacia la puerta.

—Lo siento. —pronunció mientras Emily se marchaba.

Al llegar a la puerta, Emily sostuvo la manija y giró apenas la cabeza a Ana. —Me divertí cuando hablábamos de tonterías, era lo único que quería.

—Lo sien…

—Pero —interrumpió —no me gustó que hayas pensado por mí. No soy idiota.

—Lo sé. Perdóname —poco a poco, pequeñas lagrimas comenzaban a brotar de Ana.

Emily no respondió. Negó sutilmente y salió con cuidado de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.




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