Bajo tu custodia

Capítulo 66

Si vuelvo a ti

Ariadna estaba en su departamento, sentada en el suelo con la carta de Dante abierta frente a ella.

La había leído tantas veces que ya casi se la sabía de memoria. Pero esta vez, algo había cambiado.

Ya no sentía solo rabia al leerla.

Sentía una mezcla extraña: dolor, cansancio… y una pequeña, peligrosa esperanza.

Se levantó y caminó hasta la ventana. La ciudad brillaba abajo. En algún lugar de esa misma ciudad, Dante estaba viviendo con su propio dolor. Sin presionarla. Sin aparecer. Sin intentar salvarla.

Por primera vez, se permitió pensar en la posibilidad de volver a él.

No como antes.

No como su secreto. No como su protegida. No como la mujer que él tenía que rescatar.

Sino como su igual.

Se abrazó a sí misma y cerró los ojos.

—Si vuelvo a ti —susurró—, tiene que ser diferente. Tiene que ser desde la libertad. Tiene que ser porque yo elijo, no porque vos decidas por mí.

Se sentó en el sofá y tomó el teléfono.

Abrió la conversación con Dante y escribió:

“No sé si estoy lista para volver. Pero quiero que sepas que estoy pensando en ello. No como antes. Si algún día vuelvo, quiero que sea porque los dos somos mejores. No porque uno salve al otro.”

Envió el mensaje y dejó el teléfono a un lado.

No esperaba respuesta inmediata.

Pero Dante contestó diez minutos después:

“No te pido que vuelvas. Solo quiero que sepas que estoy aquí, trabajando en ser mejor. Si algún día decidís volver, quiero recibirte como merecés: sin secretos, sin control, sin imposiciones. Solo como el hombre que está aprendiendo a amarte bien. Gracias por decírmelo. Te espero. Sin presión. Sin fecha. Solo te espero.”

Ariadna leyó el mensaje varias veces.

Las lágrimas cayeron sobre la pantalla.

No era una promesa grandiosa. No era un “te necesito”. Era solo honestidad.

Y por primera vez, sintió que tal vez, solo tal vez, podían tener una oportunidad real.

No esa noche. No esa semana.

Pero sí algún día.

Se acostó en la cama y abrazó la almohada.

—Si vuelvo a ti —susurró en la oscuridad—, quiero volver entera. No rota. No salvada. Solo yo… eligiendo estar contigo.

Y por primera vez en mucho tiempo, esa idea no le dio miedo.

Le dio esperanza.




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