Bajo tu custodia

Capítulo 73

Lo que haces cuando ya no huyes

Los siguientes días fueron una mezcla de emoción, miedo y mucha ternura.

Dante acompañaba a Ariadna a todas las citas médicas, pero nunca decidía por ella. Preguntaba, escuchaba y respetaba sus opiniones.

Una noche, mientras estaban acostados, Dante apoyó la cabeza suavemente sobre su vientre ya ligeramente redondeado y habló en voz baja:

—Hola, pequeño… o pequeña. Soy papá. Y quiero que sepas que voy a aprender todos los días a no imponerme. Voy a escucharte. Voy a respetarte. Voy a amarte sin intentar controlarte.

Ariadna pasó los dedos por su cabello, con los ojos húmedos.

—Estás siendo diferente —susurró—. Me gusta esta versión de vos.

Hicieron el amor esa noche con una lentitud y una profundidad nueva. Fue un encuentro lleno de susurros, caricias largas y miradas que decían más que las palabras.

Cuando terminaron, Dante la abrazó contra su pecho y besó su sien.

—Gracias por darme esta oportunidad —murmuró—. Gracias por dejarme ser parte de esto.

Ariadna sonrió contra su piel.

—Gracias a vos por no intentar salvarme. Por dejarme elegirte.




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